miércoles, 28 de junio de 2017

VUELTA A LAS ANDADAS



El nuevo PSOE.



No es el nuevo Secretario General del Partido Socialista, no. Es el de antes, el mismo. Si acaso aún más empecinado en las estrategias que ocasionaron su dimisión en octubre del año pasado. Pero ahora se ha rodeado de los suyos en la Ejecutiva y en el Comité Federal, y en esta ocasión el Comité no podrá echar atrás sus proyectos. Con el apoyo mayoritario del Congreso Federal de hace dos fines de semana, regresa con los mismos planteamientos de desalojar a los populares del Gobierno para lo que vuelve a proponer el pacto a tres bandas con Podemos y C,s., algo que se nos antoja irrealizable, en esta ocasión merced a la negativa de los de Albert Rivera. Pedro Sánchez renunció a su acta de diputado y, por tanto, entendemos que no puede ser considerado como Jefe de la Oposición, de ahí que no sea de extrañar que Rajoy aún no le haya llamado para mantener la entrevista solicitada, máxime cuando también ha vuelto a las andadas hablando de “indecencia”, aunque en esta ocasión no se lo haya dicho a la cara. Algo similar ocurre con Ciudadanos a quienes tilda de ser el bastón del gobierno.
Persiste en sus viejas pretensiones de trazar rayas rojas que impidan acuerdos con otros grupos y, sin embargo, está ansioso por obtenerlos porque está obsesionado con ocupar el Palacio de La Moncloa. Y Rivera se lo ha dicho, “vuelve a ser usted el de 2016”. Si tenemos en cuenta que es más que improbable que él mismo patrocine una nueva moción de censura, es lógico también pensar que deberá de esperar a que se convoquen nuevas elecciones y, mientras tanto, continúe con la recomposición de su partido que, aunque lo parezca, aún no lo está. Muchos varones sí han sido desalojados de los privilegios que siempre han tenido y seguro que no permanecerán quietos ante una más que posible podemización del partido, que sigue dividido también como antes. ¡Vaya sin pausa, señor Sánchez. Pero también sin prisas! 

lunes, 26 de junio de 2017

GUARDAR LA ROPA

A uno le van cayendo años encima y esto de la memoria le trae a mal traer. El caso es que en estas últimas fiestas me fui unos días con mi mujer al sur a disfrutar un poco del sol, dado que por estos lugares se prodiga escasamente. Llamé a un amigo que reside allí para vernos y tomar un café, mientras mi esposa se iba a la playa. Quedamos en un bar del centro al que llegué cinco minutos antes de la cita. Pedí mi consumición y esperé. Habían pasado quince minutos, mi amigo aún no había llegado y, como conocía su puntualidad habitual, tiré de móvil y le llamé. Efectivamente me había confundido de lugar y el caso es que aquel sitio al que había ido por error me trajo a la memoria un viejo recuerdo. Nada más llegar al lugar correcto donde me esperaba, tras el abrazo y las disculpas de rigor, le conté la anécdota.

De aquello habían pasado más de dos décadas, Duke no había nacido. Era yo un pimpollo de poco más de veinte años, recién casado, que había recalado allí en viaje de novios. Una mañana, mi mujer decidió que, visto el calor reinante, tenía que cortarse el pelo, así es que se tomó la mañana para ello. Date un paseo o vete a la playa, nos vemos en el Bar “X” a la hora de comer, me dijo. Provisto tan solo del bañador y un libro la acompañé hasta la pelu y, sin muchas ganas de bajar a la playa, comencé a caminar distraídamente por el paseo marítimo echando un vistazo de vez en cuando al arenal cuando, en uno de ellos, veo a una chica que me hace señas ostensibles desde su hamaca. Bajé a la playa. Era una amiga de Langreo que pasaba allí sus vacaciones en compañía de su novio, pero él había ido al banco y a la agencia de viajes a hacer unas gestiones y habían quedado en un bar cercano. Le expliqué lo del pelo de mi costilla y que no sabía lo que hacer hasta que ella saliese de la peluquería. Ya veo que traes bañador, póntelo y quédate conmigo, me ofreció con una sonrisa. Sin dar importancia a lo que nadie pudiera pensar o decir, ya que estábamos lejos y nada malo hacíamos, le pedí una toalla para cambiarme y me puse el traje de baño, uno de aquellos que parecía una estampa floreá. Debí de ruborizarme al encontrarme con los calzoncillos en la mano sin saber dónde meterlos, cuando acudió en mi ayuda y me los pidió de forma displicente. Yo te los guardo, y los metió bien doblados en su bolsa de playa. Allí estuvimos charlando un largo rato hasta que llegó para los dos la hora en que habíamos quedado con nuestras respectivas parejas. Nos vestimos y nos fuimos juntos.

