miércoles, 6 de agosto de 2014

RESPETO

La correcta puntuación

Hoy mismo me he encontrado con esto en una red social: “El respeto a los demás es la base principal para poder llegar a la libertad, hasta que lo comprendan los fascistas tendremos que sufrir sus leyes”. Tengo que confesar que desconozco el origen de esta frase, si el autor es apócrifo, es decir si ha suplantado su titularidad, ha fingido ser suya en sus propios términos o, en realidad, la cita no es más que una de tantas entre aquéllos que llevan a internet a través de las redes sociales lo primero que encuentran, y lo dejan ahí a la espera de contemplar su buena acogida por quienes tiene agregados y, desde luego, los comentarios que pueda haber a favor, que no en contra. Pues tenemos que afirmar que el “Respeto” empieza por ahí, por expresar un pensamiento que se expone a la opinión pública y contar con que la idea pueda ser recibida bien o mal, en su caso, y mejor o peor aplaudida o celebrada. Y también criticada. Y en el caso de la frase en cuestión la calificación se nos antoja harto complicada, simplemente por culpa de una “coma”. Vayamos por partes y veamos: “…hasta que lo comprendan los fascistas, tendremos que…”, que es lo que consideramos que quiso decir su pretendido autor, obviando la coma que da sentido a la frase, al tiempo que se sitúa como un enérgico antifascista. Alternativamente: “…hasta que lo comprendan, los fascistas tendremos que…”, expresión ésta en que la coma ha sido cambiada de lugar pero obviada, de igual forma que en el caso precedente, lo que sitúa a quien lo escribió justamente en el lado contrario, es decir en el del profascismo. Pero en cualquier caso el texto publicado no contiene coma alguna, lo que da al lector la libertad de interpretarlo como le venga en gana, a no ser que conozca al autor o la auténtica frase (si es de otro) y sepa que iba referenciada al primer caso que hemos expuesto.
Es por ello que lo primero que deberíamos de hacer quienes escribimos, y sometemos nuestras ideas al tribunal de la opinión pública, es respetar las mínimas normas gramaticales y de puntuación con el objeto de hacernos entender por todos, conocidos o no. Máxima que nos aplicamos ya que no somos infalibles y, en alguna ocasión, podamos cambiar el sentido de una frase o de un texto. Lo que pasa es que hay mucha gente que pone en la red todo lo que cae bajo su vista, indiscriminadamente, sin cerciorarse de lo que hace. Muchas veces caminando con madreñes por encima del pallabreru”. Eso ocurre aquí y en Pola del Tordillo. En Astorga y Badalona también, pero menos.

martes, 5 de agosto de 2014

AGUA VA



La tormenta del siglo

Eran las cinco y media de larde del pasado sábado, el primero de agosto, cuando el cielo se llenó de tinieblas. Ahora que empiezan a menguar los días, talmente parecía las diez de la noche, el ocaso. Ya próximas las seis comenzó a llover. ¿Digo a llover? Que va, los santos, los ángeles, los arcángeles y to los coros celestiales empezaron a tirar calderáos d’agua desde arriba. Y mira tú que en el cielo ta plagáo d’esa gente. Pues tóos a tirar agua como descosíos. Y cuando terminaben tiraben también los calderos, así que a los diez minutos del empiece, cayeron unos granizos de la virgen. Parecíen garbanzos de Astorga, o de Badalona con tó y paquete. Y el agua y el granizu empezó a discurrir por les calles del Valle del Nalón como si el río hubiera querido salir a dar un paseo por la ciudá a curiosear. ¡Gunsumadre!, y vaya si curioseó. Metiose por to los láos, tiendes, portales, cocheres, terraces y hasta por los pisos altos, oye. Hayles que tan sacando agua tovía de les habitaciones, por dejar les ventanes abiertes y salir a tomar café. Los vecinos asustáos viendo como el agua subía de nivel por minutos y cubría coches, motos y triciclos. Con todos los negocios cerrados, salvo los bares, la gente fue avisando a sus propietarios: “Que te ta entrando el agua en la mercería, Maripuri. Van estropiase les medies y los calcetos”. Y t’ol mundo -Maripuri también- con catiusques, calderos y fregones, escobes y hasta pales de dientes, a echar el agua fuera casa. Pero ná, la naturaleza ye muy terca y a medida que el agua entraba en les alcantarilles por un láo, salía por otru acompañá de hojes, barro y to les mierdes que tan allí acumuláes y que no se ven, pero que tan, y además en algún sitiu güélense. Y armose la de dios. Los coches con el agua hasta el volante, les tiendes hasta el mostrador, y los paisanos y les muyeres hasta los gemelos, que élles también los tienen, mientras que por allí no pasaba nadie de eso que llamen los servicios operativos del ayuntamientu. Ni barreores, ni bomberos, ni concejales, ni el lucero del alba. La ciudá quedó enfangá y llena mierda por to los rincones. Y a Duke mancháronse-i les pates, y amí los zapatos de tafilete. Eso sí, muchísimos vecinos y comerciantes que no habían sido afectados se vieron por allí prestando ayuda a los desesperados perjudicados. Todos echando la culpa a algo. La falta de limpieza, los servicios municipales, etc. Pero, los de aquí somos solidarios cuando toca.

