sábado, 18 de agosto de 2012

PUNTO MUERTO



La Lomana hízose pupa
Era yo un chaval, recién salido de la adolescencia, cuando saqué el carné de conducir y empecé mis estudios en Oviedo. Un día mi hermano mayor me dejó su coche para ir a la capital con dos compañeros de aquí que de vez en cuando también llevaban el de sus padres o hermanos, en precario. Ya en la capital no hubo forma de encontrar aparcamiento en las inmediaciones de la Universidad. Dí vueltas y más vueltas buscando sitio infructuosamente. Sin embargo había un pequeño espacio en batería frente a la catedral. El coche entraba pero, una vez aparcado, las puertas no podían abrirse. Así que, cuando ya se nos hacía tarde para entrar en clase, opté por una aventurada maniobra. Enfoqué el coche al reducido espacio, nos apeamos los tres y lo empujamos hasta dejarlo encajado en el sitio. Evidentemente no pude acceder a su interior para poner una velocidad y/o echar el freno de mano. Sí pude echar la llave y cerrarlo. Y así quedó, en punto muerto. 

Cuando salimos de clase, cuatro horas más tarde, nos encontramos el utilitario justo a las puertas de la catedral con una nota de la Policía Local que decía: “Hay que poner el freno de mano y meter una velocidad”. Así, escuetamente. No había sanción y tampoco presencia policial. El coche, al desplazarse para atrás hacia la Seo, no se había llevado por delante a ningún otro vehículo, y tampoco a ningún feligrés. Gracias a Dios, que allí estaba presente.

 Igual que lo estaba el jueves pasado en la playa de la Palombina, en el llanisco pueblo de Celorio, cuando el coche de la televisiva Carmen Lomana irrumpió en el arenal, sin famosa adentro, haciendo poner pies en polvorosa a bañistas y bañistos. “Es que en el aeropuerto me lo dieron manual y no me indicaron dónde estaba la marcha atrás”, se justificó ante LA NUEVA ESPAÑA, como si la culpa del percance fuera de la agencia que se lo alquiló. “Creo no tener nada roto, aunque sí algún tejido dañado”, prosiguió. Y ante tanta presunción y gilipollez, Duke cree que se ha hecho un jirón en los tejanos de Chanel de seiscientos mortadelos y también que deberían de hacerle una reválida del carné. Por lista, y por torpe. Y por pija, debería de volverse a Marbella a jugar a las palas. En Celorio será el hazmerreír de la tropa. Ya que quiere un automático que tome un avión y le pongan el piloto. O la pilota. O sea, ¿no? 

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miércoles, 15 de agosto de 2012

COLADURA

¡Qué apuro!
Si Duke se calla revienta. Por eso tiene que contarlo. ¿Por qué no? Y es que hay días en los que uno no está para nada, mete la pata una vez, y otra también, hasta las mismas trancas y tiene unas coladuras gloriosas, como ésta que les cuento. 

Paseábamos distraídamente por una calle de Sama cualquiera un domingo por la tarde. Apenas hay gente. Estarán en la Feria o en su casa viendo los Juegos. Quizás ni estén, que es lo más probable. De pronto, al girar una esquina, me encuentro de sopetón con una vieja compañera de Facultad que vive y trabaja en la capital. Hace mucho que no nos vemos. Va acompañada de un monumento, de una beldad. Nos saludamos con un par de besos, muack, muack… Mientras ella va vestida de manera informal -tejanos, sandalias y camiseta-, su compañera va de pasarela. Vestido corto, un poquito encima de las rodillas, zapatos de tacón de vértigo y un profundo escote que deja adivinar unas poderosas razones de convicción hacia nuestro sexo, y también al otro -¡qué diantres!-. La belleza no entiende de genéticas. Rubia, piernas bien torneadas, con un bronceado discreto. Una preciosidad de unos treinta y tantos, calculo. A hurtadillas no puedo dejar de contemplar aquel magnífico escote, y mi amiga, que no es tonta y se percata de la maniobra visual, hace la presentación oportuna. “Te presento a Marce. Marce, esta belleza es mi sobrina “A”, la hija de mi hermano, ¿te acuerdas?”. “Claro que me acuerdo. El arquitecto. Pues ha diseñado una hermosa obra…”. Y me acerco a ella para darle el saludo de rigor, sin perder de vista su espléndido escote, al tiempo que digo: “Mucho busto, “A””. Muack, muack. Y ella, con una encantadora sonrisa me responde divertida y con una voz serena y modulada: “El busto es mío, Marce. Encantada de conocerte”. Cuando me percato de mí exabrupto me debí de poner de todos los colores, porque me entró un sofocón de aúpa. Ni se me ocurrió pedir disculpas. Quedé mudo como una tumba hasta que, viendo mi apuro, mi amiga rompió el hielo, tras una sonora carcajada. “¿Qué os parece si tomamos algo?”. Y no sentamos los tres en una terraza, acompañados de Duke, y charlamos durante una larga hora, en un rato agradable y distendido. Eso sí, de vez en cuando, mi mirada recorría los contornos de aquella magnífica anatomía femenina. Y ye que no somos de piedra, boba.