Resultó una coincidencia que ambos hubiéramos quedado en el mismo bar. Allí nos esperaban y, tras las presentaciones, charlamos animadamente y tomamos unas cañas de manera que terminamos comiendo allí. A mitad de comida me excuso y voy al servicio. Cuando me dispongo al “descargue” me percato de que aún llevo el bañador puesto y que los calzones están en el bolso de mi amiga. El corazón empieza a golpearme el pecho con fuerza. ¿Qué hago ahora?, ¿cómo se los pido delante de mi mujer y de su novio?, ¡vaya marrón! Salgo del servicio rojo como un tomate y me encuentro con mi amiga que, sonriente, me da los calzoncillos envueltos en un papel.

“Viniendo para aquí me acordé. Era el bar en el que estuve esperándote hasta ahora”, le dije a mi amigo. El libro era de autoayuda: “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”.

DE VUELTA AL ARMARIO

No logro salir de mi asombro. El reino de los cielos cada vez está más restringido. Entrar en él ya se está poniendo más difícil que encontrar aparcamiento en Sama o La Felguera un día de mercado. Debe de estar ya petado, con overbooking, y en consecuencia San Pedro sólo deja pasar a quienes lleven recomendación vaticana o dispensa papal. Ya lo tienen vedado casi todos los socialistas, y ahora también lo tienen prohibido los homosexuales y transexuales. Al menos, si no he entendido mal, eso ha dicho recientemente Su Eminencia el Cardenal mejicano Javier Lozano Barragán, (ahora siéntense y tómenlo con paciencia) Presidente Emérito del Consejo Pontificio para los Operadores Sanitarios del Vaticano (¿cómo les ha quedado el cuerpo?). Pues bien, el mitrado ha especificado que quienes tengan esa orientación sexual nunca entrarán en el Reino de los Cielos. Díjolo San Pablo, concluyó. Y se quedó tan “pancho”. También dijo Jesucristo aquello de “amaros los unos a los otros” y, que yo sepa, no se refirió a “las otras”. A no ser que Pablo de Tarso venga ahora para decirme lo contrario. Porque, vamos a ver, ¿quién mandaba más El Mesías o el ex perseguidor de cristianos? Siempre oí decir que donde hay patrón no manda marinero.

Y no logro salir de mi asombro porque ya no sé si escucho más barbaridades de los representantes de la política -de casi todos- que de los de la Iglesia. Los primeros ya ni nos dejan fumar y los últimos no quieren que nos incineremos. Los unos cada vez nos proponen más inventos para solucionar este desastre, pese a lo que diga su nuevo best-seller que es La Ley de Economía Sostenible, y los otros…, bueno, los otros ya no tienen más best-seller después de los Evangelios, así es que, cada poco, sacan un remake para estar al día y tener sometida a la tropa. Pues va a ser que, después de esta sentencia cardenalicia, volverán a llenarse los armarios. Cuanto menos tendrán que volver a entrar en ellos todos los que no quieran arder en el fuego eterno. ¡Y eso quema! El gran problema es que, además de en el cielo, también hay overbooking en los armarios y, por tanto, pronto lo habrá en el infierno. Así es que nuestra recomendación para gays, socialistas, transexuales y lesbianas (con mis respetos para todos ellos) es que se hagan cardenales o cardenalas. Es una forma de obtener la bula celestial sin tener que andar abriendo y cerrando puertas de armarios, cielos e infiernos.

