miércoles, 8 de febrero de 2012

VUELTA A LO DE ENTONCES

A lo que nos empuja la crisis

Acuérdome, cuando era un neñu, ya haz muchos años -casi tantos como los del principio de los cuentos-, tenía que hacer recáos -como to los neños de entonces (los de ahora no saben)- y recuerdo muy bien los de la carnicería: “un cuartu de chamón, la mitá del cuartu de ternilla y un güesu, pa la sopa”. Alguna vez también tenía que pedir mediu kilo de “rajes” (filetes de ternera), “pero que te les de curioses, eh”, me encamentaba mi madre. Hasta el punto que llegué a ser un experto en aquello de salir a comprar. Con cinco duros hacía maravilles. Por entonces no existían los supermercados ni eso de sírvase usted mismo, que va. Era todo más doméstico, con un trato personalizado. La tendera, o el tendero, te lo servía todo. Lo mismo te pesaba les patates, los garbanzos y les fabes que les teníen en sacos a granel, que te cortaba unes loches de chorizu p’al bocadillo del guaje. También te cobraba élla, o él. O apuntábenlo en una libreta que teníen llena de anotaciones y de cruces: “Mari Puri, 12,50; Ernestina 10 pesetes; Maribel, un cascu de sifón…; traer sardines salones”. Aquella libreta era entonces como los ordenadores de ahora, pero sin scáner. Y valía pa to, pa les deudes de los que no llegaben a fin de mes, pa los pedidos, pa apuntar algún número de teléfono -que aquí siempre empezaba por 68, sin el 985-, en fin que la libreta era el archivu permanente del tenderu, y de la tendera. Les cuentes haciénles en papel de estraza con unos números grandes que solo entendían ellos. Luego en esi mismu papel envolviénte los chorizos, el tocín y la morcilla, to junto. Claro, luego llegabes pa casa y la cuenta no se podía ver porque taba llena grasa. Y mi madre mandábame volver a la tienda pa que pusieran les cuentes clares. Y si no lo estaben, ponía una chaqueta encima los hombros y, en mandil y zapatilles, marchaba p’allá a ponéi les peres al cuartu a la pesetera de la tienda.

Eren otros tiempos, boba. Ya casi haz mediu siglo de aquello y parezme a mí que, con esto de la crisis, los políticos, los banqueros y los mercáos financieros esos, vamos tener que volver a lo de entonces. A tener una güertina en la terraza y plantar ajos, cebolles y arbeyos, y a criar un gochín en el cuartu bañu que no se usa, donde el bidé. Porque, mira tú como ta el panorama, que les pensiones y los sueldos bajen y les coses suben, y eso no hay cristianu que pueda soportalo. El otru día quedeme en casa sin papel higiénico y tuve que ir a la tienda de aquí al láo y pedir metro y mediu de lo más barato, de lo de capa sencilla. De pasu, llevé una taza pa que me la llenasen de lentejes p’al pucheru. Después dije-i a Conchi, la de la tienda, que me lo apuntase en la libreta y díjome que allí no había libreta, que pagase a tocateja o llamaba a la menetérica. Devolvióme 30 céntimos de los dos euros que me quedaben pa terminar el mes. Ta la cosa imposible. Y por si fuera poco ahora jeringóseme la tele de plasma esa y tengo que ver a Jorge Javier por la de cuernos, en blanco y negro. ¿Pues sabes, qué?, emigro pa un país emergente de esos, que esto se hunde. Si el Presidente vive en un lío, imagínate lo que nos queda a nosotros.

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