viernes, 9 de diciembre de 2016

EL "FRAÍ-FRAÍ"



El viernes ese.



Termina de pasar el último invento anglosajón que, como todos los inventos foráneos, acabamos por adoptar  en este país de advenedizos y gilicopias. El Black Friday, que traducido al cristiano de aquí quiere decir Viernes Negro, supone uno de los muchos pasos previos a las navidades que los expertos en marketing aprovechan para vender todo lo que pinte (más tovía). Productos sin IVA (ya me contarán…, otros rebajados en un 200 % (¿?), y dicen que hasta fue el día en que los conductores podían aprovechar para trasgredir las normas de circulación y ser multados porque las sanciones llegan con un 25 % de descuento que añadido al 50 por pronto pago queda en un ná de ná. Una ganga administrativa, vamos. De manera que este día inventado por el merchandising viene a suponer uno en los que más se recauda en el mundo occidental, con lo cual pronto crearán el “Pink Monday”, el “White Saturday” o el “Domingo Arco Iris”, porque sin duda seguirán recaudando y aprovechándose de lo así de gilipollas que somos. Mejorando lo presente.
Pues el viernes pasáu, ya de noche,  volvía yo pa casa con el mi amigu que encabeza esta columna y encontreme con otru amigu (que no escribe pero toca la guitarra) que iba con la muyer y el fíu de compras al super. Súpelo porque el guaje llevaba el carro la compra tóu ufanu (seguro que pensando que-í daríen gratis les chocolatines -los neños son así de inocentes-). Paramos a charrar un ratín y díjome que iba de “Fraí-Fraí” al super porque ya terminaba el plazu pa que te dieran los duros a cuatro pesetes, o a dos, y que había que aprovechar el chollu, que el Fraí esi sólo era una vez al añu y que, parez ser, la docena de mirlotos era una quincena, y comprando una ñocla dábente un cachopu de buey ibéricu, o dos. Y que les coses tan muy jodíes pa desaprovechar el Fraífraí. Entonces dejé a Duke en casa y marché también pal super a comprar donuts y comprobé que ye verdá. Seis rosquilles d’eses con un buracu el doble de lo normal. El añu que vien más.

martes, 6 de diciembre de 2016

EMÉRITOS



Castro y De Borbón.



Todavía no hemos logrado explicarnos qué es lo que pinta el Rey Don Juan Carlos en Cuba, o lo que va a pintar (depende de cuándo salga este escrito a la luz). A lo mejor es que ahora que tiene poco que hacer y no puede cazar elefantes le da por las artes plásticas y piensa apostarse en el Malecón y hacer una acuarela de los cañones y del mar del Caribe. Pero no, fuera de bromas, el Monarca retirado acude en representación de nuestro país a las exequias y todo el tinglado que montan allí para “celebrar” el óbito del Comandantes. La verdad es que la cosa chirría un poco, máxime siendo el Gobierno español -que ya no está en funciones- quien, según creo, debe de decidir  qué personas le representan en estos actos. Y para eso tienen al Presidente, al Ministro de Exteriores o al Subsecretario de pésames y funerales (que lo debe de haber, porque haylos pa to). Pero tenemos que reconocer que de estos protocolos sabemos poco, más bien nada, lo que no supone que el asunto siga extrañando cuando se trata de la relación entre una Monarquía Parlamentaria y una República aún revolucionaria. Bien podían enviar a Oriol Junqueras.
Lo que pasa es que, pensándolo mejor, el asunto puede quedar fuera de lo protocolario y tratarse más bien de una cuestión de Eméritos. De alguien que gobernó con mano de hierro durante cincuenta años (dictador o no, según quien lo mire) y terminó por delegar todos sus poderes en su hermano menor, pero que continuó hasta su muerte siendo la referencia del pueblo cubano y, por otro lado, un Rey que fue Jefe del Estado cuarenta años y abdicó en su hijo que es el referente del pueblo español. Dos eméritos con solera. El primero paridor de una revolución y el segundo de una reconciliación que es lo que gran parte de todo el mundo desea en estos momentos para Cuba: un camino hacia la democracia. Como aquí ocurrió a la muerte de Franco, parece que allí están en un principio de transición. Trump tendrá posiblemente la última palabra.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Y LLOVÍA, LLOVÍA...



Llega el agua.

