lunes, 21 de julio de 2014

IDEAS AL PAPEL

Las cosas que escribimos

No pasa un día sin que alguno de ustedes nos pare por la calle en demanda de escritos reivindicativos de sus problemas o de los defectos que, según la mayoría de ustedes, son imputables a nuestros políticos. En muchos casos lo hacen con toda confianza, algo que agradecemos, y sin siquiera conocernos o haber sido presentados. Y hay de todo, créanme: “Tienes que escribir que el artesonado de madera del Kiosco del Parque Dorado se está desprendiendo del techo y va a caer sobre el saxo de la Banda Municipal o mancar algún guaje. Tienes que escribir que en la parada de autobús, frente al Ambulatorio, huele que tira p’atrás, y en la Plaza de los Chorizos también. Tienes que escribir que ya está bien con lo del Cuartel de la Guardia Civil, y con lo de les piscinas de Pénjamo y Riañu, el soterramientu del FEVE, con el MUSI y el Puente La Maquinilla, que está a medio pintar. Tienes que escribir que el Paseo Fluvial paréz la selva del Amazonas, que ya no se ven ni bancos ni siquiera árboles y que hay que segalu. Y tienes que escribir que el alcalde de Pola del Tordillo tira pedos en los plenos, mete el déu en la nariz y pega los mocos debajo la tapa la mesa…”. Todo eso, y quinientas cosas más, tengo que escribir según las quejas y necesidades acomodados a cada uno y una. Pues ya está escrito, oigan. Pero, al tiempo que les reitero nuestro agradecimiento por leernos y confiar en nosotros, tengo que repetirles por enésima vez que no queremos ser unos “plumillas” que escriban al dictado de nadie. Ni de políticos, ni de vecinos, ni del lucero del alba. De las cosas que nos cuentan, y denuncian, en muchas ocasiones nos hemos enterado antes que ustedes. Escuchamos, observamos, comprobamos y, si lo creemos oportuno, llevamos las ideas al papel, aunque alguna vez nos equivoquemos y metamos la pata hasta las trancas. Pero procuramos que sea nuestra propia coladura, no la inducida por otros. En definitiva, quien suscribe sólo atiende las sugerencias de Duke, su amigo y compañero de fatigas.
Cada uno de los que estamos aquí escribimos en conciencia y decimos lo que nos apetece y como mejor sabemos hacerlo. Y todos lo hacemos con honestidad, sin línea editorial que valga y con la frecuencia que consideramos oportuna. Además, tengan en cuenta que los políticos nos hacen muy poco caso, por no decir ninguno. Creo que ni siquiera nos leen.

domingo, 20 de julio de 2014

DELATORES

Un trabajador muy peculiar

Haz muy pocos años esti fulanu era jefe comercial de una empresa muy importante de Langreo que, como otres muches que lo fueron, ahora ya no ye porque cerró. Era el encargáu de Ventas, y cuando la empresa peslló convirtiose en encargáu de Compras. Y no ye porque él no vendiese, no, ye que el mi amigu val pa tó, aunque él mismu diga que él nunca vendió ná, que ye que-í lo compraron. Pa encima, aunque no lo creáis, tenía un certificáo de la empresa que decía literalmente “Empleado exento de trabajos manuales”. Yo cuando lu ví quede de paté de fabada sin compangu. Pues ye verdá, tío. Esti fenómeno no tenía ni que coger la pluma estilográfica, la de limpiar el polvo y ni siquiera la de hacer cosquilles. Él sólo se dedicaba a mandar y a que-í comprásemos los colegas de les cuenques. ¡Manda güevos! El casu ye que cuando el otru día ví el certificáo aquel, que por cierto tienlu encuadernáu, dijéi “oye y lo del onanismo entra dentro de la exención ésa”, y el condenáu díjome que él nunca lo había hecho, que-í lo hacíen otros y otres. Dije yo pa mi mismu, “pues aquí tién que haber algo oculto, esti tío si no trabaya ni con manos ni con pies, ni con otra cosa, tién que trabayar con la cabeza. ¡Ya está!, ye un intelectual. Esti dedícase al espionaje industrial o ye de la DEA (Delatores asociados). No me faltaba razón, como saben muchos de los que lu conocen. Y, ahora que no lo ye, presume d’ello. Él ye de donde el Conde. ¡Hay que jodese!
Pero, ¡ay amigu!, to lo bueno se acaba y, aparte de cerrar la empresa, debieron de degradalu y, como os dije antes, ahora ye Jefe de Compras de una empresa mucho más pequeña que la primera. Un negocio familiar que tién montáu con la mandakari, en el que me parez a mí que tién acciones una nieta muy espabiá que echa gasofa al buga con les perres del güelu. Él ye accionista mayoritariu y, como buen encargáu d’eso, ye el que trae y lleva les bolses, además de a la nieta, a les fíes, los yernos y, cómo no, a la máquina de mandar. La verdá ye que no lo haz mal, que va. Pero no se yo si los socios de esa empresa i habrán homologáo el certificáo aquel de la exención. Talmente me parez que no, por eso lu enseña ahora cuando ya non debe valer pa na. Sin embargo tiénme a mí muy mosqueáu lo del otru manual, ya me entendéis. Sí boba, lo del cinco contra uno. Pero ya me enteraré y cuéntovoslo otru día. Seguro que-í saco algo, como ye de allí, de Latores, esti canta. ¡Vaya que si canta!

