sábado, 19 de junio de 2010

UN ICONO CON FORMA DE PERA


Voz cibernética: “Bienvenido a Telebable. Si desea información sobre nuestros productos pulse “1”. Si se trata de una avería pulse “2”. Si es por otro motivo, por favor, espere”. Espero. De nuevo la misma voz: “Nuestros operadores están todos ocupados. En unos momentos atenderemos su llamada. Manténgase a la espera”. Comienza a sonar una música insulsa y desconocida. Si por lo menos pusieran a Chenoa… Este es el principio de lo que ocurre cuando uno llama al servicio de Atención al Cliente de una de esas compañías suministradoras de servicios que se vale de un ejército de operadoras y operadores clónicos que preguntan más que un sacamuelas y no te sacan del apuro, ni resuelven tus dudas. Es lo que me sucedió cuando, hace unos días, tuve que hacer una reclamación.
Después de esperar dos minutos soportando la dichosa música se pone una chica, en vivo y en directo. “Buenos días, mi nombre es Xiana, ¿en qué puedo ayudarle?”. Le cuento la milonga: que soy cliente de la compañía, que tengo contratado Internet, que he hecho un test de velocidad y que va más lento que el caballo del malo. Me pide mi D.N.I. Se lo doy. Mi nombre y apellidos. Se los doy. “Aguarde un momento por favor”. De nuevo la puta música. “Disculpe por haberle hecho esperar, le paso con los servicios técnicos, buenos días”. Más música y tras otro par de minutos se pone un tío con voz de vicetiple: “Buenos días, mi nombre es Filiberto, ¿en que puedo ayudarle?”. Empiezo a impacientarme y a cabrearme. Vuelvo a contarle lo mismo que a su compañera y vuelve a pedir mis datos personales. “Pero bueno, ¿es que quien me atendió antes no le ha pasado mis datos?, le digo. “Disculpe señor, pero tengo que comprobarlos de nuevo”. Vuelvo a dárselos. “Espere un momento por favor…”. Aparto el teléfono de mi oído y me cago en to lo que se menea. Llevo veinte minutos y estoy como al principio, sin soluciones, con un rebote monumental y con la musiquita martillándome la cocorota. “Disculpe por la espera, ¿me puede decir cuál es su sistema operativo?”. Tengo el Güindous esi, le contesto. “¿Windows Vista o XP? Mira chaval, ¿a mi qué me cuentes?, el güindous joder, ¿o hay más de uno? Y entramos en un diálogo para besugos: Filiberto (sus papis se lucieron con el nombre) que si bla, bla y bla, bla, y yo sin enterame de ná de ná. Al final resulta que tengo el Windows no se qué, y yo sin sabélo. Me orienta en una serie de pasos, que si pica aquí, un clic allá, doble clic en el botón derecho y la madre que lo parió, sin tener ni puta idea de lo que estoy haciendo. “Ahí tiene que salirle este mensaje -tal y tal- y un icono con forma de pera, compruébelo”. Mira rapaz, aquí no salen ni peres, ni melones, y ya tais tocándomelos con tantu clic, tanta pestaña y tantes hosties, así que ye mejor que lo dejemos. Ta luego. Después de más de media hora pa ná, cuelgo enrabietado. Va a ser que lo nuestro no ye la tecnología.
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jueves, 17 de junio de 2010