lunes, 4 de agosto de 2014

¡VAYA SED!

Una de triperos

Alguna vez en estas páginas les hablamos de les fartures y de los fartones que los hay, y muchos. Aquí y en toda tierra de garbanzos como Astorga, y Badalona también. Pues resulta que en Murcia se celebró hace unos días un concurso de bebedores de cerveza -y es que hay gente pa to, oye- en el que resultó ganador un chaval que se metió entre pecho y espalda nada más y nada menos que entre seis y siete litros de birra en menos de veinte minutos. Si hacen cálculos verán que el record de la ingestión alcanza bastante más de un cuarto de litro por minuto. Una barbaridá. Es un tercio, lo que aquí denominamos media cerveza que, evidentemente es más de un quinto. Pues el pollo se metió media cada minuto. Con el resultado de que se quedó sin plumas, algo lógico hasta cierto punto porque el bandullu no da pa tanto. Lo que no sabemos es la marca del líquido. Sí dicen las crónicas que el murciano se murió en su heroicidad y, en consecuencia, se declararon tres días de luto oficial. Y esa declaración la hacen precisamente quienes autorizan tamaño disparate. Es lo mismo que si hacen un concurso de salto en paracaídas sin paracaídas. ¡Hay que joderse!
En este país somos muy dados a los excesos como éste, pero es que, además, presumimos de ello. Un amigu míu (y de muchos de ustedes) me contaba no hace mucho tiempo una aventura acaecida hace años en compañía de otros, también muy conocidos. Después de una caminata, recalaron en un pueblo donde preguntaron dónde podían comer algo. El interpelado les indicó que allí sólo podía darles de comer una señora que tenía una pequeña tienda de esas que venden de todo, lo mismo azúcar que aceite o madreñes. En fin, que allí fueron. La señora les dijo que sólo podía ofrecerles patatas, güevos y chorizos. “Pues póngalo abundante”, le dijeron. Así lo hizo la mujer varias veces, asombrada del “saque” de aquella gente. Porque, según contó mi amigo -que come como Obelix, más o menos- uno de ellos se comió doce chorizos, seis güevos fritos y un balagar de patates frites. Como pa un regimiento. Y el narrador concluyó su historia, real como la misma vida, afirmando asustado que él mismo sólo se había zampado la mitad que el otro, es decir seis chorizos y algo menos de lo otro. “Nunca ví a nadie comer tanto”, dijo. Para morirse, como lo del finado murciano.
A Duke le recuerda esto aquella peli, “La Leyenda del Indomable”, en la que Polniuman apostaba a que se comía sesenta huevos cocidos, o algo así. Y ganó la apuesta, pero terminó con el buche como el de una embarazada de quintillizos. Malito, malito…