CORONAS PARA CENAR

Un accidente y un malentendido

Tengo un amigu que, haz muchos años ya cuando era más joven que ahora y taba tovía trabayando, sufrió un percance muy gordu. Iba pa Nava a hacer una visita de ventas cuando-i dio una linotipia d’eses conduciendo (¿o dizse lipotimia?), desmayose y pegose una hostia como un calderu contra una casa. Lo que se llama una visita a domicilio. Además del coche, rompió veinte o treinta güesos y les gafes, pero d’eso non se acuerda. El casu ye que cuando despertó de los brazos de Morfeo taba en una cama del hospital colgáu po les pates, escayoláu y llenu tirites. Dolíai hasta el campanín. Daba pena velu, al probe.
Cuando se enteraron los colegas y amigos de aquí corrieron la voz de que se había matáo, y no habría sido pa menos. Taba medio muertu, o medio vivu -depende por ónde lu mirases- pero muy jodíu. Lo que pasa ye que como no podía contalo porque no taba allí y a ningún amigu se-i ocurrió visitalu, llegaron a enterase -por alguien que sí lu visitaba porque en una habitación próxima tenía a un pariente- que Fulanu taba mal, pero taba vivu tovía. Sin embargo los amigos, erre que erre, to los días se comunicaben entre ellos que Fulanu había palmáo, hasta que llegaba el otru y lo desmentía. Taben empeñaos en rematalu, de manera que empezaron a hacer una colecta pa comprar flores pal entierru. Cinco duros de aquí, veinte de allá y mil pesetes del generosu. Juntaron un montón de perres que uno d’ellos guardó pa cuando llegase el día fatídicu.
Pasó un tiempu y, pa sorpresa de la tropa, Fulanu recibió el alta y volvió a casa, coxu, llenu tornillos que parecía un mecano, pero sanu, salvu y encabronáu cuando se enteró de que los amigos lu habíen matáo to los días y pa encima no habíen ido a visitalu al hospital. Nadie sabía lo que había pasáo con les perres de la colecta pa les flores. Pensaben que el tesorero había gastáoles en vino, o en algo más erótico.
Después de unos días juntáronse toos en una cena d’eses de escote, pa celebralo. Marisco, cabritu con palatinos, buen vino y unos cacharros, bueno unos cuantos. Y cuando taben metiendo la mano en bolsu pa pagar “la dolorosa”, levantose el tesoreru, sacó un faju billetes y dijo: “Tranquilos, invita el difuntu. Estes son les perres de les corones”. Ye la manera en que celebramos aquí funerales, defunciones y demás familia. Siempre que el muertu pueda asistir, que no decaiga.



