jueves, 17 de junio de 2010

LO QUE HAY DETRÁS


Algo debe de pasar en este país para que en tiempos de crisis el gobierno se dedique a arbitrar medidas para tener al personal entretenido, y no nos referimos en esta ocasión a las medidas económicas (de esas no interesa que se hable) sino a otras disposiciones innecesarias que lo único que consiguen es crispar al ciudadano y acabar con las tradiciones. El jueves pasado se celebró el Corpus Christi en un gran número de ciudades españolas en las que es tradición inmemorial el que los cuerpos del ejército rindan homenaje a la Custodia a su paso en procesión por las calles. Pues bien, el nuevo Reglamento de Honores Militares aprobado recientemente por el Gobierno suprime los honores al Santísimo Sacramento por lo que, aún con la presencia de compañías en formación, en ciudades como Toledo o Granada los asistentes se han quedado con las ganas de ver y oir las solemnes interpretaciones del Himno Nacional o de la Marcha Real por parte de las bandas militares, tradición que se pierde en los anales de la historia y que, ahora, han suprimido de un plumazo no se sabe con qué oscura intención. Primero han logrado prescindir de los crucifijos en los colegios, eso sí con gran polémica, y ahora esto. ¿Hay una persecución por parte del gobierno socialista de todo lo que huela a ceremonias y tradiciones católicas inveteradas? Aviso a navegantes.

Próximas las fiestas de San Pedro en La Felguera y cercanas las de Santiago en Sama, cuando en la primera resultaba ya tradicional la presencia del Regimiento Príncipe acompañando al Santo en procesión por las calles, y en la segunda se inició la misma costumbre el año pasado, y en ambos casos desfilaban un grupo de Gastadores provistos de tambores y cornetines, nos preguntamos si ello será posible este año con el nuevo Reglamento. Cierto es que en esta cuenca, y también en la otra, quedan pocas personas que den importancia a estas costumbres. La verdad es que a la mayoría nos importan muy poco y más bien se conceptúan como una parte más del acto lúdico que supone la fiesta en sí, como también sucede en las olvidadas procesiones de Semana Santa que, en muchos lugares, ya no son más que una atracción turística para los foráneos. Sin embargo hay muchos lugares en este país en que las gentes esperan con ansiedad esas celebraciones que para ellos están cargadas de sentimiento, religiosidad y, sobre todo, de tradición. Señoras con mantilla y peineta que aguardan desde primeras horas de la mañana y en primera fila al paso de la Santa Custodia, acompañada como siempre se hizo de la música militar que en cada sitio corresponda.

Si estas medidas son consecuencia de la aconfesionalidad del Estado proclamada en la Constitución, creemos que no tardarán en suprimir también la figura del capellán, las autoridades eclesiásticas castrenses y también los actos religiosos multitudinarios que tienen lugar cuando se rinde homenaje póstumo a los soldados muertos en servicio, hasta terminar con todo lo que huela a reminiscencias del pasado que interesadamente siempre identifican con los tiempos de la Dictadura. Estos espúrios intereses guardan una intencionalidad maquiavélica y, si alguien no lo impide, conseguirán con el tiempo que a este país no se le conozca ni en su propia casa. Quizás lo que pretendan es ir bajo palio ellos mismos. Eso, San ZP, sus discípulos y discípulas, la cabra de la Legión y la madre que lo parió.

jueves, 3 de junio de 2010

UOU, UOU, UÓ


No soy capaz a quitármela de la cabeza. La oigo hasta en sueños, y que conste que la he escuchado solo un par de veces, pero se me ha pegado de tal forma que me ha ocupado todos los intersticios neuronales. Intento desterrarla de mi cerebro tarareando otras como “Macarena”, el “La, la, la”, o el “Lailo, lailo” y nada, no hay forma. Llevo desde el sábado pasado con ese soniquete que está acabando con mis meninges y ya estoy pensando en acudir al psiquiatra y que me haga un electroshock o una trepanación craneal. Lo que sea. Pero no es solo eso. La tarde del viernes pasado, paseando con Duke por las inmediaciones de la depuradora del río Triana en el parque Dorado de Sama, observo que han cerrado con vallas toda la pradera que la circunvala y han comenzado a mover tierra, hacer rampas de hormigón, calles estrechas con sus respectivos bordillos… Da la sensación de que aún no han terminado de poner cosas. Y me pregunto qué es lo que estarán haciendo ahí, ¿quizás un jardín de gnomos como aquel de Ameli o una pequeña ciudad de hobbits? Quedo pensativo durante todo mi paseo deshojando las posibilidades de aquella obra, mientras en mi cabeza sigue sonando el “uou, uou, uó”. La culpa de esto la tiene el tío ese de la barretina que se empeña en deslucir los espectáculos, sean del tipo que sean. Lo hace en los campos de fútbol, en las canchas de tenis y en el Festival de Eurovisión, todo con tal de hacer el pijo y salir en la tele. Hay que ser subnormal, con perdón para los subnormales. Por su culpa el rizosu tuvo que repetir la canción y condenarme a mí al tamborileo cerebral.