Yo no se lo que dirá de esto mi admirado obispo auxiliar de Oviedo, Don Raúl Berzosa. Seguro que, al igual que respondió a nuestra columna de 7 de noviembre “Quemar después de quemar”, dirá que en estas cuestiones no se puede andar con bromas o con chistes fáciles. Para humildes columnistas como Duke y quien suscribe estas páginas son nuestro púlpito, y los temas de que hablamos son tan serios que no se nos ocurre bromear con ellos. Me refiero a los temas de la orientación sexual que cada uno haya elegido o cómo queremos ser sepeliados, porque en eso estriba el libre albedrío con el que todos nacemos. Sin embargo, sí nos parece una broma de pésimo gusto que los purpurados se entrometan de forma continua y persistente en cuestiones políticas, sociológicas o sexológicas, como en este caso. Hablando de la resurrección de los trasplantados, que me digan que “El cuerpo resucitado, tanto del donante como del receptor, serán cuerpos transfigurados o espiritualizados como el de Jesucristo (sic)” me produce hilaridad. O eres cuerpo, o eres espíritu. Las dos cosas a un tiempo son como la suma de peras y manzanas de Ana Botella. Pero no nos hagan mucho caso porque, al fin y al cabo, ésta no es más que nuestra humilde y profana opinión.

A propósito, ¿alguno de ustedes sabe si en el cielo se puede fumar? Porque al paso que vamos solo podremos hacerlo en el Averno. De todas formas no está mal, allí solo tendremos que poner el tabaco.

COPIRRÍ

Hoy en día se vende todo, sea lo que sea y venga de donde venga. Las cosas mas insospechadas adquieren valores estratosféricos cuando se trata de algo que ha sido propiedad de un personaje importante o que ha estado en algún lugar determinado en momentos históricos. Es el caso del célebre Muro de Berlín: el 9 de noviembre de 1989, los berlineses llevaron a cabo la destrucción del muro, que separó a Alemania en dos, con todos los medios que tenían a su disposición animados por el virtuoso violonchelista, íntimo de nuestra Reina Doña Sofía, Mstislav Rostropovitch que había tenido que exilarse al Oeste. Los escombros resultantes de la demolición fueron guardados como reliquias y, en muchos casos, vendidos o subastados como si de obras de arte se tratara. Vemos alguna de aquellas piedras y, al carecer del sello de “denominación de origen”, no podemos menos que pensar que bien podrían proceder del antiguo Carlos Tartiere o de la casa de mi abuela. Otro tanto ocurre con la parisina Torre Eiffel: Hace unos años se remodeló uno de sus tramos con el objeto de instalar los elevadores, y de tal desguace quedó un trozo de unos tres metros de longitud que, esta semana, fue subastado y alcanzó un valor, creo recordar, de veinte mil euros. Tampoco llevaba denominación de origen por lo que bien podría proceder de los Talleres del Conde. Mucho mas alto fue el precio alcanzado por cinco vigas de madera de la Alhambra, desaparecidas hace decenas de años. Lo mismo ocurre con los efectos personales. Hemos sabido que un baúl rescatado del hundimiento del Titanic fue subastado en Cristie's en mas de doscientas mil libras. Su británica propietaria, única superviviente aún viva del naufragio, necesitada de dinero, esperaba obtener unas diez mil. ¡Menudo pelotazo!. Con estos antecedentes Duke se pregunta cuánto podría valer hoy el condón utilizado por Idi Amín Dadá, el pelo extraviado de Yul Brynner o el primer diente de leche de Rin-Tin-Tín.

Esto ocurre con objetos que deberán de haber pasado por un laborioso proceso de autenticación para asegurarse de la originalidad de su procedencia, pero pasa exactamente igual con las obras de arte (cuadros, esculturas, obras literarias). Actualmente los llamados “Derechos de Autor” (Copyright) suponen una protección hasta el “Mas allá” de los derechos patrimoniales y morales de aquéllos que han dejado alguna obra artística, o algún bodrio, en muchos casos. Efectivamente, hasta que no se alcancen los setenta años después del fallecimiento del autor, sus herederos y caushabientes siguen “chupando del bote” y de parte de las percepciones dinerarias que produce la venta de la obra en cuestión. Hay obras con Copyright, representado por una “C” inscrita dentro de un círculo, verdaderas obras de arte, y las hay con Copirrí, representado de idéntica forma, que son auténticas “cacas” (es una “C” ambivalente) y, aún así, la gente las valora y, por supuesto, las compra.

