jueves, 4 de febrero de 2010

CORTINA DE HUMO


Lo de estos señores que nos gobiernan cada vez nos parece más grave. No han visto venir la crisis que, cuando ya estaba encima, la llamaron desaceleración; después dijeron que nuestro país era el mejor preparado en la Unión Europea para combatirla; más tarde que comenzaríamos a salir de ella en el segundo semestre de 2009 y ahora lo cifran en el segundo de 2010. Hemos llegado a un punto en que, mientras otros países comienzan a salir a flote, España se hunde cada día un poco más hasta el punto de que Europa ya nos conceptúa como el socio molesto, el apestado, el que nadie quiere como compañero de viaje. Nos lo viene diciendo desde hace tiempo el Comisario Almunia, el Banco de España, y hasta el propio Duke lo ha dicho en alguna ocasión. Ni caso. La cuestión es que, cuando no se han enterado de nada hasta que el lobo se nos tragó, pronostican mejorías que no llegan y prometen cumplimientos que no saben si serán posibles. Y en esta empanada mental que les embarga, resulta que ahora saben que, a largo plazo, la descompensación de la población trabajadora que cotiza con la jubilada que cobra su pensión será tal que no habrá manteca para todos, de forma que toca trabajar y cotizar unos años más. Listos que son ellos.

Duke se pregunta si han pensado en qué tasa de paro estaremos en 2013 cuando empiecen a aplicar esa medida porque, tal y como vamos, seguro que habremos superado los cinco millones de desempleados. En esa eventual coyuntura, si se posterga la edad de jubilación el acceso de los jóvenes y de los desempleados a un puesto de trabajo será aún más difícil que ahora, que no es poco. Se han olvidado del modelo alemán que preconizaban hace meses y, ante la bronca de la UE y el descrédito mundial, sacan de la chistera esta brillante idea para que la tropa tenga de qué hablar durante un tiempo. Eso sí, por el contrario afirmaron y afirman que la salud de la seguridad social es total y, en consecuencia, garantizan las pensiones del futuro. ¿En qué quedamos?

No nos creemos absolutamente nada de lo que dice este gobierno. Es más, hasta dudamos que ellos mismos se crean lo que dicen, pronostican y prometen. De forma que, cuando el barco está a la deriva y toda en Europa nos señala con el dedo, no está de más enviar algún mensaje de distracción que derive la atención de la ciudadanía hacia el futuro, cuando lo acuciante es el presente. Ciertamente una cortina de humo de este calado distrae las preocupaciones y hace mirar hacía otro lado, de tal manera que los españoles no veamos que, entre la incapacidad e ineptitud de unos, el pasotismo de otros y la quietud de todos, vamos camino al desastre, si no hemos llegado ya a él. Mientras tanto en de la sonrisa complaciente y cejas puntiagudas, está desaparecido en combate. Como diría el tristemente desaparecido Sabino Fernández Campo, “ni está, ni se le espera”. Ahora que preside la UE y va a solucionar sus problemas, a España que le den. Bruselas primero, Etiopía después, nuevamente Bruselas, Washington… y Pola del Tordillo. Está en todos los sitios menos donde tiene que estar, como pueda ser en Barcelona para asistir a los funerales del soldado hispano-colombiano muerto en Afganistán en acción de guerra -no nos confundamos-, por ejemplo.

Las recientes palabras del ex presidente Aznar “nunca nadie ha hecho tanto daño a este país en tan poco tiempo” pueden resultar premonitorias. La historia lo dirá. De todas formas, vamos camino de que se vean confirmadas sin que pase mucho tiempo. Así es que, ante la incierta o nula posibilidad de una reedición de aquellos Pactos de la Moncloa, se ve necesario que la ciudadanía se manifieste en las urnas ya, no sea que esa confluencia astral que profetizaba Doña Leire vaya a provocar un cataclismo de grandes dimensiones que nos mande a todos a tomar por saco.

lunes, 1 de febrero de 2010

EN EL RECUERDO: FERNANDO FERNANDEZ, Maestro de Judo



"Saberlo todo y creer que no sabemos nada, esta es la verdadera sabiduría. No saber nada y creer que lo sabemos todo, este es el mal común de los humanos. Considerar este mal como un mal, preserva de él. El sabio está exento de fatuidad, porque teme la fatuidad. Este temor lo preserva de ella." Lao Tse.