domingo, 3 de agosto de 2014

ARRIBA LA LÍBIDO


Hábitos sexuales de los asturianos


Potentes entramos los asturianos en agosto, voto a bríos. Vamos a empezar el mes veraniego por excelencia con buen humor porque septiembre está a la vuelta de la esquina y, a partir de ahí, podrán desatarse todas las fuerzas de la naturaleza con esto, lo otro y lo de Mas allá. Lo de Astorga y Badalona, ya me entendéis. ¿Vosotros sabiéis que los estudiosos de coses rares descubrieron haz unos días que la situación de crisis, el paro y la de su madre provoca subidones eróticos en los asturianos que son el doble de deseosos que el resto de los españoles? ¡Hay que estar ociosos! Pues debe ser verdá porque díjolo esti periódicu el miércoles pasáu. Pero a Duke gustaría-i profundizar en esto y saber a qué se debe. Veréis: a nosotros pareznos que si los sociólogos estos que hicieron el estudio en cuestión utilizaron la encuesta a pié de calle equivocáronse del to, porque los asturianos somos muy grandones y un poco bocazas. ¿O no? A ver quién ye el guapu o la guapa que cuando-i pregunten cuántes veces al mes haz el amor contesta que “una o ninguna”, a ver. Seguro que to los que yos preguntaron contestaron que “dos o cuatro veces al día”, seguro. Aquí somos muy eso, boba. Sin embargo el resto de los españoles -que son como nosotros de fantasmas, pero en spray- seguro que contestaron que “una o dos veces”, de ahí lo del doble. ¿Vistéis? Lo que pasa ye que en el resto de España haz sol y calorín, y aquí llueve y hay días que haz un frío que te vas por la pat’abajo. Aquellos van a la playa, el río o la piscina, y nosotros a ningún lao d’esos, porque, además, los langreanos non tenemos piscines, el río baja puercu y casi sin agua y la playa ta muy lejos pa ir y tener que poner el chubasqueru. Así que lo que hacemos ye ir pa la cama (que hay que descansar) y de pasu… ya sabéis. ¿Qué voy contavos que no sepáis?
Fuera ya de lo del tiempu y la falta de piscines ya sabéis que tampoco hay muchu trabajo y, pa tar paráu, qué mejor que hacer algo entretenío y que presta tanto. Que da un gustirrinín de la virgen. Aunque no sea na productivo, y a las cifres de natalidá me refiero. Pues al tajo esi del “yes verigüel”, que ye muy sano y quita les arrugues. A ver si os aplicáis en ello esti mes y, de pasu, dáis la razón a esos sociólogos (o lo que sean) en eso de la líbido. Que no se diga que los asturianos somos unos cortáos. ¡Hay que jodese!

viernes, 1 de agosto de 2014

SÓLO PARA HOMBRES

 Las colas que montan algunas

Estoy hasta los ventrículos de esperar en el super colas de quince minutos y más, sólo para pasar una baguette y una botella de agua. No hay derecho, oiga. Y el caso es que nunca acierto con la cola que va más rápido. Yo observo las dos o tres que se forman, miro a la cajera y la pinta de los esperantes para optar por una de ellas y no se por qué pero el último de las dos filas que deseché siempre pasa primero que yo. ¡Hay que jodese! Lo hablaba hace poco con un colega que estaba en la misma situación que yo. Comentábamos que si íbamos a por pocas cosas cuando más gente había, y más llenaban los carros. Que si teníamos la mala suerte de ponernos detrás de esas damas que se ponen a hablar con la cajera de lo guapu y listu que ye el so nietu, que luego empieza a rebuscar en el bolsu y no encuentra la cartera, que cuando la encuentra empieza a tirar de cremalleras hasta que da con el sitiu que tan los billetes, y luego diz “espera que igual tengo suelto” -mientras los de atrás echamos humo, sin tar fumando porque no se pué-, que cuando encuentra lo suelto ponlo to en la mano, calderilla, pa que lo coja la neña de la caja y empiece a contar hasta treinta y tres, céntimu a céntimu; que luego y pregunte si tien tarjeta de puntos: “sí, pera fía”, y entre quince o veinte plásticos d’esos que non valen pa na, solo pa ocupar sitiu tarda mediu verano en encontrar la puta tarjeta; y cuando ya pagó y entregó la cacharra va la neña, saca una tira de papel, day un bolígrafo y diz “firme ahí, ye el vale de descuentu por los puntos”, y la moyer vuelve a decir: “pera, fía, voy buscar les gafes, y cuando les encuentra diz “¿y cómo firmo?”. “Con la su firma, señora, o como quiera…”, con los brazos en jarras. Y la caravana llegando hasta Astorga, o Badalona que ta más lejor tovía. Y decía-i yo al mi amigu (porque en esi tiempu hicímosnos íntimos), “¡joder, macho!, ¿qué ye…, no hay buzón de sugerencias, protestes o la madre que lo parió? Teníen que poner una caja sólo pa los paisanos, que somos más rápidos, llevamos ya la suma hecha, les perres preparáes y non traemos la tarjeta esa de los co…”. Y diome la razón, oye.

El casu ye que, además, pa dos coses que lleves podíen dejate pasar delante. Vamos digo yo. Pero no, ye que ni miren p’atrás pa ver la cola que están formando, que parecen domingueros en una carretera comarcal. Eso sí hay alguna amable excepción que te dice cortésmente, “pasa fíu que lleves poco y yo no tengo prisa”. Y con los ojos como platos le das las gracias y lo cuentas en el periódico.