“Algo chiquitito, uou…”. Claro, ya se lo que están haciendo: “Un Mini Golf “, y la caseta de la depuradora la aprovecharán para Club Social, como el Folner de Pola del Tordillo. Hay que joderse, ¿cómo no me habré dado cuenta antes? Lo había leido en estas páginas cuando se dio la relación de las obras que se acometerían con los Fondos “A” o “E” o la madre que los parió. Un Mini Golf para Sama y otro para La Felguera, para que no celen. Entonces no me lo creía, oigan. ¿Cómo coj… van a hacer eso?, decía para mis adentros. Pero resulta que es verdad. Después de idear la colocación de un Mirage F-1 en una glorieta del Langreo Centro y de sembrar de octógonos y pegotes el Parque Dorado, los visionarios del ayuntamiento van a restarle aún más superficie al jardín de Sama, porque, claro, ahí solo podrán entrar los que vayan provistos de palo y pelotas, los “Taiguervuds”, que aquí también los hay. Como si no hubiese praos en Sama, La Felguera y en to Langreo pa hacer eso o un campo de golf de los grandes, con los dieciocho furacos de rigor. Y menos mal que se yos ocurrió eso, que si estrujen un poco más la sesera igual yos da por poner una Mini pista de Saltos de Esquí. Total.

A mi no ye que me disguste, no. Lo que pasa ye que parezme un poco raro. La verdá ye que nunca vimos eso en ningún parque, y mira que los hay grandes. Por ejemplo el Retiro, allí ponen barques pa los enamoraos. ¿Por qué no les ponen en Sama, que también tién estanque?, aunque no tenga patos. O, si no, que pongan un velódromo pa los guajes que anden como llocos en la bici y cualquier día van a llevar por delante a algún paisanín, o paisanina. Si por poner puén ponése muches coses, pero otra cosa ye que les perres hay que gastales con más y mejor criterio, máxime en la situación actual. Tamos nosotros pa palos de golf…

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martes, 1 de junio de 2010

CAÍDA LIBRE


Se dice que, en una caída desde mucha altura, las posibilidades de sobrevivir son las mismas si se cae desde la de un piso 50 que desde la de un avión a 3.000 metros, y sin paracaídas, es decir ninguna. En estas circunstancias intervienen dos factores fundamentales, por un lado el peso del objeto, o de la persona, que cae al vacío y la fuerza con que la tierra le atrae (gravedad), y por otro lado la resistencia que el aire opone a la caída. Esta última depende de la velocidad de caída, así es que cuanto mayor es ésta mayor es la fuerza con la que el aire la frena. En el momento en que la resistencia iguala al peso la fuerza neta es nula y, a partir de aquí, la velocidad se mantiene constante. Es la “velocidad límite o terminal” que puede alcanzarse en una caída desde un cincuenta piso, lo que supone que, desde mayor altura, no se adquiere mayor velocidad.

La pregunta que, entre otras, nos planteamos al igual que millones de ciudadanos de este planeta es si la caída de los sistemas financieros occidentales ha alcanzado su velocidad terminal. Cuando, un día mas, amanecemos con noticias apocalípticas no hace falta ser un Keynes para pronosticar las negras expectativas de futuro inmediato. Parece que la VT aún no se ha alcanzado y queda tiempo de caída.