FERNANDO FERNÁNDEZ, Maestro de Judo

Fue en noviembre pasado cuando conocí al Maestro. Se entregaban en La Felguera los premios Delfos del deporte y fue a recogerlo casi arrastrado por toda su familia porque la cruel enfermedad que padecía desde hacía algún tiempo le tenía tan debilitado que casi no podía valerse por sí mismo. Fue Enrique Castro “Quini” -que recientemente había pasado por algo similar-, quien le arropó y con todo el cariño, el que un gran corazón es capaz de dar a otro gran corazón, le acompañó en el escenario durante la celebración del acto. Supe de su fallecimiento el mismo día en que le enterraron. No podía pasar desapercibido ese calificativo de “Maestro” que tan acertadamente su familia decidió poner en la esquela. Porque Fernando Fernández Fernández fue Maestro de maestros, todo un ejemplo para la juventud de hoy, y también para todos nosotros.

Empezó cuando apenas tenía diez años y, un día, el que sería su maestro, el señor Caso, le empujó a empezar a “jugar” a esto -como él decía-. Era huérfano y ya había estado interno en algún colegio. Empezó a trabajar muy joven y en sus ratos libres iba a entrenar. Para ello tenía que arrojar por la ventana su kimono, a escondidas de su madre, para ir al gimnasio de Sotrondio que convirtió, tras la muerte del maestro Caso, en el mejor Club de España (1.971) y, hoy día, en un verdadero santuario del judo nacional. En la actualidad era responsable de seis seleccionadores y del judo escolar federativo. Además de en Sotrondio, impartía sus clases en el Polideportivo municipal de Langreo, en Oviedo, y allá donde le requerían; él decía que no podía negarse a ello. Así mismo era árbitro nacional y, siendo sexto Dan, estaba en posesión de la medalla al Mérito Deportivo, la única concedida en Asturias hasta la fecha. Fue preceptor de dos de sus hijos, uno de los cuales, Fernando, continuará el camino que su padre le marcó y del que el destino le apartó prematuramente. En ese humilde espacio al lado de la Estación de FEVE, que es el Gimnasio de Sotrondio, me recibe su hijo Fernando y en una oficina repleta de trofeos, fotos y recuerdos de su padre, y presidida por el Kimono del Maestro (como puede apreciarse en la foto) charlamos durante un buen rato, no sin que en varias ocasiones la emoción le embargase y alguna lágrima recorriese su recia mejilla.

EL GIMNASIO DE SOTRONDIO Y LOS NIÑOS. Cuenta Fernando que su padre vivía por y para el gimnasio y los niños. Él mismo estuvo con su padre desde los trece años hasta que murió. Tenía un carácter muy fuerte, gritaba y jaleaba los entrenamientos. Les decía cosas que si hoy las digo yo me denuncian, pero los críos lo tenían asumido. No querían otro maestro. Tenía un pronto que le llegaba con la misma facilidad que se le iba. Lo daba todo y hacía por los chavales lo inimaginable. Ese carácter lo tenía para con todo el mundo, hasta para con los miembros de la federación. Recordaba a todos sus discípulos por poco tiempo que hubieran permanecido con él, y todos, sin excepción, le recordaban y, aún pasados los años, le saludaban con respeto por la calle. Fernando se pasaba horas y horas en el gimnasio, daba igual que nevara o que fuera sábado o domingo. En muchas ocasiones los domingos despertaba a su hijo a las ocho de la mañana para ir a limpiar o a arreglar cualquier cosa, o a practicar judo. Sacó a muchos de la calle e inculcó entre su juventud el amor por el deporte, fuera cual fuese -no le daba importancia cuál eligieran-, solo quería formar personas. Y en ello estaba con su nieto Asier de cuatro años, hijo de Fernando, cuando la muerte le sorprendió.

EL SACRIFICIO Y LA DISCIPLINA. Empezó a trabajar en el Pozo Venturo con 16 años como maquinista y, más tarde en Maria Luisa -donde se jubiló- como artillero. Nunca tuvo vacaciones pues su tiempo libre siempre lo dedicó a realizar cursos (de entrenador regional y nacional, y otros muchos) o a viajar a competiciones por toda España o a cuidar de su gimnasio. Para ello, en alguna ocasión, tuvo que pedir días de permiso a cuenta con objeto de viajar u obtener algún título. Sin embargo nunca estuvo de baja laboral. Refiere su hijo que en una ocasión fue a trabajar con una costilla rota, sufriendo durante días intensos dolores por ello.

