martes, 22 de septiembre de 2015

HELADO DE VAINILLA



Cosas de peques



El ingenio y la inocencia de los niños son dignos de figurar en las enciclopedias más prestigiadas, o en la Wikipedia, ahora que ya no se lleva el papel y todo está en la red. Acaba de empezar el curso tras un largo y cálido verano en el que han crecido y aprendido, sobre todo esas cosas que no están en los libros de texto, picardías y maldades. Pues érase que se era, en un pueblo no muy lejano, que un maestro decidió iniciar sus clases con algo ligero: El significado de lo “orgánico” en contraposición a lo propio en lo “inorgánico”. Mirad, dijo dirigiéndose a sus nuevos alumnos, orgánico es todo aquello que procede de un ser vivo y animado, por ejemplo una célula, un pelo, una uña, la hoja de un árbol. Algo que tiene vida propia y cambia o muta con el paso del tiempo. Sin embargo, inorgánico es todo lo contrario, es algo inanimado, inerte. No cambia ni muta. Por ejemplo una piedra, un cristal, el boli que tenéis en la mano. ¿Habéis comprendido? Silencio de asentimiento. En un pupitre de atrás se alza una mano que requiere la atención del maestro. “¿Qué pasa Manolín, tienes alguna duda?”. Profe, ¿puedo consultar el diccionario?, dice el peque (el profesor siempre les recomienda tenerlo a mano para resolver cualquier duda). “¿Qué ocurre, no me he explicado bien, tienes alguna duda?, ¿qué es lo que quieres buscar?”. “Quiero ver qué es lo que significa orgasmo”, replica el zagal. El maestro, un veterano curtido en mil batallas, queda pensativo y con una sonrisa contesta: “Mira, Manuel, eso que preguntas no tiene nada que ver con las palabras de las que estamos hablando, aunque tenga una raíz parecida. De todas formas voy a explicarte el significado de esa palabra que tanto te interesa sin que tengas que consultar el diccionario. A ver, dime algo que te guste mucho, que te produzca placer”. Manolín queda pensativo y, tras unos segundos de reflexión, contesta: “los helados de vainilla, profe. Eso es lo que más me gusta”. “Pues eso es orgasmo, Manuel. Comer un helado de vainilla”. Y con esta sencilla y breve explicación el maestro deja zanjado el pequeño aprieto al que le acababa de someter su alumno. Ya habrá tiempo para una clase al efecto o para que en su casa, o por sí mismo, descubra que hay algo más placentero que los helados. A estas edades no parece muy oportuno originar la pérdida de la inocencia, ¿no les parece?

domingo, 20 de septiembre de 2015

MORITUTRI



Los hombres de negro



El verano se nos escapa de entre los dedos. Ya se nota el aire de castañas y hasta el de difuntos. Si no vean ustedes, damas y caballeros, lo que le aconteció a Duke hace unos días en una de esas terrazas de verano, que ya son de otoño. Justo a la entrada del café, charlábamos entretenidos el profe y quien suscribe acerca de eso de los refugiados, de Grecia y de lo acontecido a lo largo del verano cuando entra, encorbatado y chaqueta sobre el hombro, un funcionario de la funeraria. Saluda cortés, “buenas tardes, señores”; “buenas tardes, Fulano” (a los hombres de negro los conoce toda la población). Proseguimos nuestra perorata cuando, a los dos minutos -no exagero- entra otro funcionario, compañero del anterior, en mangas de camisa. Nuevos saludos. Pero en esta ocasión, mosqueado, pregunto al funerario si es que vienen a buscar a alguien. Me niega con un leve movimiento de cabeza y una sonrisa, y entra en el establecimiento. Interrumpo la línea de conversación con el profe, y le digo “joder, Ramón, sólo falta ya que venga Mengano”, y no habían pasado dos minutos cuando, en camiseta, aparece Mengano. “Buenas tardes, señores”. “Ave, César”, ¿tenéis Congreso o hay aquí alguien a punto de estirar la pata?, le digo. Y mi amigo Ramón suscribe mi interpelación, argumentando mi pregunta. Dicho lo cual, se va como perseguido por la parca. ¿Ónde vas, Ramón?, ¿tienes miéu que te lleven estos tres?, tú perteneces a otru tanatorio, macho, le digo con una carcajada. “Quita, Lino, quita, que a lo mejor lleguen más. Ta luego”. Lo cierto es que resultaba difícil porque estaba allí casi toda la plantilla viendo el partido del Barça. A un kilómetro de su centro de trabajo. Seguro que el resto son del Madrid. Cosas del equilibrio.
El caso es que estos sucesos, como no son muy habituales, acojonan un poco. Es lo que pasó, tiempo ha, en un pueblo perdido en el monte langreano donde uno de estos tres funcionarios tuvo que recoger a un difunto. No había calles ni números y se confundió de casa. Llegó con la funeraria, picó a la puerta, “Toc, toc”, y salió una señora mayor que, mesándose los cabellos y llorando desconsoladamente, gritaba: “ay fíu, ay fíu…”. Pero no había cadáver y el funerario tuvo que regresar con el coche mortuorio para que le dieran las señas correctamente. Y es que cuando llegan estos señores meten miedo.

