miércoles, 3 de mayo de 2017

DELATORES

De octubre de 2013.



Haz muy pocos años esti fulanu era jefe comercial de una empresa muy importante de Langreo que, como otres muches que lo fueron, ahora ya no ye porque cerró. Era el encargáu de Ventas, y cuando la empresa peslló convirtiose en encargáu de Compras. Y no ye porque él no vendiese, no, ye que el mi amigu val pa tó, aunque él mismu diga que él nunca vendió ná, que ye que-í lo compraron. Pa encima, aunque no lo creáis, tenía un certificáo de la empresa que decía literalmente “Empleado exento de trabajos manuales”. Yo cuando lu ví quede de paté de fabada sin compangu. Pues ye verdá, tío. Esti fenómeno no tenía ni que coger la pluma estilográfica, la de limpiar el polvo y ni siquiera la de hacer cosquilles. Él sólo se dedicaba a mandar y a que-í comprásemos los colegas de les cuenques. ¡Manda güevos! El casu ye que cuando el otru día ví el certificáo aquel, que por cierto tienlu encuadernáu, dijéi “oye y lo del onanismo entra dentro de la exención ésa”, y el condenáu díjome que él nunca lo había hecho, que-í lo hacíen otros y otres. Dije yo pa mi mismu, “pues aquí tién que haber algo oculto, esti tío si no trabaya ni con manos ni con pies, ni con otra cosa, tién que trabayar con la cabeza. ¡Ya está!, ye un intelectual. Esti dedícase al espionaje industrial o ye de la DEA (Delatores asociados). No me faltaba razón, como saben muchos de los que lu conocen. Y, ahora que no lo ye, presume d’ello. Él ye de donde el Conde. ¡Hay que jodese!
Pero, ¡ay amigu!, to lo bueno se acaba y, aparte de cerrar la empresa, debieron de degradalu y, como os dije antes, ahora ye Jefe de Compras de una empresa mucho más pequeña que la primera. Un negocio familiar que tién montáu con la mandakari, en el que me parez a mí que tién acciones una nieta muy espabiá que echa gasofa al buga con les perres del güelu. Él ye accionista mayoritariu y, como buen encargáu d’eso, ye el que trae y lleva les bolses, además de a la nieta, a les fíes, los yernos y, cómo no, a la máquina de mandar. La verdá ye que no lo haz mal, que va. Pero no se yo si los socios de esa empresa i habrán homologáo el certificáo aquel de la exención. Talmente me parez que no, por eso lu enseña ahora cuando ya non debe valer pa na. Sin embargo tiénme a mí muy mosqueáu lo del otru manual, ya me entendéis. Sí boba, lo del cinco contra uno. Pero ya me enteraré y cuéntovoslo otru día. Seguro que-í saco algo, como ye de allí, de Latores, esti canta. ¡Vaya que si canta!


DAÑOS COLATERALES

De septiembre de 2009.



Mira guaje, cagon to lo que se menea, ya ta bien de tocame les boles. Tate quietu porque vas llevales. Mientras sucede esto, su madre habla por el móvil completamente abstraída, despreocupada del niño. Que si Belén Esteban esto, que si Jesulín lo otro y la Campa lo de más allá. ¿Con quién coño hablará?, con alguna maruja, seguro. O marujo. Pues el caso es que mientras la matrona continúa parlando por el celular el guaje deja de molestar y desaparez del entorno más cercanu. Pasa un buen rato y se oye por megafonía: “Se ha extraviado un niño como de cuatro años. Viste bañador blanco con el escudo del Real Madrid y se llama Cris. Quien acredite ser su cuidador o su familiar puede recogerlo en la torre de salvamento”. Inmediatamente me doy cuenta de que se trata del guaje de los co…, del guaje esi. Y la madre sigue a lo suyo, despellejando a troche y moche. Como no tengo otra cosa que hacer me levanto de mi confortable silla del economato y me dirijo a la torre. Mire vengo a por el niño extraviado, es que su madre está muy ocupada en este momento… Yo se lo llevo. El socorrista me entrega al zagal sin poner impedimento alguno. Le cojo de la mano y cuando llego a la sombrilla vecina veo que la dama parlante ha terminado su particular magazine, y busca a su hijo con una mirada nerviosa. Tome señora, es que el niño se despistó y no sabía volver aquí, le miento piadosamente. La mujer, fuera de sí, me arrebata al pequeño y, acto seguido, le arrea cuatro cachetes en sus tiernas posaderas. Ya te dije que no te alejaras de mí, verás cuando se lo diga a tu padre. Y la pobre criatura se pone a llorar desconsoladamente.
Cabreado, cojo mi silla del eco y me alejo diez metros del lugar donde estaba para apartarme del lugar del siniestro. Pasa media hora y aparece por allí la vil parlanchina para agradecerme el gesto. Descuide señora, no tiene nada que agradecer, pero le recomendaría que, en adelante, fuera más responsable y tuviera a su hijo bajo vigilancia. Ya sabe cómo son los niños, se despistan enseguida y acaban desorientados… ¿Me ha llamado irresponsable?, será usted grosero. ¡Sinvergüenza!, me contesta. Se da media vuelta y se marcha ofendida dejándome encendido, con la palabra en la boca y crucificado con una docena de miradas que parecen acusarme de lo de lo del Guortreicenter. ¡Maldita sea mi suerte! Pliego la dichosa silla del eco, recojo mi toalla y mis chanclas y me voy de allí mascullando “quién me manda a mí meterme a salvapatrias, ya puede perderse la UNICEF entera que no pienso mover un dedo”.
Cuando estoy a punto de llegar a mi coche, me asalta la irresponsable talibán y me espeta: “Oiga usted maleducado, esto no va a quedar así. Ya he hablado con mi marido que es abogado penalista y voy a ponerle una querella que se va a acordar. Por grosero”. Y entonces estallo. Mira patiño, ya te puedes meter a tu abogado por donde te quepa, y le dices a ese marido penalista tuyo que se meta la querella en el mismo sitio. Y a tu hijo Cristiano que cambie de equipo, que en el que está no tien pitu que tocar. A tomar por saco, no te fastidia con la tertuliana. Me meto en el coche y me voy aliviado.
Así es que desde ese día, cuando voy a la playa, procuro alejarme de las mamás con móvil y también de las buenas intenciones de vigilar lo que no es mío. Es más, el otro día una pareja se dirigió a mí para pedirme que echase un vistazo a sus cosas mientras se daban un chapuzón. Cerré los ojos, me quité mis ray-ban y les dije con todo el morro: “Disculpen, soy ciego”.