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martes, 14 de agosto de 2012

YUSPIKINGLIS

Hablar para no entenderse
Una de dos, o Rajoy sabe inglés y Obama gallego -porque el otru día vilos yo por la tele hablando sin intérprete de por medio, y parez que se entendíen (los muy jodíos)-, o los dos hablen el “farfullo” que, como todos sabéis, es la lengua internacional de los que hablan y no escuchan. A estos dos debe de pasarles lo mismo que ocurrió hace unos años en Pola del Tordillo donde se incendió un edificio de ocho plantas. Alguien estaba en la azotea tan tranquilo, ajeno a lo que aconteciá bajo sus piés, al humo las llamas y la de su madre. A toda pastilla y haciendo sonar sus sirenas llegaron los bomberos y prepararon todo para el sofoco de las llamas y la extinción del incendio. Estando el apague en marcha, se percataron de la presencia del despistado en lo alto del edificio, y dos bomberos, megáfono en mano, le avisaron de que tenía que desalojar. “El de arriba, abandone el edificio que se va a quedar chicharrón”, gritaron una y otra vez sin que el osado visitante se enterara del ripio. En estas estaban cuando llegó el jefe de los valientes y abnegados apagantes. “¿Qué sucede?, ¿por qué está esa persona ahí arriba?”, pregunta a los del megáfono. “Nada, mi capitán, ya le hemos avisado y parece que no nos entiende. Debe de ser un turista”, contesta uno de ellos. El jefe arrebata el parato de la mano a su subordinado y grita por él: “¡Eh, Mister!, el de ahí arriba”… El interpelado, enfocando sus prismáticos hacia el suelo, contesta: “What?”. “Yuspikinglis?”, dice el capitán. “Yes”, contesta el empanáo. “Entonces, ¿qué haces que no bajas, gilipollas?”. Preparáu y multilingüe que era el jefe bombero del Tordillo. Y con una autoridá incuestionable.

 Volviendo a lo de Bark y Mariano. El caso es que dicen que el presidente americano llamó al nuestro por teléfono esta semana a su residencia veraniega de Sanxenxo (o como se diga). Yo no se qué-i dijo, pero llamolu. Esa es la crónica de los medios de información. Supongo que sería para preguntarle por los precios del pulpo, la vieira y el centollu. “Tan muy caros, Presidente. Además, ahora que subieron el IVA, tá imposible. No hay viruta. Andamos a bocatas de gusanitos”, sería la réplica del gallego. “Entonces, ¿por qué no pides el rescate, colega?”. “Ya te mando la quinta flota. Mientras tanto, prepara una buena mariscada. Pago yo”.

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domingo, 12 de agosto de 2012

ESCABECHE

Quienes pagan la crisis
Dicen los expertos que en esto de la crisis económica ya hemos hecho los deberes. Los mismos que han impuesto a los helenos cuando los rescataron hace ya más de un año. Es decir que se han ajustado todas las partidas económicas y sociales habidas y por haber antes de la que la Merkel llegue con su rebaja. Es aquello de las barbas de tu vecino, ya saben. En España no hemos puesto nuestras barbas en remojo sino que nos hemos depilado a lo brasileño. Sin embargo, con los deberes hechos y los recortes más duros que nadie recuerde, la prima de riesgo crece un día sí y otro también -ye una prima muy grande- y está a punto de desbordarse, abocándonos a pedir el puñetero rescate, a ajustar aún más los ajustes y a recortar más aún los recortes. Y no es que lo diga Duke, ya lo ha anunciado Montoro para el año que viene. Y, ¿a dónde va a parar toda esa pasta? 