CANUTO O MACARRÓN


La nacional 634 que comunica Asturias con Galicia y viceversa adolece de prostatismo y le han practicado una resección a lo bestia. Con dinamita, oiga. Resulta que los listos que diseñaron esta carretera no se les ocurre otra cosa que interrumpir el fluvial curso del río Barayo instalando un canuto y un macarrón para drenar las aguas de una parte y pasarlas a la otra. Claro, eso ye más barato que hacer un puente, que ye lo que teníen que haber hecho. Con lo fácil que ye. Mira que yos lo dijeron los paisanos de El Bao, el pueblu más cercanu a la carretera, “facer un puente, que eses tuberíes van a atascase”, y no son ingenieros. Pués nada, ni casu. “Vais decímelo a mí que estudié en la Complutense y soy el expertu. Lo que yo te diga”. Y con lo que yo te diga tiraron hasta que llegó la Gota Fría de junio, mandó el canuto y el macarrón a tomar por saco y armose allí la de dios. Un regatu poco mayor que una mexá causó los mismos efectos que el Ebro o el Amazonas si hubieran pasáo por allí, con les cases sumergíes hasta la chimenea y los paisanos y paisanes de allí tirándose de los pelos y cagándose en to los muertos del ingeniero, la empresa constructora, la administración que la contrató y la madre que lo parió. Eso pasa por encarga-í una carretera a quien no sabe ni hacer una caleya. Ye como si a Duke y a mí, que hacemos mal esta columna, el periódicu nos encarga escribir El Quijote, La Eneida o les aventures del Capitán Trueno. Lo mismo.

Resultado: “¿no quiés taza? Pues toma taza y media”. Tuvieron que volar doscientos metros de carretera para que las aguas acumuladas siguieran con su curso hacia el Cantábrico y, como consecuencia de esa voladura, los conductores que van y vienen, para y desde Galicia, tienen que soportar un rodeo de una hora, o ir y venir por Ponferrada, Torrelavega o Pola del Tordillo. Además, como son los listos de “lo que yo te diga” o “¿vas decímelo a mí?”, al realizar esas obras cortaron un cable de fibra óptica y dejaron sin internet y teléfono a media población del occidente asturiano. Pepe Gotera y Otilio no lo hubieran hecho mejor.

Ahora toca acometer las obras de reparación y reposición de la 634, sin olvidarse de las indemnizaciones oportunas a todos los perjudicados. Parece que lo primero llevará varios meses porque, como en este país pasa lo que no pasa en otros, si cuando hicieron la primitiva carretera se quedaron cortos, ahora cuando la reparen se pasarán de la raya, no lo duden, y harán un puente atirantado como el de San Francisco o el del Corredor del Nalón no sea que el Barayo se desmadre otra vez y les joda la cosecha de fabes de la granja. De todas formas lo primero ha de ser indemnizar a esas personas que han perdido todo lo que tenían y se han quedado en la calle y en la ruina. Primero las personas, luego la puta carretera. Sin canutos ni macarrones.

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VUVUZELAS



Este día 14 ha sido el segundo aniversario de la prematura muerte en tierras valencianas de nuestro querido y llorado José Ángel Piris Dintén. Gracias a LA NUEVA ESPAÑA, un año más, tengo la ocasión de proclamar a los cuatro vientos nuestra eterna y añorada amistad y también enviar un fuerte abrazo y todo nuestro cariño a su familia. Él y vosotros estáis en nuestro corazón.

Estas fechas son también preludio de dos acontecimientos importantes para el país. El final del plazo que el Gobierno dio a Sindicatos y Patronal para llegar a un acuerdo sobre la Reforma Laboral y el debut de la Selección Española en el Mundial de Fútbol sudafricano. A priori son los sucesos más importantes de la semana, concentrados en el día 16. El primero porque, como es de esperar, dará lugar a un nuevo decretazo en el que el Gobierno impondrá sus criterios al respecto que, mucho nos tememos no serán del agrado ni de unos ni de otros ni, por supuesto, de los partidos de la oposición. No en vano, habiéndose conocido ya algunas de las medidas previstas como el coste del despido, partidos como CiU ya lo han calificado como un “churro”. El segundo es de índole más lúdica y, no cabe duda, más esperado por la mayoría de los ciudadanos que siempre lo aguardan con ansia y aún más en esta ocasión en la que los chicos de Del Bosque están que se salen y son los favoritos de la mayoría de la prensa especializada, si es que la hay. Y es que antes de empezar cualquier cosa en este país nos comemos el mundo. Lo que suele decirse de vender la piel del oso antes de cazarlo. Cierto es que desde hace dos o tres años estamos jugando mejor que nadie, pero también es cierto que el año pasado, en el mismo lugar y por estas fechas, perdimos con Estados Unidos un partido que nadie hubiera apostado por perder. De ahí aquel refrán de “en la rula no pregunten, apunten”. Pues eso, lo que hay que hacer es apuntar en el haber, y uno tras otro, los enfrentamientos que nos esperan y hablar a toro pasado. Pasar la primera ronda, y después tener mucho cuidado porque cualquier cruce, cualquier lesión, cualquier colegiado, pueden abocarnos a volver con las orejas gachas y a cumplir una vez más con nuestro “destino en lo universal”.

