sábado, 16 de abril de 2011

TRIBULACIONES DE UN CHINO...


Que los chinos -y las chinas- están invirtiendo en nuestro país es cierto. Con toda seguridad, vamos. Ya hace unos años en Fuenlabrada, al ladito de la capital como quien dice, se creó el mayor centro comercial asiático de la Unión Europea. Un Chinatown a lo bestia. El polígono industrial Cobo Calleja ya disponía en 2006 de más de dos millones de metros cuadrados repartidos en tres centenares de empresas chinas de distribución comercial agolpadas desordenadamente y donde se vende de todo. Créannos, cuando decimos de todo, queremos decir que allí se trafica con lo imaginable e imaginable. Tienen hasta chopitos, ajo, perejil y chorizos a la sidra. Y si no lo tienen se lo hacen en un periquete. El otro día en un programa de la tele de estos de Tordillenenses por el Mundo, hablaban de un profesional en Hong Kong que hacía doscientos trajes diarios. Como lo oyen. Tú vas a las diez de la mañana, elijes entre dos o tres mil telas que te ponen delante, te toman las medidas, pintan y cortan como descosidos, luego lo cosen y antes de que te haya dado tiempo a tomarte el té de las o’clock y sin necesidad de prueba, ya tienes el traje para ir a la ópera, a las carreras o de ligue. Niquelao. Así que no es de extrañar que estos emergentes sean en la actualidad la segunda economía del mundo. Pronto serán la primera y a ver quién les tose. Para que después alguien nos diga que nos han engañado como a chinos. Riéte tú de los de los ojos al biés.

Pues resulta que nuestro Presidente en funciones -decimos en funciones porque el que ahora manda es el de barba- consciente de la pujanza de esos a los que antes llamaban amarillos, después rojos y ahora emergentes, o lo que pinte, se ha ido hasta allá, como Güilifog, en busca de tela, marinera en esta ocasión. Y a la primera de cambio ha dicho que los orientales invertirán en las cajas de nuestro país nueve mil millones de mortadelos a través de “China Investment Corporation (CIC)”, primer fondo de inversión del gigante. Emocionado, el premier español afirmó (sin ponerse colorado) que España es un poderoso trasatlántico que seguirá navegando, pese a las dificultades. Pero el caso es que poco después el Fondo de Inversión chino dijo que lo manifestado por el Gobierno español no está en consonancia con la verdad, que sí invertirá en nuestro país, pero sin especificar cuánto, ni cómo, ni siquiera el adverbio de lugar. Y, ayer jueves, el gobierno español ha tenido que reconocer su error. Claro, es que el idioma este no hay cristiano que lo entienda. Los de Valladolid y León hablamos más claro, debió de pensar el Presidente. A ver ahora cómo explico yo lo del barco cuando llegue a Madrid, se diría para sus mismos adentros.

Y es que para un país de apoltronados lo mejor son las poltronas. Los sillones. Eso es lo que los chinos han querido decir que nos darían. Nueve mil sillones. Para ministros y ex, para diputados nacionales, regionales y ex, para concejales y ex. Y, por supuesto, para las “exas” también. ¡Qué tropa!

Imágenes de Googgle

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