sábado, 19 de septiembre de 2015

PROCRASTICACIÓN



Dejar las cosas para mañana


Es lo que vengo haciendo a lo largo de estos últimos días, dejar para mañana el artículo que ustedes se disponen a leer. Y es que la palabreja se las trae. De ahí que me haya quedado con la decisión inconclusa de qué hacer con ella, porque lo cierto es que estaba convencido de que tenía que mostrarla en público como una nueva habilidad de Duke. Prueben a repetirla tres o cuatro veces seguidas o a recordarla al cabo de diez minutos después de haberla leído. Imposible, ¿verdad?, ¿lo dejamos para mañana? Esto era lo que hacía Escarlata O’Hara en Gone With The Wind cuando tenía que enfrentarse a una situación de difícil o imposible control, y también es lo que han hecho en el Eurogrupo el pasado lunes al posponer su nueva reunión sobre la asignación de los cupos de solicitantes de asilo para el 8 de octubre. Pero se han dado cuenta de que estaban procrastinando, han dado marcha atrás y lo adelantaron para el martes, día 22. Veremos si ese día vuelven a adoptar una decisión inconclusa. Me temo que sí, con las gravísimas consecuencias que acarrea.
A todos nos pasa casi a diario. Que tenemos que arreglar ese grifo que gotea desde hace un mes, ya lo haremos mañana. Que hay que ir al hospital a visitar a Luisinacio que ta malu del panorama neutral, ya lo haré mañana. Que tamos coláos por Maripuri y tenemos que declaranos por lo protocolario, vamos déjalo pa mañana que seguro que tamos más inspiráos. Y así con todo. Luego lo que pasa es que al día siguiente tenemos en casa una inundación de la virgen por no arreglar el grifu a tiempu, a Luisinacio mandáronlu pa casa (o p’al tanatorio) y Maripuri cansose de esperar y metiose a monja teresiana o liose con Pepejosé que fue el más listu. Non pue ser, boba. Cuando uno se propone algo hay que hacerlo ya, sin esperar a que se haga de noche, ni a mañana, ni a pasado.
Lo que pasa es que, si haces eso, acaba por amontonársete el trabajo y no tienes tiempo para pensar, ni para hacer proyectos. Tienes que acabar metiendo gente. Por ejemplo, yo tenía que cambiar los neumáticos del coche y los cristales de les gafes, hacer un empaste en una muela, pintar el cuartu de bañu y poneme a dieta pa perder diez kilos por lo menos, y el casu ye que hoy no tengo tiempu porque ye la hora del vermú, luego tengo que comer, echar la siesta y ver a los culés en la Champion contra los romanos. Lo otro ya lo haré cuando sea.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

