sábado, 20 de enero de 2018

QUE LES DEN LA FACTURA



Las ideas de la sanidad.



Hay autonomías en las que se está entregando, o se entregará próximamente -como es el caso de la nuestra (según noticia de este periódico)- una factura “informativa” del coste que ha supuesto para la sanidad pública nuestra visita al médico de cabecera, de la asistencia que recibimos en Urgencias, de la intervención quirúrgica por la que hemos pasado, de nuestra estancia en el hospital o de cualquier gasto que ocasionemos por ponernos enfermos. Lo hacen, o lo van a hacer, con la “sana” intención de que tomemos conciencia de lo que cuesta atendernos, aunque seamos nosotros mismos los que al final pagamos con nuestros impuestos y cotizaciones a esa cosa que se llama Seguridad Social. Y Duke propone que:
Cada vez que el Rey, el Presidente del Gobierno, el Ministro de cualquier ramo, el Secretario de Estado y el Subsecretario, el Presidente de cualquier autonomía, el Consejero, el Diputado, el Senador, el Presidente de la Diputación, el Alcalde, etc., etc., se suba a su coche oficial se le entregue la factura. Que cuando visiten centros de mayores o escolares engalanados especialmente para su visita, que les entreguen la factura. Que cuando asista a fiestas, recepciones y comilonas, de entre la multitud de estos eventos que se organizan por cualquier memez para agasajarles a ellos mismos o a la madre que los parió que les pasen la factura. Que cuando toman trenes, aviones o barcos para ir a Nueva York o a Pola del Tordillo para habitualmente decir tonterías o hacer el ridículo, y van en clase especial, que les endosen la factura. Que cuando tres centenares de alcaldes marchan a Bruselas para jalear a un prófugo de la justicia y el Presidente del Parlament hace lo propio para entrevistarse con él, que les den la factura. ¡Y que la paguen de su bolsillo!
Todo ello, claro está, con la única intención de que “tomen conciencia” de lo que nos cuesta a los ciudadanos mantener tantos cargos públicos

miércoles, 6 de diciembre de 2017

NADERÍAS



El Cupo vasco.

Cansados que estamos del asunto catalán tras unos cuantos meses con la milonga del referéndum y la independencia cuando llegan los vascos y meten al resto del país, Cataluña incluida, en un debate que traerá cola durante las próximas semanas. En realidad no es Euskadi quien suscita el debate, sino el propio gobierno central porque, por aquello de contar con los apoyos que les restan para poder sacar adelante los Presupuestos Generales, han consentido en rebajar las cantidades que esta comunidad paga al estado por la prestación de los servicios correspondientes a las competencias no transmitidas y ello durante cinco años. La nadería de 950 millones de euros. El cupo del que sólo gozan los territorios forales entre los que se encuentra el País Vasco y Navarra, aunque en este caso se le llama “concierto”, pero que tratándose de un desembolso económico de estas comunidades, se les reduce sensiblemente a los primeros para contar con sus votos en Parlamento a la hora de dar vía libre a la norma más importante del año legislativo, lo que añadido a que tienen toda la competencia impositiva, de establecimiento y recaudación, tiene al resto de comunidades autónomas que montan en globo. Hasta a los gallegos, que son de la misma vaina.
Por ello no es de extrañar que hasta el mismo líder de C,s., Albert Rivera, se haya molestado con el ministro Montoro en la sesión plenaria que al efecto se celebró hace quince días, denominando la operación como “El Cuponazo” (que les tocó a los de la txapela), cuando presumiblemente su mismo grupo parlamentario también apoyará los presupuestos. De ahí que la gente siempre afirme aquello de que la política no es más que la ciencia del mete-saca, cuando unos ponen  otros reciben, y viceversa. Pero siempre con los dineros de Juan Español, que es quien pagará este cambio de cromos. Verán como el importe del menguado cupo vasco nos lo sacarán a los ciudadanos de alguna forma.

domingo, 19 de noviembre de 2017

¿QUIÉN,CÓMO, CUÁNDO Y DÓNDE?



Vuelta a empezar.

Al margen del dolor y la consternación que ha producido la inesperada muerte del Fiscal General del Estado, José Manuel Mazas, azote de independentistas, existen foros donde ya empiezan a oírse voces de conspiración, las mismas que una y otra vez buscan el enfrentamiento entre españoles y catalanes y que todos sabemos de dónde proceden. Ello se produce en los mismos días en que la más que posible candidata a la presidencia de la Generalidad por ERC, Marta Rovira, se descuelga ante los medios afirmando que su “marcha atrás” en la efectividad de la República fue debida a las amenazas del Estado de entrar en Cataluña a sangre y fuego. El mismo día en que el presidente depuesto avala desde Bruselas estas declaraciones, y días después de que el rufián en Madrid de los de Junqueras sale de nuevo a hacer el payaso en el Congreso mostrando a sus señorías unas esposas. ¡Pobres payasos!, les acabarán enviando a las colas del INEM.
Y es que estos que se saltaron la legalidad, y ahora penan en prisión merced a la querella del fallecido fiscal, no cesan de emplear su mendaz lenguaje para justificar sus pasadas acciones y mantener la inocencia y la credulidad entre sus adeptos. Lo de la Rovira no tiene nombre. Una acusación de ese calado hay que hacerla en sede parlamentaria, con luz y taquígrafos, con presentación de pruebas rotundas, y también ante los tribunales aclarando los extremos de “quién, cómo, cuándo y dónde”, y de no hacerse de esta forma -como no se ha hecho- pasar por las consecuencias de tales afirmaciones que ya deberían de instarse desde los órganos competentes. Mentir a la opinión pública no debería de resultar gratuito, máxime en una cuestión de tantísima gravedad como pueda serlo una acusación de  amenaza de invasión y guerra, poco más o menos. Los poderes estatales no deberían de quedar parados ante este suceso y la fiscalía tendría que haber iniciado el procedimiento oportuno para que esta radical aclare sus manifestaciones y de no hacerlo con pruebas irrefutables acabar donde su jefe de filas, en prisión.

