viernes, 23 de julio de 2010

LA MISMA DE SIEMPRE, UNA CHICA SENCILLA


Todos los ciudadanos conocen a Cristina Fanjul (La Felguera, 1977) y lo que le sucedió hace poco más de nueve años, hechos que no van a reletarse de nuevo. Siempre acompañada de su fiel Cracker (un Labrador Retriever adiestrado para ella), siempre sonriente y dicharachera. Cris, como la llaman sus amigos, es una mujer práctica, valiente, optimista, con mucho carácter que no elude ninguna conversación, por mucho que pueda evocar aquellos sucesos. Sin embargo este es un momento en que interesa la persona, su vida y sus proyectos.

Desde que le ocurrió aquello hay gente que no la saluda y debe de ser porque no saben cómo comportarse ante una situación de esa índole. Les cuesta mirarla a los ojos. Por ejemplo, al padre de una amiga le da cosa, “me ve y no se dirige a mí, y la hija le dice “salúdala que es Cristina, es la de siempre. No te ve, pero...”. Hay gente que sí se pone nerviosa al principio. Luego, poco a poco, va pasándoles. De todas formas es distinto ser ciego de nacimiento -como es el caso de su marido- que volverse ciego ya de mayor, como es el suyo. Ahora, pasado el tiempo, parece ser que la gente se comporta con más naturalidad. Lo que le molesta es cuando llega alguien y dice “¿quien soy?”, y dice “soy ciega, pero no adivina”, o, cuando tiene una visita, y su madre dice “mira quien está aquí, ¿a que no sabes quién ye?”. Evidentemente no lo sabe y pregunta quién es. “Lo que se debe de hacer es llegar y decir “Hola Cris, soy fulanito”, y punto”.

Dice ser feliz, como cualquier otra persona que es feliz. Tiene días bajísimos como los tiene todo el mundo pero ésta es su forma de ser. Tiene menos amigos que cuando le ocurrió aquello. Al principio iban a verla al hospital treinta, cuarenta personas..., y todas el mismo día. Y luego nada, luego fueron desapareciendo y quedaron cuatro. Los del Grupo Reija y cuatro amigos más. Ahora son muy pocos los que la llaman para salir a tomar un café, antes era muy distinto, había un poco de morbo con su situación. El médico en el hospital llegó a decírselo, “hay que bajar a la tierra, porque cuando llegues a casa los primeros días seguirá siendo igual, pero luego te vas a encontrar sola”. Es creyente, pero no practicante. “Toda la vida me educaron con la religión. Cuando estrené el piso mi madre pidió al cura que fuera a bendecirlo y lo hizo. Yo no dije nada, pero me daba igual”. Pero sus circunstancias no influyeron para nada en su concepto acerca de la religión, en eso sigue igual que antes.

Está continuamente pendiente de Cracker, le acaricia, le ajusta la correa…”Yo creo que habla más mi marido con él que yo. Deben de hablar de fútbol. Este lo entiende todo, sobre todo cuando me enfado con él. Cuando le castigo en una esquina ni se mueve, aunque le levante el castigo sigue en sus trece, es muy cabezón”.

Aunque es difícil hacerlo, continúa con sus aficiones. “Gústenme muches coses, pero creo que bailar es con la que más disfruto. El baile regional, el baile de salón...”. También le gusta montar a caballo. Y como puede observarse es optimista, siempre sonríe. “Creo que la vida es maravillosa y merece la pena ser vivida. Aunque te encuentras con todo... gente buena y gente mala pero a éstos últimos hay que dejarlos afuera y seguir”. Un ejemplo para todos.

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