Volviendo sobre lo de la independencia catalana, o la autodeterminación o la soberanía, o lo que diablos pretenda el presidente y el partido que lo sustenta, estamos observando que una cuestión de tanta enjundia desvía nuestra atención hasta el punto de olvidarnos de nuestra difícil situación socioeconómica, de la prima de riesgo y de lo que de cierto e histórico haya tenido el estratosférico salto espacial de Braumgartner. Por cierto, nos parece, que algo similar a lo que quiere hacer Mas: un salto al vacío sin saber si encontrará tierra o vagará eternamente por el espacio. Hasta él mismo se ha olvidado de la situación catalana para -con su huída hacia delante- retar al país entero de forma ciertamente agresiva a llevar la cuestión a las altas esferas de las instituciones judiciales europeas si, por uno u otro medio, se le impide llevar a cabo sus propósitos secesionistas. De manera que mientras que con una mano amenaza, la otra -extendida- pide y reclama del estado que quiere abandonar la viruta que le es tan necesaria para sostener una comunidad con el mayor déficit público del país. ¿Alguien quiere más por menos? Vivir para ver.

Aquí sucede algo distinto. Da la impresión de que somos el resto de los españoles quienes queremos quitarnos de encima a los del cava y la sardana para que dejen de tocarnos los güevos de una puñetera vez. Que Mas da menos que más. Después serán los vascos y los gallegos, y los de Cuturrasu y Les Bories quienes quieran constituirse en miembros independientes de la UE. Precisamente ahora que los ingleses están pensando en salirse. ¡País!
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