Como dice mi musa, hay gente “pa to”. Los que leen los diarios deportivos habrán observado que en las páginas de alguno de ellos figura la publicidad de la “Sandwichera oficial” (copirrí) de los dos equipos de futbol madrileños. Coleccionando unos cuantos cupones y por un módico precio (¿?) puedes comerte un sabroso sandwich del Real o del Atlético de Madrid. Da igual lo que lleve dentro, lo importante es el “escudo”. Y es que esto del Merchandising es la hostia: El reloj oficial del Real Madrid, la toalla oficial del Barcelona, la gorra oficial del Valencia..., y la música en Pravia. Como decía al principio todo se compra y se vende, y mejor si tiene “copirrí”.Tengo un amigo comerciante a quien le ha quedado en almacén una partida considerable de bragas, de las de cuello alto, y me dice que, como ahora lo que se lleva es el tanga, no ve manera de buscarles salida en el mercado. En aplicación de mis escasos conocimientos de Marketing avanzado, le he sugerido que les serigrafíe un símbolo acuático y las anuncie como la braga oficial del equipo nacional de natación sincronizada, por ejemplo. Como diría el ínclito ex-presidente: “Está trabajando en ello”.

El Culo de Silveira sí tiene Copyright, amigo Montoto, al igual que lo tiene el Culo Monumentabilis de Úr-culo. Sin embargo hay muchísimos otros que no merecen el oficial calificativo, como muy acertadamente opinas. Felicidades por ello. Y con todo esto mi amigo me pregunta: ¿lo mío qué es, pedigrí o copirrí?. - Lo tuyo es “muy grave” Duke, ¿a quién se le ocurre esta columna, sino a tí?.


Marcelino M. González

BURRO GRANDE

Un equipo de investigadores coreanos se ha dedicado a medir la pilila a más de un centenar de coreanitos y han descubierto que su longitud es inversamente proporcional a la relación entre las longitudes de los dedos índice y anular. Esto es, si el dedo índice es más largo, el sujeto la tendrá más pequeña y si es el anular el de mayor longitud, que se preparen las coreanitas. No se si me entienden. Ellos dividen los centímetros del índice entre los del anular y al resultado le llaman ratio. Cuanto menor es la ratio, mayor es el instrumento. El estudio, publicado en una revista andrológica (¿qué diablos querrá de decir eso?), no dice si eso también vale para los occidentales y especialmente para los asturianos, que son los que nos interesan. Por lo pronto, desde que la noticia se ha publicado en un breve de LA NUEVA ESPAÑA, unos andan por ahí exhibiendo sus alianzas y otros con las manos en los bolsillos y el puño cerrado, mientras las féminas ya no miran la entrepierna de los varones, sino sus manos. Es más fácil y más seguro. A ver que ye lo que haces tú marcando paquete si en el deu del anillo no te entra ni una arandela, que parez que solo tienes uña, tío. Vas tener que hacer un alargamientu de deu, al menos pa dar el pegu.

Esto de los tamaños ye la pera. Burro grande, ande o no ande, diz el refraneru. Pues ahora eso ya no vale. La mayoría de les coses grandes pa lo único que sirven ye pa estorbar. No creo yo que hayas visto alguna vez a un corredor de futing con un radiocassette al hombro corriendo por Los Llerones, que va. Antes no podíen correr y oir música a la vez, sin embargo ahora tol mundo lleva un aparatín de esos que se mete en una oreya, corren tranquilos y de pasu entérense de les noticias, escuchen el últimu hitparade o hablen por teléfono con la mandakari, que aprovecha pa encargái los recáos o echái la bronca por dejar la cama sin hacer. Y ye que lo que se lleva ahora son les coses piquiñines, cuanto más pequeñes mejor. Lo que pasa ye que no tás acostumbráu. Por ejemplo, la última vez que saliste a comer fuera pusiéronte una ración de costilles de la virgen y comístelo to, porque yes un fartón. Si fueses un poco más finu y educáu iríes a uno de esos restaurantes que te ponen un platu como el tapacubos de una rueda, y dentro d’él una gamba, una almeja y una flor, bañáos con un chorrín de salsa de perejil pa adornar. Eso ye una ratio, como la de los coreanos, no una ración a lo bestia como les que tú comes. Animal.

Tú haces como los coreanos, divides el pesu de la comida por el del platu en el que te la ponen y cuánto más pequeña sea la ratio mejor ye el restaurante. Seguro que hasta tién tres o cuatro estrelles michelín. Tú hazme casu a mí. Que después llegues pa casa y tienes que freir un güevu, dos chorizos y un balagar de patates… Pues háceslo, pero que vean que tienes clase y yes frugal. Y ya está bien de enseñar tanto eses manos, que pareces una modelo de L’Oreal.