lunes, 28 de septiembre de 2015

PRUEBAS DE ESFUERZO



El caso Wolkswagen



Con lo serios y formales que parecían estos teutones y resulta que estaban engañando al mundo entero. Claro que no nos referimos a todos ellos, o sí. Pero es que lo de estos señores de la primera marca de vehículos clama al cielo. Once millones de coches diésel fabricados intencionadamente con un trucaje en su software que enmascara la emisión de gases contaminantes produciendo un resultado por debajo de los límites legales cuando son sometidos a inspecciones técnicas. Esto es que a través de su GPS el buga detecta que le están sometiendo a un examen y, automáticamente, se sitúa en condiciones de superarlo, sin embargo en condiciones normales de circulación el coche contamina la de su madre. Cinco veces más de lo permitido. O diez, vete tú a saber, porque ya puestos, donde va el asa que vaya el calderu. Esto es lo mismo que si a usted le da un infarto de los gordos y tras unos días en la UCI, otros en planta, un triple bypass y un tratamiento concienzudo, le someten a una prueba de esfuerzo para comprobar el estado de la patata y proceder al alta hospitalaria. Y para esa prueba le sientan cómodamente en un sofá. Nada de caminar por esa cinta que, a veces, se dispara y nos agota. Como resulta evidente el cardíaco pasa la prueba y para casa. Al mercado a seguir contaminando lo que no está escrito.
El caso es que este asunto de tantísima gravedad descubierto por los americanos en los coches Wolkswagen pone en solfa a todos los fabricantes de diésel en el mundo. La prueba la hemos tenido en sus cotizaciones en bolsa después del martes pasado en que se descubrió el tomate. Y aunque, en un principio, se dijo que el asunto sólo afectaba a los autos enviados al otro continente, no se tardó en descubrir -como resulta palmario- que la pequeña trampa en el programa de limpieza y depuración de emisiones contaminantes estaba ya en la línea de fabricación. En todos, porque resulta evidente que esas líneas no van a discriminar si un coche va a ser destinado para su venta en Ohío, Miami, París o Tarragona. Resultaría poco menos que imposible. Al final, como ha dicho el ya dimitido presidente de la marca reconociendo el fraude, la han cagado como Rajoy con los “Catañoles”. Así que ahora tienen que ir preparando la viruta para pagar multas, indemnizaciones y todo lo que venga detrás.

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