Después de un largo veroño de sol y suaves temperaturas se puso frío de repente y comenzó a llover. Alguien decía a esos que siempre claman por el agua que, tratándose de Asturias, no parará hasta julio o agosto, y puede que tenga razón. El tiempo lo dirá. El caso es que hace dos días cuando ya había oscurecido llovía a mares y decidí guarecerme en un bar y tomar un vino caliente de esos que reconfortan, te escalecen los pies y te animan el espíritu. En el lugar había cinco o seis parroquianos y en el paragüero, donde deposité mi aguaspara, tan sólo tres umbrellas, lo que denotaba que dos de ellos no habían sido precavidos. Después de quince minutos, cuando ya había tomado mi elixir de vida, me dispuse a marchar cuando, ¡maldición!, compruebo que falta mi paraguas. Alguno de los que quedan tienen la empuñadura parecida a la del mío, pero ni por asomo su calidad y elegancia. “”El mío es de alto standing, un paraplí del 86, Gran Reserva”, comento a la camarera que me pregunta cómo es. “Querrás decir “era”, porque aquí sólo queda el sitio”. Llovía igual que cuando entré, así que le dije que volvería al día siguiente por si el usurpador lo restituía, y me fui contrariado bajo mi sombrero que pagó las consecuencias del mangue.
Volví al día siguiente, que llovía aún más si cabe, esta vez provisto de uno del año, de infantería y desvarillado, y pregunté por el Reserva. No sólo no había aparecido sino que, después de irme, habían faltado otros dos. ¡Cuatreros bastardos!, musité para mis adentros. Cavilaba para qué querría un tío tres paraguas con solera. ¿Será para colección? Pues para Navidad  hay una feria de coleccionismo donde se expondrán las cosas más raras que imaginarte puedas. Pasaré por allí y como vea mi querido paraguas en algún stand que el fulano se prepare. Se lo voy a introducir por el tubo de escape y luego abrirlo dentro del motor para que no se le gripe. ¡Robaparagües!

martes, 22 de noviembre de 2016

RUMIANTES



Extravíos.



La gente pierde las cosas más insospechadas, somos así de olvidadizos. Supongo que recuerdan el caso de la señora que extravió un ojo de cristal en la playa de Luanco. Por tal motivo, hace unos años, Duke le envió una “Carta a una tuerta”, y por una circunstancia similar hoy tiene que hacer lo propio con una persona que se dejó su prótesis dental inferior en un parque candasín. Dicen que es la estrella de los objetos perdidos en el concejo de Carreño y no es de extrañar dado que su dueño o dueña, al igual que la tuerta de Gozón, tuvo que percatarse de la ausencia de la prótesis el menos en el momento de hincarle el diente a un cachopo o ponerse con una  bolsa de pipas. Se volvería loco, o loca, buscando por toda la casa dónde redios se había dejado los piños sin saber que estos inventos también son objetos que tienen cabida, y se custodian, en la oficina de cosas perdidas.
Esto me recuerda aquella parodia de Gila en la que un matrimonio discutía por algún tema doméstico y la esposa descolgó de la pared las astas de un corzo, o asimilado,  y se la tiró a su marido que la esquivó, saliendo por la ventana y yendo a parar a la calle donde un hombre, viendo su procedencia , la recogió, subió a la vivienda, tocó el timbre y dijo al marido que abrió la puerta: “oiga, ¿estos cuernos son suyos?”, “y yo que se”, respondió el airado esposo.
Y hablando de cuernos, en un conocido pueblo langreano ya hace años que un inocente aldeano, de quien todos sus vecinos se burlaban, regresó al lugar después de haber comprado una vaca en el mercado de La Pola. Orgulloso por la adquisición la mostró a sus amigos, uno de los cuales le dijo que el animal era de mala raza y calidad. Desconfiado, nuestro prota, preguntó el por qué, a lo que el burlón le dijo, “pero no ves que no tiene dientes arriba…”, “y, ¿tiene que tenerlos?”, repuso el novato ganadero. “Pues claro, mira el burro cómo los tiene”. Rigurosamente cierto, oigan.

sábado, 19 de noviembre de 2016

CASCABELERA



Una decepción de luna



Desde que los astrofísicos lo anunciaron hace ya unos cuantos días estuve esperando por ella como en mayo se espera al agua. Por fin llegó el día y por poco se me olvida porque andaba por la calle y no notaba nada fuera de lo habitual, pero una vez en casa me acordé y, después de la cena me aposté a la ventana, cámara en ristre, a la espera del fenómeno similar a aquel que había anunciado la Pajín años ha sobre la confluencia de los fenómenos Obama y ZP. La noche estaba despejada y, por fin apareció, llena y redonda como un queso manchego. La verdad que yo esperaba una luna de esas que ocupan el horizonte y, de por sí, iluminan la noche sin necesidad de farolas. A ver si, al menos, por un día veíamos algo en esti pueblu. Pero no, lo que se presentó ante mis ojos fue una luna normal, de infantería. De manera que hice una foto para el recuerdo, cerré la ventana y me dispuse a esperar hasta 2034 que, dicen, volverá a repetirse. Pero verás cómo va a estar nublado.
Lo cierto es que, si en su órbita, es una de las pocas ocasiones en que se acerca a la Tierra más de 40.000 kilómetros, seguro que se olvidó de Langreo. Porque, vamos a ver, dime tú: si te acerquen Australia tanto seguro que no necesitabes dos días pa llegar a Adelaida y hacer escala en Frankfurt, Bangkok y Vega de la Torda, cambiar de avión tres o cuatro veces y to eso del jet lag, y tal. Tocabes Australia con la mano y sin estírate mucho. De manera que, aquí en Sama, la luna lunera cascabelera no creció ná. A no ser que yo sea cortu de vista, que también pué ser. Y, hablando del tema,  dijéi a un amigu hoy por la mañana que aquí, en esti pueblu nuestru, lo único que crecen son les ortigues, los felechos y les teles de araña. Así que, como no pienso ir a vela dentro de dieciocho años, conformeme con ver su majestuosidad sobre la Castellana, la Catedral de León, la ciudad vieja de Jerusalén y la Puerta de Alcalá. ¡Mírala, mírala!