En su vida cotidiana era como cualquier otro, en ocasiones despistado. En cambio, en lo tocante al trabajo y al deporte era muy disciplinado. Insistente, cuadriculado dice su hijo, daba igual que fuese un alumno, un político o un federativo. Cuando algo se le ponía entre ceja y ceja no paraba hasta que lo conseguía. Tenía fe en lo que hacía y nunca se relajó en esos aspectos.

LAS OTRAS COSAS. Al margen del judo, los niños y su gimnasio, los cursos, la competición y su trabajo en la mina, Fernando también tenía vida social, aunque no lo parezca. Veraneaba en Tapia unos días al año y allí tenía su tertulia de tute. Encajaba rápidamente en los sitios a donde iba y todo el mundo le reconocía y apreciaba. Iba de vez en cuando a Colombres, donde desde hace cuatro años trabaja su hijo Fernando, y allí era conocido por todos. Mucha gente vino a su funeral. Muchos ramos y coronas llenaron la iglesia de Sotrondio. Muchas personas lloraron, tirios y troyanos, socialistas y populares. Tan solo tenía 61 años, eso sí, llenos, colmados de ilusión, acción y genio.

Su hijo nunca llegó a saber de sus inclinaciones políticas, aunque dice que se las imagina. Él nunca se manifestó. A los políticos los trataba con el mismo carácter que trató a todos. Daba lo igual ser popular o socialista, ugetista o comisionero. Él lo era. Si hablaba con ellos por cuestiones profesionales, conseguía sus propósitos y asunto liquidado. Pero nunca pasó a nadie la mano por la espalda. No se metía en nada que no fuera de su deportiva o laboral incumbencia. Conocía a todo el mundo, no era chismoso ni maledicente y siempre iba a su rollo. Así era en la calle, en su casa y en el gimnasio. Activo, emprendedor y campechano.

LOS RECUERDOS. Previamente a las competiciones hablaban de judo hasta altas horas de la madrugada y se marchaban sin dormir. Cuenta su hijo que el carácter de uno y otro, muy parecidos, les hacía chocar continuamente. Tenían abundantes enfrentamientos por diversas cuestiones, pues no en vano fue quien más horas pasó con él. Broncas, que dice Fernando. Sin embargo nunca fueron a acostarse enfadados y sin haber hecho las paces.

Le pregunto a Ferni (como le llamaba su padre), aunque aún sea prematuro, sobre el recuerdo más imborrable que atesora de su padre y, tras pensarlo un rato y con lágrimas en los ojos, me cuenta que cuando él tenía 18 años, tras una fuerte discusión con su padre, se había calentado tanto que se fue de casa. Después de unos días volvió a élla convencido de que, dado el carácter de su padre, le “mataría”. Me estaba esperando cuando entré en casa, me dio un abrazo y me dijo “no vuelvas a hacerlo más”, “cualquier cosa que te suceda me la cuentas, cualquier problema que tengas me lo dices”. Nunca más volvió a hablarse de la cuestión, fue lo que más me marcó, concluye con los ojos inundados.

LA DELGADA LINEA ROJA. Quise estar con algunos de sus discípulos, muchos de ellos ya veteranos, Cinturones Negro y, sobre todo amigos, aprovechando que Ferni y, previamente Geli, me lo habían sugerido. Justamente hace una semana de la muerte de su padre y en el Polideportivo de La Felguera, Fernando asiste a un entrenamiento con siete judokas experimentados, algunos de más de cuarenta años de edad. Les dice el motivo de por qué estoy allí y, todos, me allanan el camino y me hablan del Maestro. Sin más preámbulos, Miguel Angel toma la palabra: “Es difícil separar a Fernando persona de Fernando maestro. Es algo muy sutil. Para obtener nuestro cinturón negro entrenamos durante un año con él, cuando nos había dicho que era muy fácil. El reconocimiento llegó sin problemas, casi sin darnos cuenta. Uno no se daba cuenta que estaba aprendiendo, y sin embargo era así. Fernando era padre, maestro, compañero y amigo. Esa sutileza solo puede darse en alguien que sea un gran profesional y una gran persona. Es muy complicado ser amigo y profesor. Es difícil”. Juan Ignacio (Cachupa para los amigos) conocía al maestro desde hace seis años y dice que le llamaba la atención su trato con los críos. Tan pronto les gritaba como estaba dándoles caricias. Incluso sus compañeros de sauna, no de judo, le echan de menos. Dejó una falta muy grande. Fernando tenía “algo”, era un Gran Maestro. Iván cuenta que tenía un concepto muy siciliano de los de él. Intentaba siempre que mejorase. Me animaba a los cursos para entrenador, insistía en mi progreso. Los suyos era los suyos y, además, intocables. Fernando no pasaba desapercibido en ningún sitio. Rudy Laruta es boliviano y tiene cincuenta años. Dice que es una satisfacción por partida doble, porque él combinaba el sustrato filosófico de la práctica del judo con la amistad. Ver el judo de una manera seria, pero también como una diversión. Yo lo voy a extrañar mucho.

