sábado, 9 de julio de 2016

CASTILLOS EN LA ARENA



Los niños y la playa

Fue una costumbre que sobrevivió al bañador convencional de ballenas y al moderno, al bikini, al tanga y al topless. Los niños en la playa provistos de caldero, paleta y otros artilugios plásticos con los que, durante horas y horas, trabajaban en castillos con murallas, simas comunicadas entre sí, o simplemente hoyos que a la mínima se llenaban de agua. Ya sabemos cómo es la imaginación infantil y estaremos de acuerdo en que todos hemos pasado por ello. Era la forma de no alejarnos de nuestros padres y dejarles tranquilos hasta la hora del baño. Había que elegir el lugar apropiado para ello y el grado de humedad de la arena donde íbamos a trabajar porque, sobre todo, aquí en el norte las mareas van y vienen con rapidez y cuando el zagal termina y se siente orgulloso de su obra viene una ola y se lo lleva todo. Pero también sabemos que su paciencia es infinita, de manera que vuelven a empezar un poco más alejados de la orilla en una construcción aún mayor, si cabe.
Fue hace poco más de dos años, en enero, cuando en un viaje relámpago a Lanzarote vi como dos hombretones se pasaban el día trabajando en una gran construcción que representaba unas pirámides y otras construcciones rodeadas de una larga fortificación amurallada. Allí estaban desde las ocho de la mañana hasta el anochecer cuidando que su frágil estructura no se viera deteriorada por el viento, porque la mar no alcanzaba a llegar. En el muro del paseo marítimo tenían una pequeña cesta donde el viajero podía echar unas monedas después de admirar el arte de los bohemios que, pude observar, en rara ocasión comprobaban su contenido. Era de lo que vivían, pero parecía que sólo se ocupaban de que su pequeña ciudad estuviera en buen estado. Tan concentrados en su trabajo como si se tratara de los niños que a lo largo de los tiempos hemos sido, de los que lo son y los que lo serán.

miércoles, 6 de julio de 2016

EXPANSIÓN CÓSMICA



Cosas del universo



Ya vos lo dije más veces, en esto de la investigación espacial los avances tecnológicos son la monda. No lleguen a ná pero de descubren unes coses muy curioses. El otru día oí contar a un expertu que ye director de no se qué en la Agencia Espacial Europea que el universo se expande, que lo haz setenta kilómetros cada veinte millones de años luz, o algo así, y que se expande pa to los sitios, esto ye más lejos que Olloniego, Valdesoto y La Corredoria. Y explicolo tan bien que entendilo. Vosotros imaginavos que tenéis un globo, casi hincháu del to, con unos cuantos puntinos pintáos p’ol contorno. El globo ye el universo y los puntinos son les galaxies más lejanes que hay. Si solpláis un poquín más el globo, veréis que hincha y crez, y los puntinos aléjense unos de otros. ¿A que ahora lo entendéis? Ta más claro qu’el agua. Pues eso sábenlo por culpa del telescopio Havel que vigila to lo que se mueve p’ol espacio y mide con precisión de años luz p’abajo o p’arriba la distancia que hay entre la Vía Láctea y otres víes, muches de les cuales tovía no tienen ni nombre, porque el M.O.P.U. y la D.G.T. tovía no les señalizaron, pero tan trabayando en ello.
Pensaréis que vos toy tomando el pelo, pero no. Estes coses son muy series. Yo oílo en un programa de ciencia que ponen en la radio, no como vosotros que táis t’ol día viendo fútbol y eses pijáes. Esto ye más interesante. Lo que pasa ye que el expertu esi no dijo qué ye lo que pué pasar cuando el globo esi no aguante más sople y haga ¡Paff! Pues lo que tien que pasar, que les galaxies van ir a tomar p’ol sacu con to lo que hay dentro d’elles. Con terroristas, independentistas, columnistas y Rajoy, Iglesias, Sánchez y Ribera a la cabeza, que esos anden muy salíos. Así que lo mejor que podemos hacer ye ser formales, no movenos mucho y soplar tovía menos, porque cualquier día de un añu luz d’estos, sin avisar, esto revienta y, entonces, va acabase el fútbol, los toros y el “yes very vell”.