Tras el anuncio del tijeretazo hecho en el Congreso el mes pasado por el Presidente del Gobierno ya se han dado manifestaciones espontáneas contra la reducción y posterior congelación de los salarios de los empleados públicos, y mucho nos tememos que esto solo sea el principio de una movilización social sin precedentes conocidos en las últimas décadas. Es lo que se desprende de las manifestaciones efectuadas por los líderes de los sindicatos mayoritarios después de reunirse con Zapatero. Lo cierto es que muy posiblemente nadie esperaba la adopción de unas medidas de ajuste tan drásticas y de tanto calado social. No lo esperaban ni la oposición, ni los agentes sociales, ni siquiera el propio gobierno, y no han sido improvisadas en tan pocos días por el ejecutivo, sino que han venido específicamente impuestas desde Bruselas y Berlín para someter la rebeldía y la tozudez de Zapatero que persistía en seguir sumergido en su paraíso particular, en su país de las maravillas. El caso es que inmediatamente después de anunciarse el fin de la recesión y el inicio del crecimiento en un 0,1 % del PIB, después de negar insistentemente, y muy ofendidos, la equiparación de nuestra situación con la de Grecia, después de haber prometido solemnemente en sede parlamentaria que nunca se tocarían los logros sociales y después de la reunión del ECOFIN del 8 y 9 de mayo, se da marcha atrás y se adoptan unas medidas que colocan a la ciudadanía en una situación de desamparo y de temor al futuro como no se conocían en todo el transcurso democrático del país. Es cierto, en este momento los españoles no saben a qué aferrarse, no saben qué creer y en quién confiar. ¿Qué medidas más se tomarán en un futuro próximo?

Uno de los muchos corolarios de la célebre Ley de Murphy dice que “cualquier solución entraña nuevos problemas” y eso es lo que nos tememos con respecto a los diversos planes de rescate o de “salvación” de las economías occidentales. Se teme que queden cortos (dentro de poco se necesitará mas dinero), se teme que sirvan para volver a la especulación y no a asegurar la economía y se teme, en definitiva, que sirva para seguir engordando a los de siempre, a los “violadores del mundo”. Pero como nada es tan malo nunca que no pueda empeorar, hemos alcanzado la V.T. hace tiempo pero seguimos en caída libre, si bien presentimos que, dado el talante de nuestro Primer Ministro, cuando estemos a punto de estrellarnos contra el suelo, a tan solo un metro, nos diga: “Esto está chupao, lo saltamos nosotros”.

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MANUEL ALVAREZ DIAZ, el niño con zapatos nuevos


A finales de abril se celebró su Memorial. Como todos los años desde hace trece, militares y montañeros de toda la geografía española acudieron a Sama para recordar al Teniente Manuel Alvarez del Grupo Militar de Alta Montaña, destinado en Jaca y fallecido en las laderas del Gasherbrum I del Himalaya paquistaní. Unos días después de terminado el Memorial me reuní con la familia en su domicilio de Sama para intentar conocerle algo más a fondo. Con sus padres, hermano y tía mantuve una conversación entrañable, muchas veces salpicada por las lágrimas, de cuyo contenido paso a darles cuenta.

SU JUVENTUD Y SU BICICLETA
Había nacido su hermana cuando, teniendo catorce meses, se fue a vivir con su abuelo a Valdesoto. Allí permaneció hasta que empezó al colegio y falleció su hermana con seis años. Siendo nieto y sobrino primogénito tuvo una permanente relación con aquella casa de su abuelo y sus tíos. Su tía Marga (Titina) que además era su madrina, entre lágrimas, me cuenta que era un niño que se prestaba más a la confidencia con ella porque, al no ser su madre, era más permisiva y protectora -más alcahueta, según dice- y, ya desde entonces, mantuvo con él una relación muy estrecha. Era una persona de carácter desde niño, con las ideas claras y siempre seguro de lo que tenía que hacer. No era hablador y siempre fue muy austero. No necesitaba grandes juguetes, jugaba con las chapas de los refrescos para hacer equipos de ciclismo. Todo el día trabajaba con los cristales. Nunca tuvo caprichos salvo, siendo ya adolescente, lo que resultaba evidente: una bicicleta. Quería ser ciclista, fue siempre su asignatura pendiente. Sus padres no estaban por la labor pero se la prometieron cuando aprobase el COU, de forma que cuando lo hizo y no vio satisfecha su expectativa se fue a trabajar con los albañiles y se la compró él mismo. El día que la estrenó su felicidad era total (véase la foto). Pero tenía que estudiar y, a instancias de su padre -no por vocación-, comenzó derecho. Mientras tanto hacía deporte frenéticamente con su bici, pese a la preocupación de sus padres que temían que, por su temeridad, le fuera a ocurrir algo. Un día su abuelo le siguió en su coche mientras subía el puerto de Pajares y cuando volvió contó que no había levantado el culo del sillín hasta llegar arriba. Era pura fibra, dice su hermano. Habría llegado a ser una figura del ciclismo. Sin embargo Titina está segura de que hubiera llegado a ser figura en cualquier cosa. Su autodisciplina y su tesón eran impresionantes. El día que decidió dejar de estudiar derecho no le hubiera movido ni un ejército.

