martes, 19 de septiembre de 2017

DE LO QUE VA LA VAINA



En parábola.



Hablando de esas gentes inmigrantes que han venido a Langreo en algunos casos para inquietar a los vecinos y en otros para tirar de la Asistencia Social, sin integrarse en absoluto con la población, no hace mucho hacíamos mención de un grupo de jóvenes indios punjabíes que vinieron a España hace años y, desde hace tres o cuatro, se han instalado en Sama con dos establecimientos hosteleros. En uno de ellos han puesto de encargada a una chica venezolana que, como ellos, tuvo que marcharse de su país para buscar la paz y el trabajo por estos horizontes. Todos ellos están aquí con sus respectivas familias, trabajan, cotizan y se han confundido entre la población langreana como si fueran uno más de entre nosotros. Ayer mismo el abuelo venezolano, hombre educado y tranquilo, preguntaba en nuestra tertulia qué es lo que sucedía en Cataluña. El hombre, preocupado por la situación insostenible de su país, no daba crédito a la asonada que está teniendo lugar en esa comunidad y no acababa de entenderlo. Imagínese usted, le dije, una familia acomodada que, por las razones que fueran, tiene diecisiete hijos entre los cuales hay uno que tiene privilegios especiales pero frecuenta compañías que le empujan a exigir más, en claro perjuicio de sus hermanos. Un día acudió a su padre para pedirle un Ferrari y el patriarca se lo negó aduciendo que el hogar no había viruta para tantos lujos y que sus hermanos también tenían derecho a ciertos excesos, ante lo cual el mozo amenazó con consultar a sus amigos e irse de casa. El padre le dijo que con quien debería de consultar era con sus propios hermanos, pero la advertencia no sirvió de nada y el pavo se embarcó en una frenética y alocada actividad para conseguir el beneplácito de su grupo, pese a  las protestas fraternas y la prohibición paterna que siempre buscó apoyo en las normas familiares. Esta situación se prolongó en el tiempo sin que ninguna de las partes corrigiera sus respectivas posturas hasta llegar a un punto de no retorno. Desconozco lo que pasará a partir de ahora, pero esta es la explicación a lo que usted pregunta. Se lo traduje, y lo entendió con claridad.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿PARA CUÁNDO?



El aplazamiento de lo inaplazable.


De vez en cuando conviene recordar que el Ayuntamiento de Langreo va a destinar 570.000 euros para la adquisición de dos camiones de recogida lateral de basura, algo que ya han anunciado en varias ocasiones en estas páginas, así como también conviene acordarse de esas máquinas limpia aceras de última generación que también tienen pensado adquirir y de las que ya hemos oído hablar hace más de ocho meses, pero que como en el caso de los camiones aún deben de estar en los trenes de montaje. Cuando la inmensa mayoría de los ciudadanos están convencidos, y así lo manifiestan, que nuestros distritos están más sucios que nunca siempre aparecen en los medios noticias como estas en las que nuestros ediles hacen gala de sus buenas voluntades, pero pasa el tiempo y las cosas siguen igual, o aún peor si cabe. De manera que conviene recordarles, sólo a modo de ejemplo, que hace meses anunciaron, y vuelven a hacerlo por este medio, que también tenían destinada una buena cantidad para reparar el Kiosco del Parque Dorado que fue clausurado hace años debido al estado de su techumbre que sigue amenazando con desplomarse. Conviene recordarles que los aseos del dicho parque permanecen cerrados por falta de sanitarios en claro perjuicio de todos los usuarios, sobre todo los de la tercera edad que tienen que desahogarse al pie de algún árbol cercano. Conviene recordarles que ninguno de los tres estanques tiene agua. También conviene decirles que, al poco de tomar posesión de su mandato, anunciaron la creación de brigadas de operarios municipales que se ocuparían de pequeñas reparaciones (baldosas sueltas, farolas sucias y sin luz, etc., etc.). Y para qué hablar del estado de los cementerios. Sin embargo da toda impresión de que, cuando en realidad hacen muy poco por la conservación y mantenimiento de nuestros pueblos y ciudades, salen en los medios públicos para exhibir tipo y prometer actuaciones sin decir para cuándo y, como venimos observando, con la boca pequeña. Mientras tanto Langreo se nos cae por todos los costados.  


martes, 12 de septiembre de 2017

LA DIADA



Sobre el número de manifestantes.