sábado, 19 de julio de 2014

DINAMITEROS

Predadores del río

Hubo un tiempo en este concejo, y en casi todos, en el que los chicos pasaban sus ratos de ocio haciendo diabluras. No tenían consolas, ni internet y muchos ni siquiera televisión. Entonces jugaban en la calle a lo que fuera. Juegos ancestrales, los de sus mayores o algunos inventados. En mis tiempos, cuando las películas de indios y vaqueros, jugábamos en la calle o en los bosques a policías y ladrones o a eso, a sioux y yankis. Pero a mis catorce o quince años supe de algunos de la tropa que se iban al río a cazar. Como lo oyen. No iban a pescar, no. Provistos de una o más botellas de lejía se situaban en recónditos lugares del río, la vertían y todo consistía en esperar un rato y coger las truchas que salían a flote envenenadas con el cloro. Bien sabían que lo que hacían no estaba bien y que corrían sus riesgos, pero la aventura también estaba ahí, en el riesgo. Si las comían después o las tiraban a la basura lo desconozco.
Más recientemente supe de un grupo de chavales, ya en edad militar, que eran verdaderos terroristas en estos menesteres. No usaban lejía ni nada tóxico para la especie, sino algo más seguro. Barrenos de dinamita. Vean: Eran cuatro que decidieron ir a “pescar” más allá de Tarna, en la provincia de León. Cerca de Riaño encontraron un remanso en el río y, ya entendidos en la materia, creyeron oportuno echar allí sus redes. Dos petardazos, uno tras otro, y las truchas volaron por los aires. Para que después diga alguno que los peces voladores no existen. ¡Vaya que sí! Lo malo es que luego no pudieron recoger la pescata porque todas las truchas habían quedado prendidas en un par de castaños de la vera del río. Había más peces en las ramas que castañas en su tiempo. Ahora, ¿les tocaría ir a la gueta?... Ni tuvieron tiempo a pensarlo. Inmediatamente aparecieron cuatro Guardias Civiles que los trincaron con las manos en el cartucho. Habían ido a la parte trasera de un puesto de la menetérica. ¡Hay que joderse! Cuatro garrotazos, dos hostias o media docena, declaración y p’al Cuartón. Allí estuvieron dos días acojonados hasta que tocaba declarar ante la autoridad judicial. Y las truchas en la castañal. Declararon ante el juez aquello de “yo no fui”, “yo no sabía que esto era pecáo”… y cosas por el estilo. Tiempo después, cuando ya estaban citados a juicio, murió Franco, el Rey tomó posesión y hubo un indulto general. Se libraron de la quema, y uno de ellos, comunista confeso, reconoció el favor que le habían hecho aquellos de la oprobiosa.



VAJILLAS

 Las consecuencias de un accidente doméstico

Hoy a mediudía rompí un platu. Fue un accidente domésticu d’esos que ocurren a diario. Gunsumadre, la que se armó con la mandakari. Yes un manazas, non atiendes a lo que tas faciendo, mejor fregabes camiones o la carretera…, y lindeces por el estilo. “Cariño, resbalome”, dije yo, mientras Duke, que la veía venir, taba acojonáu en una esquina. ¿Resbalote?, a esti pasu vas terminar con el ajuar de la familia, diz ella. Haz dos meses que rompiste el últimu vasu sidra. Pero bueno, cariño, estes coses tienen que renovase. No está bien que tengamos siempre la misma vajilla. Además era un platu de IKEA y yo no quiero ná con los suecos, ¿vale? Ya empezaba yo a calentame p’ol putu platu. Pues compres otru juegu igual, arréglateles como quieras, y esta vez que sea en verde que toy yo muy convencía de lo que dicen esos. ¿Quién diz eso, vida? Los Verdes, joder. Que no te enteres. Vale, en verde. ¿Cómo lu quiés, pistachu, botella o prau? Menuda hice: tirome el resto la vajilla a la cabeza. O intentolo. Volaben los platos por la cocina, y yo como si fuera Pedro Carrasco (d.e.p.) esquivando les acometides agresores del utensilio esi mientras decía tóu nerviosu, “Churri, eso ye pa echar los filetes. Menos mal que no rompí un cuchillu”. Aquello fue el acabose. Montó en cólera, cogió la escoba, la fregona y el calderu y… yo pensé que llegaben los cuatro jinetes del Apocalipsis. Púsose a limpiar la cocina con una mala leche de la virgen. Nunca quedó tan limpia, de verdá. Desde esi momento, rompo un platu cada semana. Aunque tenga que ir al sitiu esi que si no sigues les fleches del suelu acabes en Pola del Tordillo. A comprar vajilles de to los colores.
Y ye que les muyeres -les nuestres- son muy eso, muy así… No hay dios que les entienda. Un día suben y otru día bajen. Deben ser tóes gallegues, como Julio Iglesias. Por eso se despepiten con Güendoline. Y a nosotros -a Duke y a mí- que nos gusta más Nat King Cole, o como se diga, que estamos más out, eso jódemos mucho. Claro, al final, el problema no ye culinariu, ye musical. Igual que en el Festival de Eurovisión. Los que peor cocinen son los que ganen siempre. Y a nosotros que nos gustaba la Raquel del Rosario, igual que-í gustó a Fernando Alonso, en su día, -aunque, la verdá, ye que no lo hizo muy bien que digamos-, a nosotros quédanos la impresión de que tó esto de los Festivales y la madre que los parió ye cosa de platos, vajilles y colores. ¡Hayquejodese!