LA RADIO, CANADÁ O EL EJÉRCITO
Estaba convencido de que no servía para estar detrás de la mesa de un despacho. Su espíritu deportista y aventurero le impulsaba a otras empresas, así es que había decidido ingresar en el ejército pero temía que sus padres no se lo permitieran. Por entonces Don Eladio Miranda, director de Radio Cadena en Sama, se había fijado en él y le había ofrecido entrar en la radio, de hecho ya había aprobado algún curso al efecto (solo lo sabía Titina), de forma que era la salida que tenía prevista si sus padres no le permitían ser militar. Con lo que ganase en la radio pensaba irse a Canadá a cortar árboles. Su madre afirma que claro que iría, y cuenta que él nuca pedía dinero para nada e insiste en su austeridad, dormía en un banco del parque si era necesario. Ingresó en la Academia de Suboficiales y cuando se graduó sus padres, que habían asistido al acto militar, querían traerlo a casa pero, bajo un sol de justicia, se quedó provisto de petate en la carretera haciendo autostop para irse a escalar. Tirado en una cuneta, cuenta su madre llorando. En pocos años había hecho un curso para mando en la Unidad de Operaciones Especiales (COE), duro donde los haya, e ingresó en los Boinas Verdes. Salió Teniente en la VII Promoción de la Academia Especial Militar y terminó cursos de Buceo de Asalto, Paracaidismo y Superior de montaña, pasando a formar parte del grupo militar de Alta Montaña con sede en Jaca (Huesca). Tuvo cinco destinos distintos entre los que cabe destacar el Regimiento Príncipe nº 3 en Siero y, por supuesto, el último en Jaca y fue condecorado en dos ocasiones con la Cruz al Mérito Militar con distintivo Blanco

SU PASIÓN: LA MONTAÑA
Las primeras referencias sobre sus escaladas en los Picos de Europa son de 1979, con su ascensión al Naranjo de Bulnes por su vía Sur. Los Picos siempre representaron para él su escuela de escalada por excelencia. Tiene más de cien ascensiones, sin repetir, a cimas de más de 2.500 metros de altitud, entre ellos la travesía de los cuatro miles del Mont Blanc, el Monte Tahat (Argelia) o el Aneto. Cuenta también con más de cuarenta travesías con esquís, sin repetir, de al menos una jornada en los Picos de Europa, Candanchú o la Bonaigua. El exponente más claro de su nivel técnico viene reflejado en las más de ochenta escaladas de Alta Montaña, sin repetir, entre las que destacan varías vías del Naranjo de Bulnes o las caras norte del Cervino y del Eiger. En 1993 participó en la Expedición Internacional al Pico Chogolisa de 7.654 metros en la cordillera del Karakorum y dos años más tarde, en el Antártico, bajo unas condiciones meteorológicas adversas, asciende al monte Vinson, el más alto del continente (4.680 m.), donde un alud estuvo a punto de sepultarle.

