viernes, 10 de julio de 2015

UN MERECECIDO GALARDÓN



Un Langreano de Honor



Siempre pensó que Langreo necesita de gentes que divulguen sus costumbres, su historia y su cultura, que es importante que se den a conocer a esas gentes que trabajan por el municipio y algo diría a esos jubilados jóvenes, como tantos que hay aquí con sus necesidades cubiertas, “que dejen de pasearse por el parque, que hay muchas cosas que hacer y muchas personas a las que ayudar”. Él es el primero en hacer lo que predica y en justo reconocimiento al incuestionable hecho este año ha sido distinguido como LANGREANO DE HONOR por la Sociedad de Festejos del Carbayu y el Ayuntamiento de Langreo. Es Florentino Martínez Roces,  cabeza visible y uno de los fundadores de la Asociación Langreanos en el Mundo, joven de espíritu, lleno de fuerza y proyectos, impetuoso, febril y vehemente.  El punto de referencia de la emigración langreana y, como tal, conocedor de los de aquí y de los de afuera. Estoy seguro de que cuando le llamaron para comunicarle la distinción se le cayó más de una lágrima porque, en el fondo, para él no existe mayor reconocimiento que éste. Es langreano hasta lo más recóndito de sus entrañas y ejerce como tal donde quiera que esté.
A Florentino, residente en Torremolinos, sus obligaciones para con Langreo le traen a menudo a sus raíces. Nació en el 34, poco antes de que estallara la Revolución y sus primeros recuerdos a ello se refieren. Recuerda los bombardeos y cuando iban corriendo hacia los túneles para resguardarse. También el Colegio de las Monjas de Sama, donde empezó a la escuela; la Salle de Ciaño y El Frailín, donde con dieciocho años se hizo Profesor Mercantil. Bien joven, tras la muerte de su padre, empezó a trabajar como pinche en Carbones Asturianos donde tuvo dos accidentes, uno de los cuales estaría a punto de costarle la vida. Cuando viene se asoma al pequeño ventanal de la Torre de la Quintana y desde la “Cortejera” contempla, añorante, el lugar donde trabajó tantos años de su juventud y se siente rejuvenecer. Allí coincidió con Dimás Quirós, fallecido recientemente. “Dimas Quirós es para mí una persona entrañable por muchas razones. Nos criamos y trabajamos juntos y siempre mantuvimos nuestra amistad. ¿Qué te voy a decir de él?, es un conversador nato, tiene una memoria de elefante. Es un hombre con el que coincido en muchas ideas y que, además, admiro. Se que sois muy amigos porque hace tiempo, cuando yo no te conocía, me hablaba mucho de ti”, me dijo en aquella ocasión, ya hace más de seis años.
Langreano de Honor y Embajador voluntario de su pueblo, considero a Florentino justo merecedor de ese nombramiento que, junto al de los que le precedieron, quedará esculpido de forma imborrable para la posteridad al lado de nuestra Patrona, la Virgen del Carbayu. ¡Felicidades, amigo!
                             

jueves, 9 de julio de 2015

AL LÍMITE



Los resultas de una aalítica
Mi amigo Hermógenes, de caminar tan contentu

Es que a Duke se le ocurren unas ideas que, a veces, hace que tenga que dar explicaciones por la calle a muchos de nuestros lectores. ¿Qué tal la orina?, me preguntan en esta ocasión. ¿Y el Marqués de Cáceres del 78?, insisten con cierto recochineo. Por aquello de “La pata negra”. Pues nada, pa que no preguntéis más, voy contávoslo hoy. Fui al galeno medio acojonáu, y con las mosca tras la oreja,  a por el resultáo de la analítica y esto fue lo que pasó: Buenos días, doctora. A ver qué ye lo que tengo. O lo que no tengo. Buenos días, dice ella. Y se pone a mirar la pantalla del ordenador con media sonrisa en los labios. Y yo tóu preocupáu, pensando que iba a mandame al especialista del bandullu o de la patata, porque siempre que voy a vela salgo de allí con un papel de petición médica pa alguna cosa rara. “A ver, a ver… pues los colesteroles están al límite, pero bien. Los triglicéridos un poco altos…, y tal”, me dice repasando todos y cada uno de los valores que habían encontrado los del laboratorio en la sangre y el pis del otru día. Taba casi to al límite de lo normal y, como consecuencia, también de lo anormal. Bueno, dije, después de to no toy tan mal, ¿eh, doctora? Fue en esi momento cuando empezó el martirio. “Vamos a ver: ¿fumas?, ¿cuánto?; ¿bebes?, ¿cuánto?; ¿caminas?, ¿cuántos kilómetros al día?; ¿comes poco y equilibrado?...”, solo-í faltó pregúntame por lo otro. Ya saben. Y de pasu lo anotaba todo en el parato esi. Y yo, con cara de pijo, contestando como si estuviera examinándome pa entrar de espía en la cagebé. Pero bueno, ¿esto ye pa una encuesta, o qué?  “Tranquilu, sólo ye pa poner los datos al día”, me contestó.
Total, que como lo tenía casi to al límite, mandome fumar y beber menos, comer más lechuga, verdures y to eso que comen los conejos, caminar quince kilómetros al día, como de aquí a Laviana. ¿Y en que vuelvo?, pregunté. Pues vas hasta Sotrondio y vuelves andando, como haz el tu amigu Hermógenes el biólogo, me dijo con rotundidá. Y quiero vete aquí dentro de seis meses pa hacete otru análisis. Pasome el sustu que llevaba y entrome un coraje de la de su madre. Hermo también come chuletones con setes. Así que a ver cómo me arreglo p’hacer to eso a la vez en seis meses. O pa no hacelo sin que se entere. De momento toy pensando en ello. Así que dejavos de preguntar por el pis y a ver si me dáis idees.

