viernes, 18 de mayo de 2012

DOG T.V.


Él elije. Duke es muy mirado para estas cosas. Así es que cuando no puede acompañarme, que casi siempre lo hace, se queda en casa viendo la tele o escuchando Radio5, Todo Noticias. Luego, cuando regreso, me da las novedades que muchas veces aprovecho para contárselas a ustedes a través de esta columna y desde nuestro particular punto de vista, como en este caso. “Mira, estos americanos -me cuenta-, han creado un canal de televisión para mis colegas, para que no se aburran en casa y les de por destrozar un sofá o mordisquear el mueble-bar”. De manera que, aunque me fío de mi “Platerín”, lo compruebo y, efectivamente, veo que en San Diego (California) han puesto en marcha “Dog TV”, “el primer canal de televisión para perros”. Sin publicidad, ni siquiera de alimentos para canes, afirman. Y el caso es que un veterinario de Massachusetts hacía tiempo que venía recomendándolo como antídoto para superar el stress y la ansiedad que provoca en los cánidos la separación de sus dueños, para superar la monotonía de la soledad. 

A nosotros, que nos gusta tanto la historia y las formas de ese gran país transoceánico, nos da la impresión que debemos de tener algo de norteamericanos porque nos hemos adelantado a ellos hace ya bastante tiempo, y ustedes que nos leen lo saben. Duke ve la tele y escucha la radio desde bien pequeño. No lee el periódico porque le falta el dedo gordo para pasar hoja, pero lo que son las ondas las domina a la perfección. Toma nota, filtra las noticias, saca conclusiones, me lo trasmite y yo no hago más que darle a la tecla y mandarlo a La Nueva España. Así de sencillo. De manera que tienen razón aquellos que, cuando paseamos por la calle, dicen “Mira esi perro ye el que escribe en el periódicu”. Así es que entre los dos estamos pensando reclamar a los yanquis el copirrí de nuestra actividad literaria, porque ahora que los californianos o los sandieguinos, o como rediós se llamen, tienen tele perruna van a empezar a escribir artículos en el San Diego Herald o el California Dreaming. Si no, al tiempo. 

Ya en serio. Los hay que ya no saben qué hacer para cuidar a las mascotas y traerlas, en algunos casos, mejor preparadas que a sus propios hijos. Ropas de marca, viseras, gafas de sol, collares de brillantes, peluquerías de alto standing, alimentos de gourmet, cuidados veterinarios que para sí quisiera la Duquesa de Alba -en su caso serían médicos, evidentemente- y, en fin, todo lo necesario para que el can, el minino, el lorito o la mosca cojonera tengan lo mejor de lo mejor y gocen de buena salud, teniendo en cuenta que esto de la salud mascotil es más caro que el mantenimiento de un Ferrari y que para ello no hay seguridad social. Y a mí no me parece mal en absoluto. No se que haría sin Duke, seguramente dejaría de escribir y darles la lata en estas páginas. Pero, salvo sus cuidados alimentarios y sanitarios, él pasa olímpicamente de las otras cosas. No quiere ropas, ni viseras ni sandalias, ni gafas de sol. Duke anda desnudo por la calle, tal cual. Así que cuando llueve y alguno de ustedes me sugiere que le ponga un chubasquero le contesto que le gusta andar en pelotas. Eso sí, que no le quiten la radio ni la tele.

Imágenes reales y de Google


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