“LO QUE ME PREOCUPA NO ES SUBIR, SINO VOLVER”
Ricardo Martínez Llorca, autor del libro “El precio de ser pájaro”, define a Manolo como “un hombre viril y algo miope, de rostro mansamente tallado con cuchillo. Luce un peinado de galán de cine de los años cincuenta…”. Sería en 1996 cuando con el Grupo Militar de Alta Montaña participa en la Expedición al Gasherbrum I en la cordillera del Karakorum del Himalaya paquistaní (las Montañas de la Luz). El grueso de la expedición tardó ocho días en alcanzar los 5.100 m. para emplazar su campo base. Con un tiempo de perros se dedicaron a fijar los campos I y II donde solo pudieron instalar 200 metros de cuerdas fijas. El pronóstico anuncia al menos veinticuatro horas de tiempo decente y deciden que ya es hora de poner pies en lo más alto. Un grupo mixto formado por el Comandante Alfonso Juez, el Teniente Manuel Alvarez y los montañeros Iñaki Otxoa y Juan Tomás emprende la marcha. “Lo que me preocupa no es subir -se le oye decir a Manolo antes de calzarse los crampones-, sino volver". En el campo I, cuando se disponen a descansar, Alfonso se pone enfermo y les dice que no podrá ponerse en marcha al día siguiente, así que deciden que sean Iñaki y Juan quienes prosigan la ascensión y ataquen la cumbre. Veinticuatro horas más tarde Alfonso se recupera y continúan hasta el campo II, al tiempo que los otros montañeros instalan el III, una pequeña tienda que apenas molesta en la inmensidad blanca de una pendiente lisa como el cristal rodeada por gigantescos muros de roca, campo al que llegan Manolo y Alfonso al día siguiente, justo cuando coronan sus compañeros. “A las once de la noche del día siguiente, serán Alfonso y Manolo los que partan del campamento III hacia la cima, relevándose a la hora de abrir huella con una compenetración muda y de metrónomo. Al amanecer pueden apagar sus linternas frontales. Un sol sin potencia les infunde confianza. A las diez de la mañana, la misma hora en que los otros dos compañeros alcanzan el campamento base tras un descenso vertiginoso, tocan el cielo de la cumbre. Desde abajo se habla con ellos. Manolo confiesa encontrarse tan contento como un niño con zapatos nuevos. En ese momento la versión más humana de la felicidad es una euforia semejante a la borrachera. Sus amigos del campamento base les indican que descansen un tanto, si el viento se lo permite, y comiencen el descenso” (sic). Inician el descenso con Manolo delante, abriendo huella, convencido de que su seguridad depende de la rapidez con que bajen cuando se levanta una ventisca endemoniada y Alfonso pierde de vista a su compañero hasta que en un claro, entre la polvareda blanca, ve a Manolo más abajo del lugar donde él calculaba que debía estar. Ha sufrido un accidente. Lo encuentra encogido en posición fetal en torno al piolet que ha clavado en la nieve a modo de seguro y se queja entre dientes de un suplicio que se agarra a sus cervicales. Tras unas horas de un insufrible descenso, Alfonso logra introducir su cuerpo en la tienda del campo III, donde le quita la ropa y los crampones, le introduce en el saco de dormir y le suministra un calmante. Inmediatamente avisa al campo base pidiendo ayuda pero el mal tiempo impide durante seis días que el grupo de rescate acuda en su ayuda. Manolo pide a Alfonso que le deje allí y descienda, lo mismo le dicen desde abajo, pero el comandante no abandona ni por un segundo a su compañero malherido. El día 17 de julio hay una leve mejoría del tiempo y se deciden a bajar mientras el grupo de rescate asciende en su ayuda. Cuando les avistaron, cuenta uno de los militares del grupo, “Manolo y Alfonso estaban rapelando y a punto de llegar a una reunión, les grité para infundirles ánimos pero creo que no me oyeron; estaría a escasos 20 metros de ellos”. En ese momento una cuerda en malas condiciones se rompe y manolo cae arrastrando a su compañero con él. Alfonso logra aferrarse pero Manolo no corre la misma suerte y yace sin vida entre la nieve.

HOMENAJES PÓSTUMOS
“Manolo era el mejor de nosotros, el más técnico, el más fuerte. Y además era una persona que respiraba tranquilidad por los cuatro costados; como compañero de cordada suyo, te sentías seguro. Si antes de ir al Gasherblum me hubieran preguntado quién de nosotros podría hacer cima, habría contestado que él sin lugar a dudas. Si me hubieran hecho escribir en un papel quién podría sufrir un accidente, a él no le habría incluido en la lista” (sic), dice el capitán Alberto Ayora en su libro “Gestión del Riesgo”. Y eso es lo mismo que piensa su familia, “con Manolo uno estaba tranquilo. Comunicaba sosiego y seguridad”. Allí mismo, donde había encontrado la muerte, sus compañeros de cordada le hicieron los honores militares y le dejaron para siempre, como él quería, en una grieta de las que pueblan el collado del Gasherblum.
Años más tarde el GMAM invitó a su esposa, Carmela, y a su hijo, Manolín, a repetir la ruta que Manolo había hecho con el Grupo en 1996. Y acompañados de una escolta militar volaron a Paquistán y visitaron todos y cada uno de los lugares donde había estado el Teniente. En Islamabad, la capital, fueron recibidos en la Embajada Española, donde se rindió homenaje a Manolo y donde luce una placa en su honor dedicada por sus compañeros de Regimiento. Visitaron la cordillera del Karakorum y, a lo lejos, desde el glaciar donde había estado el campamento base, Carmela y Manolín pudieron ver el lugar donde su esposo y padre reposa para la eternidad. Su espíritu emprendedor y aventurero permanece entre sus compañeros de montaña y militares, y entre su familia. Todos juntos le recuerdan y homenajean cada año en el Memorial que se celebra en Sama por primavera.