701 RAZONES



La desUnión Europea



Los acontecimientos se suceden de forma tan vertiginosa que apenas nos dan tiempo para terminar de contarlos cuando ya han cambiado. Justamente ayer, lunes, cuando hablábamos en estas mismas páginas del espacio Schengen o la libre circulación de personas y la eliminación de fronteras en la Europa soñada (una de las principales conquistas de la Unión), Shengen se suspende y las fronteras empiezan a cerrarse o a ser controladas por ejércitos y fuerzas policiales de los principales países por donde circulaban las decenas de miles de refugiados procedentes de Siria, Irak y otros países en conflicto. Los teutones de la Merkel han sido los primeros en hacerlo blindando la frontera de Austria con Babiera e impidiendo la circulación ferroviaria entre ambos países cuando, no hace mucho, habían afirmado estar dispuestos a acoger a medio millón cada año durante cuatro. Al tiempo se reunía en Bruselas los ministros de Interior y Justicia del Eurogrupo por aquello de las cuotas y, como era de prever, lo dejaron para octubre porque cuatro de ellos  se negaron a aceptar la parte que les corresponde. No hubo unanimidad. Faltó la unión que los define y que, presuntamente les caracteriza. Mientras que en Grecia e Italia siguen llegando y acumulándose miles y miles de refugiados que claman por su derecho de asilo.
El tratado Schengen contempla en su normativa la eventual suspensión provisional de la libre circulación de personas por su espacio, pero no a las primeras de cambio y con esta cruel rotundidad. De manera que puede afirmarse que Schengen se ha ido al carajo en virtud del problema migratorio que consume al viejo continente, y con él también se van al carajo todas las normas constitucionales que contemplan ese derecho y las de la carta de Naciones Unidas. Al carajo los derechos humanos y al mismo lugar el Derecho Internacional. Lo grave es que esta suspensión no tiene visos de provisionalidad, sino todo lo contrario, porque el problema está ahí. Enquistado. Y crecerá hasta hacerse insoportable para Europa entera. Así que no sabemos a qué esperan los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión para reunirse de forma inmediata y poner coto a esta grave injusticia, haciendo que los países disidentes entren por el aro del asilo político. La razón está en la Unión, pero hay 700 razones más.

lunes, 14 de septiembre de 2015

SCHENGENLAND



Una Europa sin fronteras



Después de diez años de haber sido firmado el tratado en la ciudad que le da nombre, en 1995 entraba en vigor la operatividad de una Europa sin fronteras interiores de la que hoy forman parte veintiséis países. Schengenland (espacio Schengen) brinda a los habitantes de estos países, y a todos aquellos que allí se encuentren, el derecho de circular libremente por ese espacio sin ser obstaculizados por las antiguas fronteras políticas y administrativas que los separaban. Esa es la teoría y la permisibilidad jurídica que, sobre el papel, elimina las lindes en casi toda Europa Occidental, pero sin embargo los hechos que están teniendo lugar en estos momentos ponen muy en entredicho la virtualidad del tratado. Ahí están las decenas de miles de refugiados, principalmente sirios e iraquíes, que huyen de una muerte cierta en sus países inmersos en guerras fratricidas entre castas y facciones musulmanas, con el yihadismo terrorista de por medio. Ahí están tal y como tuvieron que marcharse, con lo puesto y con la esperanza de llegar a algún lado donde reside algún familiar que pueda acogerles y proporcionarles la seguridad que no tenían y que tampoco tienen en la actualidad. Van sobre todo con destino a Alemania y a los países nórdicos. La mayoría no tiene otra intención distinta, sin embargo no se lo permiten. Hungría forma parte de la zona Schengen, pero en Budapest se ha detenido su esperanza y su derecho de asilo. Un derecho recogido en la Carta de Naciones Unidas, en nuestra constitución y en todas las de los países de nuestro entorno, incluido el magiar.
Para mayor dislate, cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que el gobierno húngaro pretende legislar por la vía rápida para sancionar con  años de cárcel a todo aquel “sin papeles” que esté en estas circunstancias. Les faltarán centros penitenciarios para acoger a todos los refugiados que ya están y a muchos más que llegarán. Por el contrario, Islandia que no pertenece a Schengenland, y que tiene poco más de tres millones de habitantes, se ha ofrecido para acoger a decenas de miles de estos refugiados, mientras el Reino Unido y España parece que ha dejado de mirar para otro lado tras la reunión de la semana pasada entre Merkel y Rajoy. Por fin reconocen que son personas, no números.