A estas alturas de la película a nadie le es ajeno que la viruta que ahora ya no se gasta -la que se recorta y la que se depreda- va a enjuagar los intereses de la deuda. Y merced a la famosa prima los intereses cada vez son más elevados, convirtiendo nuestra situación en el paradigma de lo de la pescadilla que se muerde la cola, en un círculo vicioso, de tal forma que tarde o temprano nos rescatarán, aunque sea levemente -como ya se dice por ahí- y ya no se podrá emitir más deuda soberana. Se acabó lo que se daba. La soberanía la tendrán otros. Así de fácil y así de crudo. 

En otros tiempos históricos las crisis se solucionaban con guerras. Con bombas, tiros y puñaladas. Sobraba gente y la población se autorregulaba con el degüello y el exterminio. Soldados y población civil eran quienes pagaban el precio. Pocos generales y menos gobernantes sucumbían al escabeche. En cambio hoy solucionan estos conflictos subiendo la prima (más tovía), obligando a los ajustes y a los recortes, y los escabechados siguen siendo los mismos. Los ciudadanos de a pie. Parados, pensionistas, funcionarios y demás trabajadores de lo privado. Ningún político, ni banquero, ni famosillo de “Sálvame”, ningún futbolista o piloto de esos que cobran lo que no está escrito. La misma gente: los justos por los pecadores. Pero tengamos confianza: si Obama llamó a Mariano sería para algo. Lo mismo nos manda al Séptimo de Caballería, aunque estemos destinados a morir con las botas puestas. Y la boina calada. 

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sábado, 11 de agosto de 2012

UNOS PIQUEN Y OTROS NON

Las tapas de los bares en verano
Esta semana hizo un calor de la virgen. Un chornu importante. Y los que nos quedamos aquí, a la vera del alto Nalón, tuvimos que jodenos y aguantanos (ajo y agua, que se diz), puesto que no fue posible pasear a las orillas del Cantábrico (en otru mar ye imposible en agosto) me fui a refrescarme con unas cañas bien frías a uno de los escasos lugares que permanecen abiertos en estas fechas. El barman que to la vida fue un cabrón, muy atentu él, me obsequió con una de las tapas de su “Nouvelle cousine”: dos pimientos como de mediu metro. Parecíen del Fresno dela Vega, oye. ¡Qué ricos! Tras el primer sorbo de birra muerdo uno de ellos y ¡gunsumadre!, inmediatamente se me empañaron las gafas y empecé a sudar como si hubiera descargáo un camión de ladrillos. Y el tío descojonándose. “¡Joputa!, ¿qué coño me pusiste aquí?, esto ye pólvora enlatá”, exclamo sin parar de sudar y jadeando como Duke cuando está acaloráu. “Pues son de Padrón, auténticos, y vendiéronmelos por dulces”, me dice con una sonrisa burlona. “Podíes haber puéstome una milhoja, Bartolo”, respondo apurando la cerveza. “Ya pués meter los putos pimientos por donde tú ya sabes, traidor”. Y me fui sin pagar, con la lengua fuera, aspirando con avidez aire caliente. Tenía que encontrar alivio en algún lado. ¿un heláo?, ¿un polo?... No, otra birra. Entro en otru bar, pido una “nosequé Dam”, me la sirven, y con ella una cazuela de lo que parecen champiñones al ajillo. “Menos mal”, me digo para mis mismos adentros… “esto promete”. Nada más que mastico y engullo el primer bocáu se me erizan los vellos, vuelven a empañase les gafes y por poco se me caen los pantalones. “Cagon el champiñón, la madre que lu parió y tós sus muertos”, “¡Chaval, ¿tú quiés matame?, ¿Qué os hice hoy a los hosteleros?!”. “Se habrá comido la guindilla, señor”. “¿La guindilla?, tú dísteme los pimientos que-í dejé al otru caradura. Quiero el libru de reclamaciones”. Me lo da. “Y, ¿ahora qué pongo?”. Al final escribí: “en agosto hay que poner de tapa tortillita de patates o boquerones a la vinagreta, al menos pa Duke. ¡No te jode con los pimientos de Padrón!”. Pero no firmé. 

A partir de hoy cafetinos y mantecáes de Astorga. O pulpo de Badalona. 

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