No debo de terminar sin antes dar mi agradecimiento a la familia de Manolo Alvarez, sus padres Santa y Manuel, su hermano Nacho y su tía Margarita (Titina), por haberme recibido en su casa y haberme documentado verbal y gráficamente acerca de su figura. De igual forma, aunque indirectamente, quiero dar las gracias al por entonces Capitán Alberto Ayora y a Ricardo Martínez Llorca, autores de los libros reseñados, por haberme apropiado de alguno de sus pasajes que me han ayudado a relatar con fidelidad la última parte de esta historia de sacrificio, tesón y coraje. Gracias a todos.

EL SIGNIFICADO DE LA ABSTENCIÓN


Esto de no estar de acuerdo en una iniciativa y luego abstenerse cuando se procede a su votación da mucho que pensar. En el caso de las abstenciones habidas el pasado jueves en el Congreso de los Diputados caben diversas interpretaciones. La primera concierne a Coalición Canaria y a unión del Pueblo Navarro que, siendo contrarios al Decretazo, con su abstención consienten en su aprobación para mantener sus prebendas. La segunda que incumbe a CiU tiene más lecturas. Si tenemos en cuenta que la no convalidación del Decreto hubiera supuesto su tramitación como Proyecto de Ley, con las previsibles enmiendas y el consiguiente retraso de su entrada en vigor, que ello habría ocasionado una mayor desconfianza en los mercados y que posiblemente nos situaría en una posición similar a la de Grecia, si tenemos en cuanta estas premisas podemos entender que Durán i Lleida ha adoptado una posición inteligente, pero más lo hubiera sido el votar a favor para no correr el riesgo de que uno de los tres diputados de los otros dos partidos lo hubiera hecho en contra. Por tanto no creemos que ese haya sido el motivo de la abstención. Más bien creemos que los convergentes temían que, de votar en contra, serían obligadas unas elecciones que previsiblemente coincidirían con las catalanas. Sin embargo el hecho de haber adelantado su negativa a aprobar los próximos presupuestos, avisando de esta forma al Presidente de que vaya preparando la convocatoria adelantada para finales de año, denota claramente que CiU da por amortizado a Zapatero, al igual que el resto de las fuerzas parlamentarias, incluyendo a muchos de los suyos.

Por otro lado estaba cantado de que iba a pasar lo que pasó, pero de todas formas los aparatos de los partidos se pusieron en marcha y, de forma frenética, avisaron a los suyos por SMS, mail, teléfono y señales de humo para que no dejaran de asistir a la cita parlamentaria. Pese a ello hubo dos convergentes que se retrasaron y tenían al presidente en un sin vivir. ¿Qué hubiera pasado si no llegan a la votación? Muy sencillo, sus compañeros hubieran votado a favor del decreto y asunto solucionado. Otra cosa habría sido el contenido del discurso de su jefe, Durán i Lleida. Igual hasta le habría entrado la risa. Y es que, hasta donde alcanza nuestra memoria democrática, estos catalanes tienen al país cogido por los mismísimos. Todo depende de ellos, da igual que gobierne la izquierda que la derecha o que no gobierne nadie, como es el caso. Ellos se acomodan con diez míseros escaños, exigen, votan, se abstienen y, al final, siempre llevan su gato al agua.

Por eso, en el caso que nos ocupa, la interpretación correcta de su abstención no es otra que su propio interés. España les importa un carajo con tal de de que ellos tengan lo que desean, y para ello tienen al mejor parlamentario del hemiciclo. Parece que el resto de ellos no ha aprendido nada durante tantos años de tocarse las pelotas. Pero no se engañen, su corrección, compostura, cordialidad y dote para la oratoria esconde una maldad solo interesada en el País Catalá. ¿En qué lugar habrá un tío así dentro de los partidos nacionales, un hombre u hombra, perdón fémina, que prescindiendo de su poltrona e intereses personales se dé a su país como si fuera lo último que fuera a hacer en su vida? Como no lo busquen en Pola del Tordillo…

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