martes, 7 de noviembre de 2017

TRUMPADAS



Masacres y cretinos.



Resulta más fácil que en los Estados Cabreados de América te den un arma automática de matar, solo con presentar tu cartilla de la seguridad social, que en España te sirvan una caja de paracetamol para el dolor de cabeza sin receta. Ahí tenemos los resultados de la última masacre en una pequeña iglesia de Sutherland Springs, Texas, donde fueron asesinadas veintisiete personas que sólo iban a cumplir con su compromiso religioso. Ancianos, niños, embarazadas, todos los que se cruzaron en la línea de fuego de un loco. Sin olvidarnos de la reciente sangría en las Vegas, Nevada, durante un concierto en el que la gente no iba más que a divertirse. Indiscriminadamente, se trata de matar a todos los que se pueda. Y, cuando los hechos se produjeron, el baranda de ese país llega a Japón en visita oficial y, ya que está cerca, de provocación a los norcoreanos, para afirmar que estos sucesos tienen lugar a causa de los locos que andan sueltos por ahí. Como él.
Desde tiempo inmemorial campa a sus anchas la llamada Asociación Nacional del Rifle de la que fue presidente y miembro destacado Charlton Heston, también conocido como “El Culebras”, uno de los grandes y más poderosos grupos de presión del país, con decenas de miles de asociados y que reivindica la libre tenencia de todo tipo de armas a todo tipo de ciudadanos. Locos, menos locos y mediopensionistas. Y aún criticada su pujanza en el seno de la sociedad americana se hace poco menos que imposible su erradicación o, cuanto menos, atemperar la adquisición de armas mediante exigencias más rígidas y, con ello, evitar muchos de los frecuentes sucesos de este tipo que tienen lugar al otro lado del mar. Se habla de más de 200.000 muertos en los últimos años en atentados multitudinarios como los descritos, tantos como socios tienen los de Moisés. A muerto por socio. De manera que Duke le diría a Trump que deje de decir chorradas que, aunque sobren locos -algo inevitable- , lo que sobran son armas, su venta y la industria que las fabrica. Eso sí es evitable, sólo hace falta voluntad política.

PATAS ARRIBA



El cansancio nacional.



A estas alturas del proceso, cuando se avecina la matanza y se prevé mes y medio de dudas, mentiras y elucubraciones, la peña constitucionalista no sale de su asombro y, si me apuran, se encuentra más confundida que nunca. Se han despejado dudas y han aflorado nuevas interrogantes. Los miembros del Gubern están encarcelados o exilados en libertad provisional, igual que los dos dirigentes de las organizaciones civiles que los sustentan y, con elecciones autonómicas a la vista, desde el mundo soberanista se sugiere la unión de todos para acudir a las urnas unidos como una piña con objeto de obtener una mayoría absoluta. Si esto ocurriera de este modo, y tal y como pretenden, es muy posible que obtuvieran escaño los dieciséis rebeldes investigados en España y Bélgica antes de que fueran juzgados, si se llega a ello. Sin olvidarnos del asunto pendiente de los componentes de la mesa del Parlament, que todo hace pensar que terminará con seis personas más en prisión. Todo un maremágnum de actividad jurídica y política, con recursos a diestro y siniestro, movilizaciones callejeras, manifestaciones en pro y en contra y mensajes en el mismo sentido en campaña y precampaña electorales que se harán desde prisión, por un lado, y en vivo y directo, por otro.
Todo ello nos desborda de tal forma que hasta hemos llegado a pensar que, a través de su rebelión e incumplimiento de todas las leyes habidas y por haber, han llegado a conseguir lo que querían: poner patas arriba a Cataluña, en particular, y a España, en general. Sembrar el caos en el país y contagiarlo al corazón de Europa, en un diseño de estrategia meticulosamente pensado y medido al efecto. Aunque lo que ahora importa es la administración de la comunidad, la aplicación del famoso artículo para que, cuanto menos, en los próximos meses las cosas recuperen parte de la perdida normalidad. Hasta que, pasado el 21-D, estemos de nuevo en el punto de partida o aún peor, si cabe. Termina una historia y comienza otra. La misma.