CORONAS PARA CENAR

De agosto de 2013.

Tengo un amigu que, haz muchos años ya cuando era más joven que ahora y taba tovía trabayando, sufrió un percance muy gordu. Iba pa Nava a hacer una visita de ventas cuando-i dio una linotipia d’eses conduciendo (¿o dizse lipotimia?), desmayose y pegose una hostia como un calderu contra una casa. Lo que se llama una visita a domicilio. Además del coche, rompió veinte o treinta güesos y les gafes, pero d’eso non se acuerda. El casu ye que cuando despertó de los brazos de Morfeo taba en una cama del hospital colgáu po les pates, escayoláu y llenu tirites. Dolíai hasta el campanín. Daba pena velu, al probe.
Cuando se enteraron los colegas y amigos de aquí corrieron la voz de que se había matáo, y no habría sido pa menos. Taba medio muertu, o medio vivu -depende por ónde lu mirases- pero muy jodíu. Lo que pasa ye que como no podía contalo porque no taba allí y a ningún amigu se-i ocurrió visitalu, llegaron a enterase -por alguien que sí lu visitaba porque en una habitación próxima tenía a un pariente- que Fulanu taba mal, pero taba vivu tovía. Sin embargo los amigos, erre que erre, to los días se comunicaben entre ellos que Fulanu había palmáo, hasta que llegaba el otru y lo desmentía. Taben empeñaos en rematalu, de manera que empezaron a hacer una colecta pa comprar flores pal entierru. Cinco duros de aquí, veinte de allá y mil pesetes del generosu. Juntaron un montón de perres que uno d’ellos guardó pa cuando llegase el día fatídicu.
Pasó un tiempu y, pa sorpresa de la tropa, Fulanu recibió el alta y volvió a casa, coxu, llenu tornillos que parecía un mecano, pero sanu, salvu y encabronáu cuando se enteró de que los amigos lu habíen matáo to los días y pa encima no habíen ido a visitalu al hospital. Nadie sabía lo que había pasáo con les perres de la colecta pa les flores. Pensaben que el tesorero había gastáoles en vino, o en algo más erótico.
Después de unos días juntáronse toos en una cena d’eses de escote, pa celebralo. Marisco, cabritu con palatinos, buen vino y unos cacharros, bueno unos cuantos. Y cuando taben metiendo la mano en bolsu pa pagar “la dolorosa”, levantose el tesoreru, sacó un faju billetes y dijo: “Tranquilos, invita el difuntu. Estes son les perres de les corones”. Ye la manera en que celebramos aquí funerales, defunciones y demás familia. Siempre que el muertu pueda asistir, que no decaiga.



CARTA A UNA TUERTA

De agosto de 2013.