Dicen que en las tierras de Arizona, o por ahí p’allá, hace muchos, muchos años, o más, un soldado de un fuerte cualquiera se acercó corriendo al puesto de mando gritando desaforado “Mi capitán, que vienen los indios”, y éste, sereno como eran los capitanes de entonces preguntó, “¿cómo cuántos son, soldado Smith?”, “como mil uno”, repuso el interpelado. “¿Cómo sabe eso?”, “Porque viene uno delante y como mil detrás”, repuso el avispado escopetero.
Esto mismo es lo que sucede en la actualidad cuando se trata de valorar el número de asistentes a una manifestación cualquiera, que los convocantes la cifran en muchos mil y los otros, ante quien se manifiestan, en menos mil. Ocurre siempre sin que, al final, lleguemos a saber a ciencia cierta cuántos eran. Con motivo de La Diada de Cataluña celebrada el pasado día 11, el Gobern de la Generalitat dijo que había un millón de asistentes, mientras que el Delegado del Gobierno rebajó la cifra a trescientos cincuenta mil. Lo cierto es que, aunque la real sea una media aritmética entre ambas cantidades, había mucha gente pero, según casi todas las fuentes, bastante menos que en años precedentes, lo que al resto de España le importa un carajo. O diez. Lo que nos importa a los españoles es que después de 2010, cuando aquello del Estatut y tal, el evento quedó desvirtuado pasando de ser la conmemoración de la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión Española en 1714, a convertirse en un acto genérico de reivindicación independentista y, este año, del “Sí” al eventual referéndum convocado ilegalmente para el próximo primero de octubre. Años atrás se veían banderas catalanas y ahora tan sólo de ven esteladas, lo que no significa de que todos y cada uno de los participantes estén celebrando lo mismo. Dicho lo cual, y volviendo a lo del recuento, créanme que entran más personas en menos espacio en el día grande del Carbayu o en el escancie de sidra de la Playa de San Lorenzo. Y no nos damos tanto pisto. 

lunes, 28 de agosto de 2017

RÍO NALÓN



Y su entorno.



Van años que la sufrida ciudadanía langreana viene reclamando una limpieza a fondo de nuestro río y sus riberas, tantos como los que llevan las autoridades del ramo sin hacer puñetero caso de las reclamaciones del pueblo. Esa confusión existente desde siempre sobre lo que son los bienes demaniales de titularidad municipal o de la Confederación Hidrográfica, en cualquier caso de titularidad pública, ha originado que ante esa duda de si es mío o tuyo la casa esté sin barrer y hecha un verdadero asco. El Nalón no trae el caudal mínimo comprometido por las autoridades de ambas instituciones por lo que acumula suciedad y proliferación de algas, consecuencia de la escasez y falta de oxigenación de sus aguas, y lo que es un dolor es el estado de abandono de sus riberas con matorrales y plantas invasivas a ambos lados, árboles que han crecido de forma espontánea a lo largo de los años y han quedado sin podar, y, lo que aún es peor, zonas que se han convertido en vertederos donde las ratas campan a sus anchas merced al estado de abandono en primer lugar y a la falta de civismo de algunos en segundo.
Esta pasada semana los servicios municipales de limpieza han desbrozado las praderías que circundan  el paseo peatonal a Lada y, en estos trabajos, hemos observado como los operarios han obviado meterse más allá de la separación de madera que delimita río y camino. Por cierto, nos preguntamos a quién pertenecen esas estaqueras, ¿al Ayuntamiento o a la Confederación?, porque la triste realidad es que donde nos las hay -porque se han llevado las maderas- el estado de las que permanecen es penoso. Podridas o tumbadas. Todo ello sin hacer mención específica del estado de los dos puentes que salvan la vía de Renfe y el atirantado que se estrella con el Polideportivo con tablones sueltos y arrancada la conducción eléctrica que es otro cantar. Falta de iluminación, de papeleras y, en definitiva, la más completa ausencia de cuidados y mantenimiento.

EL BÉNDIX Y EL ARREGLO DE LA MOTO



¿Por qué a mí?



Tuvieron que verme la cara, no hay duda, y debo de tenerla de gilipollas o algo así. Debe de ser por eso de escribir en el periódico que la gente te cuenta cosas con la inconfesada intención de que hagas la función de vocero de sus problemas y sus males. Te preguntan por tu padre y sin dejarte abrir la boca empiezan a contarte milongas con pelos y señales, algo que en la mayoría de los casos te importa un carajo. De manera que, casi siempre, sin prestar la más mínima atención a lo que hablan estás pensando para tus adentros de dónde habrá salido este satélite y si tendrá para mucho tiempo. En fin, que debo de tener todo el aspecto de un libre oyente cualquiera.
Resulta que el otro día estaba con Duke en una terraza en nuestro ensimismamiento echando uno de los últimos pitinos que nos queden y se sienta a nuestro lado un pavo a hacer lo propio. Al cabo de dos minutos se dirige a nosotros  y dice “parez que anuncien mal tiempu pa esta semana, díjolo la TPA. Y a mí quédame por recoger tovía la yerba de dos praos”. Yo que, como les dije, estoy acostumbrado a estas cosas y a que no me dejen ni pensar, le repondí con un lacónico “ya” (te vale, pensé), y el tío siguió con su historia, “menos mal que tengo buenos vecinos que me ayuden cuando lo necesito. Bueno, ye lo mismo que hago siempre con ellos. El otru día… ¿conoces a Manolo el de Trapa? Ni idea, contesto. “Joder, el suegru de Juanín que tuvo un bar en Les Pieces y traspasóilu a un rapaz de Tuilla que ye íntimu amigu de Luisinacio… ¡Tienes que conocelu!”. Sí, hó, a esi conózcolu bien, ¿y qué?, le digo. “Pues a Manolo averioséi la moto cerca de mi casa y taba peleáu con ella, cuando llegué de trabayar. Miré la moto y en diez minutos taba arreglá. ¿a qué no sabes qué era?” Negué con la cabeza y seguro que con cara pijo. “El bendix. Conecteí un cable que taba sueltu y asuntu solucionáu”. ¡Ya!, dije. Y el pavo se marchó sin decir adiós, convencido de que había hecho el discurso del año. Lo dicho, que me vió la cara. Y quedé esperando al siguiente.