Pueden decirse más cosas sobre Fernando Fernández, el Maestro, pero en el pequeño espacio del que disponemos no vamos a hacer más comentarios. Su currículo, sus amigos, sus desvelos y la multitud de personas que asistieron a su funeral hablan por sí solos.

Gracias a Enrique Blanco de Cuencas Mineras Televisión, a Juan León Quirós y a Geli de los “Delfos”, a los discípulos de Fernando en el Poli de La Felguera y, sobre todo, a su hijo “Ferni” por haber hecho posible que haya sentido al Maestro en propia piel, como si le conociera de toda la vida. Sin haberle conocido.

sábado, 30 de enero de 2010

TRENES, AVIONES Y BARCOS


Para que vean los de afuera que en este pueblo somos modernos. Ahora que parece que, por fin, vamos a tener Metro, dicho con más propiedad “Suburbano”, vamos a ir mucho más allá y, con el tiempo y una caña, dispondremos de un avión cedido por el ejército del aire al Círculo Aeronáutico Jesús Fernández Duro de La Felguera. Como no tienen cochera dónde metélu y tampoco lu van a dejar aparcáu en cualquier sitiu, estos del Círculo hablaron con la Alcaldesa y, por lo que se ve, acordaron ponélu en una glorieta del futuru nuevu Boulevar sobre el soterramiento de FEVE. No paguen y de pasu adorna. Resulta que no tenemos donde aparcar nuestros coches ni pagando y ahora van a destinar más de 150 metros cuadrados de espacio público para poner un avión que no vuela. Porque el Mirage F-1 esi, mide 15,30 metros de largo por 8,40 de ancho y, claro, pa aparcálu necesítase una glorieta que, por lo menos, mida 16 metros de diámetro. Mucha glorieta nos parez esa, vamos digo yo. Pero bueno, como doctores tiene la Santa Madre Iglesia, estos señores del Círculo Aeronáutico y la señora Alcaldesa -que de esto saben más que Duke y yo- estarán preparaos y sabrán lo que hacen con el dichosu avión. Porque ye que tampoco van a daílu a la Policía Municipal pa que apatrulle la ciudad, no creo yo que tengan ningún agente con gorra de platu que disponga del carné pa pilotar un parato así.

De manera que el día en que se inaugure el soterramiento, el boulevar, la glorieta, y se traiga el avión pa ponélu en élla, esti publu va a ser un espectáculo de la hostia. Solo el trailer que tienen que usar va a tener más ruedes que la casa Michelín en stok. A no ser que lu manden desmontáu, como en los fascículos. Lo que pasa ye que, después, ¿quién lu monta? No creo que sean los del Ayuntamientu porque, no saben hacer un parque, ¿van a saber montar un Mirage? Así que tendrán que armálu los del Círculo con ayuda de algún mecánicu de por aquí. Esperemos que nos yos sobren pieces.

Esti mundo avanza que ye un primor, y Langreo con él. Cuando aún no hace muchos años se inauguraba en La Felguera el monumento al ilustre dibujante Alfonso Iglesias (del que estos días se conmemoran los cien años de su nacimiento) obra del artista felguerino Iglesias -también- Luelmo y conocido como “El Madreñogiro” que el ingenio de Alfonso hizo consistir en una simbiosis entre una madreña y un autogiro; cuando esta obra es de las más características de nuestra ciudad, por original, decorativa y visitada, ahora (d.m.) llega el avión esi que va a concitar les miraes y visites de to les gentes de aquí y de fuera, en perjuiciu de lo nuestro. El problema va a ser que no va a poder vése desde el tren porque, claro, va a ir por bajo, que ye por donde tienen que ir los trenes.