domingo, 3 de julio de 2016

SENSIBILIDADD



Sentimiento para las artes
Obra de Jesús Alvarez Blanco

Mi querido amigo: no hace mucho, en uno de esos escasos días en que nos vemos por la calle, me decías acerca de una de mis columnas en LA NUEVA ESPAÑA que te habías emocionado al leerla y comprobar el recuerdo que se atesora de un amigo perdido. Comentabas que tú mismo habías perdido muchos y sentías algo parecido que no sabías contar como Duke lo había hecho. Hoy que veo una de tus obras posteada en una red social se me ha movido el corazón. Una marina que tuve que ampliar para desentrañar si es que se trataba de una fotografía. “Impresionante”, te dije. Me la pido, agregué. Y hoy, con estas líneas, quisiera que reflexionases conmigo acerca de lo que son la técnica, por un lado, y la sensibilidad, por otro. Entiendo que todos los artistas -y dios me libre de considerarme como tal- conjugan de uno u otro modo ambos conceptos. Un músico, un actor, un escritor o un pintor, como tú, pueden tener una técnica depurada en insuperable, pero si no te llega la obra creo que es que le falta un poquito de alma, de sentimiento. Ahí tenemos a los desaparecidos Paco de Lucía y Carlos Cano, a Spencer Tracy y Catherine Hepburn, sólo a modo de ejemplo. Todos ellos sensibles en su trabajo hasta el paroxismo. No se si estarás de acuerdo conmigo.
Hago esta introducción porque, aunque tú me has dicho muchas veces que no eres más que un aprendiz al lado de otros grandes acuarelistas, estoy convencido que la humildad que dejas entrever es muestra fehaciente de esa sensibilidad a la que me refiero y que plasmas a diario en tu prolífica obra pictórica, aunque una parte de ella no deje de ser más que una incursión por nuevos caminos que empiezas a transitar,  y sea cuál sea el motivo de tu obra, en todas se ve un enfoque especial, un mirar las cosas desde otra perspectiva. Pero ese otro punto de vista no se aprende con el tiempo si no que se lleva en la sangre, como tú la llevas. Es tu sensibilidad, Jesús. Y morirá contigo.

domingo, 19 de junio de 2016

UNO DE A PIE Y UNA CAPA



Esas pequeñas cosas
Jerónimo Fernández (Giro)

Eran tiempos aquellos de escasez y de penurias, nada parecido a lo que vivimos ahora, cuando las gentes disfrutaban y eran felices con pequeñas cosas, con breves momentos. Y para esas cosas y momentos empleaban una eternidad. Recién terminada la guerra “incivil”, que diría mi amigo Antón, un niño de poco más de diez años caminaba todas las semanas entre su casa en La Nueva y las de sus tíos en La Nisal. Unos cuantos kilómetros si tenemos en cuenta que por entonces no había carreteras y la mitad del trayecto había que hacerlo monte a través. Llegado a destino, Giro hacía su ruta de visitas a tíos y primos y, tras echar el día entero en tal menester regresaba a su casa deshaciendo el largo camino. Tenía un primo, a la sazón tío del suscribiente, que había regresado de la guerra un tanto maltrecho. El hombre traía siempre con él una de aquellas capas de las que proveían a los militares en el ejército y nuestro protagonista no deseaba otra cosa que una capa como aquella. Así se lo dijo a su pariente y éste mandó a sus hermanas que procedieran a recortar y arreglar la prenda porque, evidentemente, al niño le sobraban metros por todos lados. Esas sobras podían ser aprovechadas para otras cosas, de manera que, entradas en discusión, decidieron que no era prudente estropear la capa ni que en ese momento se desprendiera de ella, así que el pobre infante se quedó con las ganas. No la tuvo ni siquiera en el momento en que su primo murió en un accidente en la mina pocos años después.
Me lo cuenta nostálgico pasados más de setenta años y me relata también el modo en que se había producido la muerte de su primo, mi tío. Y yo que he escuchado esas historias en más de una ocasión me quedo pensando en lo poco que necesitaban entonces, y lo menos con lo que se conformaban. En aquéllos hombres y mujeres recios y austeros y en lo exigentes y melindres que somos ahora. Volveré a escuchar sus nostalgias.

martes, 7 de junio de 2016

TIERRA DE NADIE



Sondeos y futuribles



Pongamos que en esta ocasión los sondeos no se equivocan, que sería cosa rara. Que se cumplen los pronósticos que todas las empresas demoscópicas anuncian y se produce el sorpasso tan anunciado en las últimas fechas. Que “Unidos Podemos” pase a ser la segunda fuerza política, adelantando con creces a  los socialistas y quedando a pocos puntos porcentuales de los populares que aumentaría su diferencia con sus eternos rivales. Cuando Pedro Sánchez lleva días anunciando que tendrá conformado un gobierno en la primera semana después del 26J, caso de que gane, se nos antoja un verdadero dislate esta veleidad de precampaña. ¿Con quién lo formaría?, ¿con los de su izquierda o los de su derecha?, porque todo parece indicar que, como en las del 20D, no habrá mayorías absolutas y que habrá resultados similares, salvo el crecimiento podemita acompañado de los de Garzón. Casi el 60 % de la militancia socialista no quiere tratos con Podemos y la cúplula de los de Sánchez sigue con el veto a los de Rajoy. Quedarían en “tierra de nadie”, rodeados de líneas rojas que los aislarían de las tres fuerzas más importantes del futuro arco parlamentario, en cuyo caso nos parece que los sueños del Secretario y Candidato socialista se verían desmoronados como un castillo de naipes.
Si, como parece ser, los populares ganan y siguen con su oferta de una Gran Coalición en la que estuviera Sánchez y Rivera y, en esta ocasión, el primero aceptara la propuesta, Duke sería el primero en pensar que Sánchez quedaría con el culo al aire y habría sido el único culpable de la convocatoria de nuevas elecciones, y seguro que la mayoría de los ciudadanos acabarían pensando lo mismo. De ahí que creamos sinceramente que los socialistas han estado, y están, en esa tierra de nadie con el peligro de hacer lo mismo que el perro del hortelano y la sombra de nuevas elecciones acechando.