Se dice que el fútbol “es un juego de once contra once en el que siempre gana Alemania”, y si seguimos todo el campeonato aguantando las vuvuzelas de los coj…, esas trompetas que nos machacan las neuronas y nos levantan un insoportable dolor de cabeza, acabaremos por repudiar el deporte rey, aunque esta vez seamos nosotros quienes ganemos con autoridad y haciéndolo bonito. Alguien en la FIFA debería de prohibir las putas cornetas y condenar a galeras al que las inventó. Mientras no sea así, Duke verá los partidos de España sin voz, acompañados con un nocturno de Chopin.

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ALGUIEN MIENTE


Mi capitán, que vienen los indios, dice el centinela de Fort Spain. ¿Cuántos son?, pregunta el estrellado. Como dos mil uno, mi capitán. ¿Y por qué lo sabes?, vuelve a preguntar. Porque viene uno delante y como dos mil detrás, mi capitán. Cuando se trata de contar mucha gente suceden cosas parecidas a esta, que unos se quedan cortos y otros se pasan tres pueblos. Lo que en realidad cuentan unos y otros son sus propios intereses. Veamos la incidencia y seguimiento de la huelga de funcionarios del martes pasado. Según los convocantes no fueron a trabajar ocho de cada diez funcionarios y según la Secretaría de Estado de la Función Pública solo faltó uno. No dijo si estaba enfermo o es que había sufrido un pinchazo en carretera. Lo que les decía el miércoles, los sindicatos le ponen polvo al asunto y el Gobierno se lo quita. ¿Será posible que alguna vez en este país alguien nos cuente la verdad, sin tapujos? ¿No se dan cuenta de que los españoles ya no se tragan estas milongas? ¿A qué juegan? La verdad solo tiene un camino y ese camino solo tiene una cifra porque “lo que es, es”, independientemente de quien lo mire. Lo cierto es que nos da toda la impresión de que en este caso, por una vez y sin que sirva de precedente, quien ha dicho la verdad, o se ha quedado muy próximo a ella, ha sido el Gobierno. Y es que cuando ya les están quitando un buen pellizco de sus salarios y no hay marcha atrás, porque el Decreto ya ha sido aprobado con complicidad y alevosía, no resulta conveniente para nadie echar más leña al fuego y perder el día de trabajo. Eso es lo que habrán pensado la mayoría de los servidores públicos. Así que todo el mundo a currar que la cosa está muy malita.

Y después de esto, ¿
qué? Después de reunirse Gobierno, Patronal y Sindicatos no han llegado a ningún acuerdo acerca de la ya podrida “Reforma Laboral”, algo que ya huele mal y, según dicen, es la clave para el inicio del crecimiento económico. Lo que haya pasado en esa reunión que han mantenido hasta las seis de la mañana es otro cantar. Porque es que, cuando ya van apurados porque el Gobierno ha amenazado con otro decretazo, a los sindicatos no les interesa el acuerdo porque vienen amenazando con la huelga general y en las manifestaciones del martes se han desgañitado asegurando que la habrá. El acuerdo no les dejaría justificación para convocarla. Por tanto no habrá acuerdo y sí habrá huelga, previsiblemente para el 30 de junio. ¡Hay que joderse! ¿Se creen estos tíos de UGT y CCOO que los quince o veinte millones de españoles que anhelan la llegada de ese día para irse de vacaciones, y olvidarse durante un mes de Zapatero, Sindicatos y la madre que lo parió, van a quedarse ese día sin ir a trabajar y asistir a manifestaciones y otras zarandajas cuando les espera la carretera, el sol y el “yes very well”? Duke está seguro de que no se lo creen y que por eso precisamente la convocarán para ese día, para que pocos o nadie la sigan y para que todo pase desapercibido y puedan seguir diciendo mentiras y chupando del bote. Cinismo en estado puro.