martes, 7 de julio de 2015

BAÑOS ONÍRICOS



Por piscinas naturales en el Nalón


Pues sí, en aquellos tiempos las cosas eran como en un cuento. Hace muchos, muchos años -tantos que la memoria casi no me llega- que el río Nalón servía para todo, además de para bajar agua. Lavaba ropa cuando no había lavadoras, paisanos y muyeres cuando no se había inventáo la ducha ni el bidé,  también lavaba carbón y había unes truches como de metro y mediu. Queda en esa memoria una multitud de playas fluviales donde las gentes del Valle del Nalón se solazaban en verano cuando venía la caló: La Chalana con su aledaña pradería y, de ahí para arriba, Puent’el Arcu, El Condao, Rioseco, Bezanes y un largo etcétera del que muchos se acordarán. Cuando algunos iban en fin de semana a San Lorenzo o La Isla, otros preferían la frescura y limpieza del agua del río, la hierba a la arena y el sosiego y la placidez a las caravanas y aglomeraciones de las playas más cercanas. Los momentos más felices de mis veranos infantiles tuvieron lugar a la vera del Nalón de Laviana hacia arriba. Tanto es así que, después de todos los años transcurridos, paseo por su ribera y recuerdo con nostalgia aquellos tiempos cuando veo el río limpio y magnífico, en muchas ocasiones. Y cuando observo a grupos de chiquillos y jóvenes tumbados en la yerba a sus cosas, pero sin utilizar el río para el baño. Porque en algunos lugares han plantado un cartel que lo prohíbe. Y Duke se pregunta el por qué. Supongo que habrá algún motivo sanitario para que la Confederación Hidrográfica, la Consejería de Medio Ambiente o el lucero del alba no lo permitan, igual que no permiten la navegación deportiva en los embalses del alto Nalón.
En estos tiempos en que Sama vive cara al río, que no de espaldas, ¿sería mucho pedir que nuestros nuevos representantes en la corporación presionaran a los barandas del asunto para que, al margen de la necesaria limpieza de la ribera -que es su competencia y obligación- , permitieran el baño en ciertos lugares como pueda ser la inmediaciones del Jerónimo González y que junto al ayuntamiento langreano hicieran trabajos de dragado para dar calado y profundidad en esos sitios y convertirlos en piscinas naturales y, por tanto, en lugar de asueto para la población? No creo que costara más que pintar a medias el Puente de la Maquinilla y sería un magnífico lugar de recreo para los samenses. Al fin y al cabo “todo en la vida es sueño”.

domingo, 5 de julio de 2015

DE PATA NEGRA



De análisis y otras zarandajas

A ver, vosotros que sois más listos que Duke, ¿cómo se cultiva la orina? Digo yo que no harán falta fesoria y palote, ni hacer un riegu o una zanja, ni poner una vara pa que crezca. Pa mí que un cultivo de orina ye más complicáo qu’eso porque yo tuve que hacelu el otru día y diéronme un frascu de plástico pa que la echara en él y un tubín que aplicáu al frascu absorvía el mexu al vacío. To esterilizáo como un bisturí. El casu ye que fui p’allá tóu ufanu con el tubín envueltu, curiosu, como en papel de regalu, pa de pasu sacar sangre. Atendiome un monumento de enfermera que ya me aceleró la circulación. Muy guapa, alta y rubia, que me preguntó na más llegar si traía la orina y el frascu. Sólo traigo el tubu, dije. Pues hay que volver a hacer pis, toma otru frascu. Mientras te entren les ganes remángate y vamos hacer la extracción. Puse el derechu y no encontraba vena, así que pasó al izquierdu y dio con una que debía andar por allí de vacaciones porque pinchó y d’allí no salía na. Otra moza que me conocía y taba allí al lao dijo-i a la rubia que no se asustara que igual salía sangre azul, por aquello de Duke. Y tal. Pero ni roja, ni azul. Na de na. Y mancome la de dios. Así que dijo a la otra “dame una palomilla” y yo pensé “menos mal que no pidió un vampiro”. Y ni con palomilla, oye. Así que sacó la aguja y pinchome en el dorso de la mano. En la izquierda, claro. Ahí sí, empezó a salir un chorrín de una cosa roja que no se si era lo qu’ella quería o era un Marqués de Cáceres del 78. Debía ser esto último porque llenó tres tubos, como tres cuartos. Y dije-i yo: “Cuídalo, moza, que debe ser lo último que me queda y, además, ye de pata negra”. Y la rubia: “ahora a mear, ¡suerte!”. Y yo obediente, ¡gunmimacho!
Igual que con la sangre, tía. Taba más secu que la mojama. De manera que, mientras podía o no podía, leí el periódicu, hice el sudoku y a poco más echo un pigazu, hasta que por fin pude. Debió de ser porque taba leyendo eso de la reunión de Pablo Iglesias con Garzón, el de IU, cuando el primero le dice al segundo que se presente a las Primarias de Podemos. Y entós entráronme les ganes y pude, oye. Pero casi no eché ni gota. De to les formes valió pa eso del sedimento, que debe ser lo que queda abajo. Entregué el frascu a la rubia y marché más contentu que unes pascues pensando que, aunque esté secu, yo también puedo.