A nosotros no nos parece mal la idea. Qué va. De hecho creo que hemos dado con el filón para resucitar esta cuenca, siempre basándonos en el “I + D + i”, que es lo que se lleva ahora. Museos y monumentos, y cuanto mas grandes mejor, eso es. Pero también instalaciones deportivas como un Centro Hípico o un Campo de Golf, ¿por qué no? Y ahora que lo pensamos, debería de constituirse también un Club Náutico e ir haciendo gestiones con algún almirante amigu de la Armada Española para ver si tienen algún portaaviones o alguna fragata en excedencia y nos la ceden. Con el precedente ya creado, hablaríamos con Esther para que gestione con la Confederación Hidrográfica la construcción de un malecón pa amarrarlu en el Nalón a su paso por Sama o Lada.. Y si no, ponémoslu en otra glorieta. Por glorietes que no quede. Además podíemos matar dos pájaros de un tiru: traemos el avión subíu en el barcu. La Chacón, que ye la baranda de esto y la que paga, seguro que nos lo agradéz ¿Que Duke ye un desmesuráu? Anda que ellos…

sábado, 23 de enero de 2010

JAQUECAS


Una mañana de hace dos semanas me levanté con un dolor de cabeza insoportable. Me molestaba el mínimo ruido. Tomé un par de analgésicos y como si nada. Así estuve hasta que, a medio día, decidí ir a ver a mi médico de cabecera. El médico de cabecera es ése que ausculta, toma la tensión y las pulsaciones, te manda abrir la boca, sacar la lengua y decir “aaaa…” mientras te introduce el palo de un polo en la boca, para al final darte unos papeles para que te saquen la sangre y volver en una semana a saber los resultados. En fin, no es que sea el médico de la cabeza –no se confundan-, sino que es ése que, diez días después de que fuiste a consultarle, cuando ve las analíticas te dice que tienes altos los triglicéridos, las transaminasas, el colesterol, el ácido úrico, el desoxirribonucléico y la madre que lo parió. Que tienes que hacer ejercicio, ponerte a dieta de tó, dejar de fumar y de beber, y volver dentro de seis meses. Ési ye el médicu de cabecera, oiga. Total, que eso fue lo que me pasó a mí: miróme, dióme los papeles esos pa sacar la sangre y mandóme volver la próxima semana. ¿Y del dolor de cabeza qué?, le pregunté. Ya le pasará, tome aspirina y procure no alterarse. Eso va a ser estrés, me contestó. Con cara de pijo, le pregunto si eso va a verlo en la analítica. Usted hágala y ya hablaremos, sentenció.

Así lo hice y cuando, después de unos días, volví a consulta, mientras el doctor buscaba los resultados me preguntó por el dolor de cabeza. Ni me acordaba de él. Pasó en el día, le dije. Bueno, pues esto está todo bien. Tiene algo alto el azúcar, pero bien. Procure comer menos dulces. ¿Y el estrés?, le pregunto. Eso no es nada, lo que pasa es que usted piensa demasiado. Le sigo en La Nueva España. Tiene que darle muchas vueltas a la cabeza para llegar a las conclusiones que llega. Después le duele, claro. Ese Duke va a acabar con usted. De manera que relájese, salga más a pasear y piense menos. El tío me espetó todo eso sin anestesia. Pero doctor, si yo cuando paseo es cuando pienso, y escribiendo me relajo… Nada, el ejercicio es bueno para la salud física y mental. Por cierto, ¿cómo no escribe un día sobre lo de las jubilaciones forzadas…? y bla, bla, bla… Me tuvo allí más de media hora contándome sus problemas y los de sus colegas de profesión. De nuevo, comenzó a dolerme la cabeza.

Fue en ese preciso instante cuando me di cuenta de que mis eventuales jaquecas provenían de soportar las palizas de ciertos personajes que de vez en cuando te dan un mitin, y de que Duke no tiene nada que ver con mis dolores. Y así es, no tengo nada que ver con el estrés. Lo que pasa es que, en ocasiones, uno tiene que escuchar pacientemente peroratas y milongas interminables que ni te van ni te vienen -es más, no te importan un carajo- , que si el reuma, la hija y el yerno, que si la hipoteca, que si ZP y RJ, las pensiones la caleya del pueblu y la música en Pravia, y todo eso lo aguantas por cortesía hacia el conferenciante que, dicho sea de paso, no tiene la misma reciprocidad para contigo. Después alguno te dice que a lo mejor te está aburriendo. Y tú contestas, que va, sigue, sigue…, estoy interesadísimo en saber cómo termina lo tuyo con el Ayuntamiento, cuando tienes a alguien esperándote o lo que quieres es estar solo con Duke y pasar de historias para no dormir.