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PRIMER ASALTO


¿Que hay huelga en la construcción?, nada, el país sigue adelante. ¿Que la hay en cualquier otro sector?, todo lo demás seguirá funcionando, algo peor pero funcionará. Otra cosa muy distinta es la huelga que ayer tuvo lugar en este país. Estamos hablando de tres millones de servidores públicos, de la sanidad, de la educación, de la justicia, de la seguridad…, en definitiva, de todo lo que permite moverse a la Administración estatal, autonómica y local. También a la periférica y a las empresas públicas. Una huelga que, de ser haberse seguido de forma mayoritaria, habrá paralizado el país y que, aunque algunos digan que sería el termómetro que mediría el éxito de una futura huelga general, a nuestro modesto entender tendrá más importancia que ésta en lo que a la actividad se refiere. Y creemos que los sindicatos esperan impacientes a su incidencia para decidirse a convocar la general que previsiblemente se hará el 30 de este mes, cuando medio país se va de vacaciones, y lo hacen con la boca pequeña porque no las tienen todas consigo pese a que insistan en la amenaza por las medidas que el gobierno ha tomado con respecto a la economía y por la reforma laboral que acabará imponiendo con otro decretazo, dado que tanto a ellos como a la patronal parece que no les va nada en el tema y llevan negociando, tomando copas o contando chistes, más de dos años sin que hayan avanzado ni medio metro, según cuentan y reconocen amabas partes.

Por fin ha llegado el momento de saber qué es lo que piensan los funcionarios, como personas físicas que son, y cómo piensan que va a afectarles el tijeretazo que han decidido el ejecutivo y sus cómplices de CiU, UPN y Coalición Canaria. Lo de ayer fue el primer asalto. Una reválida en toda regla para la gestión del gobierno socialista y también de las grandes centrales sindicales, y lo fue en un doble sentido, en el de la propia gestión y en el de la legitimidad para seguir representado al país por un lado y a los trabajadores por otro. Es evidente que esa legitimidad la tienen desde el momento en que han sido elegidos y mientras sus electores no digan en las urnas lo contrario, pero la legitimidad para gobernar y representar hay que ganársela día a día con hechos y criterios, cumpliendo las promesas y el programa que les ha llevado en su momento a donde están, y no dando tumbos e inventando medidas para salir del paso. Por tanto la incidencia y el éxito de la huelga de funcionarios de ayer nos dirá hasta qué punto los españoles desaprueban a sus representantes políticos y sindicales y en qué medida se hacen necesarias ya unas elecciones generales.

Ayer tuvimos que posponer nuestras gestiones en Hacienda, en Tráfico, en la Seguridad Social o en la Consejería o el Ayuntamiento de turno. La experiencia nos dice que, casi siempre que han ocurrido cosas similares, las manifestaciones de los responsables de las valoraciones del seguimiento y la incidencia van en el sentido de quitar polvo a la huelga, como ha ocurrido. Sin embargo se nos antoja que en esta ocasión la cuestión es tan importante y perentoria que las cosas se presentarán de una forma bien distinta. Y no es para menos. Nunca, en nuestro recuerdo democrático, el país estuvo en una situación tan grave y se vio tan desnortado y abandonado como en el momento actual. Aunque Duke lo ponga en duda y no nos gusten estas movidas, a lo mejor lo de este martes mereció la pena.