Distinguida señora: No se si es usted asturiana o no porque en estos tiempos estivales en la playa de Luanco tanto puede encontrarse a alguien de la tierra como a un madrileño, un bilbaíno o un candasín, por no hablar de muchos langreanos que andan por ahí. Sea de aquí o de allá y con todos mis respetos, permítame que me dirija a usted en mi asturiano, el que hablo con mis amigos y con mi familia, y tantas veces en estas páginas. Mire usté, cuando el otru día oí por lo megafonía que se había perdío en la playa un güeyu de cristal y que si alguien lu encontraba que lu entregase a los de salvamento, quedé medio apijotáu. Porque, vamos a ver, en la playa de Luanco y en to les playes piérdanse muches coses. Relojes, pulseres, anillos… Fíjate tú (voy tuteate, que ye más íntimo), fíjate tú que piérdense hasta los guajes y, aunque también lo anuncien los socorristas esos que siempre anden con trajebañu coloráu, siempre aparecen sin que se monte el pifostio que se armó con esi güeyu tuyu. De hecho yo encontré una vez un guaje que se había perdío porque la madre taba dale que te pego con el móvil y cuando-i lu llevé poco más y méteme el móvil en el espacio intercostal, y el guaje también. Desde entós no volví a la playa. Piérdense muches coses en la playa, sí. Pero un ojo de cristal marrón, pa más señes, no se pierde to los días. Seguro que ye el únicu güeyu que se perdió en una playa mundial en tol verano, y si hubo más seguro que ye el únicu que apareció. Aquí en Asturias somos así de solidarios. Tú pierdes un guaje o un ojo de cristal y ponse to dios a buscalos porque, al fin y al cabu, pa qué quier nadie un neñu o un güeyu que no son d’él. Pa ná, pa devolvelu a su procedencia. Ahora, no se te ocurra perder un Rolex o un bolsu de Carolina Herrera que esos no los encuentra nadie. Créeme amiga, aquí somos muy así. Eses menudencias no nos preocupen un pijo. Si Fulanito perdió el Rolex que se joda y compre otru, sino pa qué quier les perres. Además esí reló ta mejor en la mi muñeca que ye más fuerte, varonil y delicá. Pero un ojo no ye lo mismo, así que tol mundo se puso a buscalu y a escargatar la arena hasta que apareciese, como si llegaben a Australia. Y, evidentemente, apareció y, supongo que, después de la oportuna limpieza y desinfección volvió a su sitio que es donde tenía que estar, no como el Rolex. Por eso te digo que tuviste suerte de perder el güeyu, porque si llegues a perder el reló o el marido igual no te los devuelven. Que hay muches tigreses por les playes. Felicidades y hasta la vista.

Marcelino M. González

martes, 2 de mayo de 2017

GENTILICIOS


Las de Amorebieta.


 Hay noches “horribilis”, de esas que desde el primer sueño las pasas viendo cosas raras y, en muchas ocasiones, absurdas y sin sentido, que no sabes si duermes o estás sólo medio apijotáo, que lo ves todo negro y en negativo, y al final te echas fuera de la cama, aún muerto de sueño, para recobrar la sensatez y ese sentido de lo cotidiano. De manera que nosotros nos damos unos madrugones tremendos, muchos días nos levantamos primero que los gallos. Se te mete una imagen en la quijotera y no eres capaz de espantarla ni volviéndote para la derecha ni la izquierda, ni poniéndote a revés. Horrosroso, créanme. Verbigracia, anoche se nos presentó el dilema de los gentilicios. Las eventuales razones de por qué los de La Felguera quieren llamarse “virusos”, los de Sama “salmerones” y los de Lada “gatos”, cuando deberían de ser todos “langreanos” o, en otro caso, “ladenses, felguerinos y samenses”. Y ¿por qué el gentilicio de Calatayud es “calagurritano”? ¡A ver! Pues en éstas nos levantamos bien temprano y, ya con los pies en tierra y despejados, con el primer café de la mañana me llega un mensaje de una amiga que contesto de inmediato, “Buenos días, Maritxumía, que tengas muy buena jornada”, y ella me contesta enviando un stiker de esos donde salen corazones y todas esas cosas que suelen poner las mujeres. “Oye, a propósito, ¿cómo os llamáis los de Amorebieta?, todos no, en general… Y al rato me contesta que su gentilicio es “Zornotzarras”, por Zornotza que es el nombre en euskera de la ciudad. Duke quedó de paté de bacalao al pil-pil. Nosotros que pensábamos que serían “amorebietigoitigoecotxea”, o algo parecido. Así es que con el descubrimiento hemos llegado a la conclusión de que nunca te levantarás sin saber una cosa más, algo que compensa al otro conocido refrán porque, ahora que ya se nos van muriendo las neuronas y las que quedan nos hacen pasar noches toledanas, no está de más que nos introduzcamos por los senderos de las ciencias ocultas. Por lo pronto ya he comprado un tocho de gentilicios mundanos.