Es por eso que prefiero contar mis cosas por escrito, porque quienes me leen no lo hacen por cortesía. Si llega un momento en que les doy la vara, pasan página y se ponen a leer a Millás -que, además de tener el Planeta, ye como más cool (que diz la Lomana)-, y punto pelota. Por ello estoy convencido de que Duke no provoca dolores de cabeza a nadie. Salvo a mí, según la prescripción facultativa de mi querido “doctor Mateo” que, todavía ayer, me llamó por teléfono para recordarme lo del artículo de marras. ¡No te jode, con los médicos de cabecera estos! Ya sabes, Falo.

miércoles, 20 de enero de 2010

HAITÍ, 12-E


Las desgracias siempre se ceban con los más pobres, con los repudiados por la fortuna y la justicia. Haití fue el segundo país del continente americano -después de Estados Unidos- en adquirir la independencia en 1804, y es recordada en los anales de la historia por ser el primer caso en que los esclavizados abolieron el sistema esclavista de forma autónoma y perdurable en el tiempo, sentando un precedente definitivo para el fin de la esclavitud en el mundo. Sin embargo es un país que, a lo largo de su historia, nunca ha mantenido una mínima estabilidad política. Desde la ocupación militar norteamericana entre los años 1915 y 1934 y el infausto mandato de la saga de los Duvalier (Papá Doc y Nené Doc) entre los años 57 y 86, se sucedieron innumerables presidencias, siempre terminadas por deposiciones o golpes de estado, entre los que cabe destacar el de Jean-Bertrand Aristide, depuesto y exilado en 2004. Impera la religión católica y una minoría protestante que es la más influyente del país, ambas marcadas por el vudú, de procedencia africana, que también es practicado como única religión por un sector importante de la población. En un territorio poco más de dos veces Asturias, compartido con la República Dominicana, y con una población que ronda los nueve millones de habitantes es el país más pobre del continente y uno de los más pobres del mundo. Y en esta situación de pobreza, creencias exotéricas y vaivenes políticos, les sacude la gran tragedia del terremoto acaecido el pasado día 12.

A día de hoy se desconoce la verdadera magnitud de la catástrofe. Se habla de cincuenta mil, cien mil muertos, quizás más. ¿Quién sabe?, porque con una organización administrativa donde el censo resulta dudoso e irreal es harto difícil constatar la población de Puerto Príncipe, la capital afectada por el seísmo, y cifrar el número de muertos cuando no se sabe a cuántos se está enterrando en fosas comunes, y ni siquiera lo que se hará con los que se amontonan y se pudren en las calles de la capital, cuyo número también se desconoce. Si a ello unimos los que aún permanecen bajo los escombros, los heridos que, a falta de medios sanitarios, no resistirán la situación, la hambruna que empieza ya a hacer mella en la población y a provocar saqueos y linchamientos y, por último, las eventuales epidemias que se producirán sin duda, todos concluiremos en que la situación se convierte en insoportable. Solo la ayuda internacional puede paliar las terribles consecuencias de una de las tragedias más impresionantes de los últimos años. Pero esa ayuda, que está llegando con cuentagotas, no debe de consistir únicamente en alimentos, ropas, medicinas, técnicos, sanitarios, etc. etc., que no es poco, sino que con ella debe de llegar una ayuda organizativa que administre todo ello y que confeccione y gestione la actividad tendente a la reconstrucción y gobierno del país. Por ello creemos que es necesaria la inminente convocatoria de una conferencia internacional auspiciada por Naciones Unidas de donde surjan acuerdos multilaterales para someter al país a un Protectorado. Al igual que no pueden valerse por sí mismos para hacer frente a la catástrofe y a sus terribles consecuencias, tampoco podrán gobernarse sin la ayuda internacional.

Y una cuestión importantísima. Recordando la tragedia de las Torres Gemelas de Nueva York, todos hemos podido observar que en los reportajes del suceso que nos sirvieron todos los medios, en ningún momento, se ha ofrecido el suceso en toda su magnitud porque las imágenes de los muertos fueron censuradas, secuestradas o, en cualquier caso, evitadas. A nadie de los que sobrevivieron, ni a los que fueron espectadores, gustaría ver en las televisiones los cadáveres de algún familiar, conocido o compatriota, arrastrados por una pala o amontonados en la calle. Los muertos haitianos tienen la misma dignidad, y así deberían de ser tratados. Por favor, no alimenten el morbo y eviten esas dantescas imágenes.