miércoles, 1 de julio de 2015

DAÑOS COLATERALES

Un percance playero


Mira guaje, cagon to lo que se menea, ya ta bien de tocame les boles. Tate quietu porque vas llevales. Mientras sucede esto, su madre habla por el móvil completamente abstraída, despreocupada del niño. Que si Belén Esteban esto, que si Jesulín lo otro y la Campa lo de más allá. ¿Con quién coño hablará?, con alguna maruja, seguro. O marujo. Pues el caso es que mientras la matrona continúa parlando por el celular el guaje deja de molestar y desaparez del entorno más cercanu. Pasa un buen rato y se oye por megafonía: “Se ha extraviado un niño como de cuatro años. Viste bañador blanco con el escudo del Real Madrid y se llama Cris. Quien acredite ser su cuidador o su familiar puede recogerlo en la torre de salvamento”. Inmediatamente me doy cuenta de que se trata del guaje de los co…, del guaje esi. Y la madre sigue a lo suyo, despellejando a troche y moche. Como no tengo otra cosa que hacer me levanto de mi confortable silla del economato y me dirijo a la torre. Mire vengo a por el niño extraviado, es que su madre está muy ocupada en este momento… Yo se lo llevo. El socorrista me entrega al zagal sin poner impedimento alguno. Le cojo de la mano y cuando llego a la sombrilla vecina veo que la dama parlante ha terminado su particular magazine, y busca a su hijo con una mirada nerviosa. Tome señora, es que el niño se despistó y no sabía volver aquí, le miento piadosamente. La mujer, fuera de sí, me arrebata al pequeño y, acto seguido, le arrea cuatro cachetes en sus tiernas posaderas. Ya te dije que no te alejaras de mí, verás cuando se lo diga a tu padre. Y la pobre criatura se pone a llorar desconsoladamente.
Cabreado, cojo mi silla del eco y me alejo diez metros del lugar donde estaba para apartarme del lugar del siniestro. Pasa media hora y aparece por allí la vil parlanchina para agradecerme el gesto. Descuide señora, no tiene nada que agradecer, pero le recomendaría que, en adelante, fuera más responsable y tuviera a su hijo bajo vigilancia. Ya sabe cómo son los niños, se despistan enseguida y acaban desorientados… ¿Me ha llamado irresponsable?, será usted grosero. ¡Sinvergüenza!, me contesta. Se da media vuelta y se marcha ofendida dejándome encendido, con la palabra en la boca y crucificado con una docena de miradas que parecen acusarme de lo de lo del Guortreicenter. ¡Maldita sea mi suerte! Pliego la dichosa silla del eco, recojo mi toalla y mis chanclas y me voy de allí mascullando “quién me manda a mí meterme a salvapatrias, ya puede perderse la UNICEF entera que no pienso mover un dedo”.
Cuando estoy a punto de llegar a mi coche, me asalta la irresponsable talibán y me espeta: “Oiga usted maleducado, esto no va a quedar así. Ya he hablado con mi marido que es abogado penalista y voy a ponerle una querella que se va a acordar. Por grosero”. Y entonces estallo. Mira patiño, ya te puedes meter a tu abogado por donde te quepa, y le dices a ese marido penalista tuyo que se meta la querella en el mismo sitio. Y a tu hijo Cristiano que cambie de equipo, que en el que está no tien pitu que tocar. A tomar por saco, no te fastidia con la tertuliana. Me meto en el coche y me voy aliviado.
Así es que desde ese día, cuando voy a la playa, procuro alejarme de las mamás con móvil y también de las buenas intenciones de vigilar lo que no es mío. Es más, el otro día una pareja se dirigió a mí para pedirme que echase un vistazo a sus cosas mientras se daban un chapuzón. Cerré los ojos, me quité mis ray-ban y les dije con todo el morro: “Disculpen, soy ciego”.
Marcelino M. González