COSAS DE DUKE
PLAY-OFF
Viendo lo que hay fuera, aquí somos unos caballeros
Abel mató a Caín, de verdá. Lo que yo vos diga. Lo que pasa
ye que el escribó aquel pasaje del Testamento más vieyu era amigu del primeru y
púsolo al revés pa que pasase a la posteridá, que ye ahora, más o menos. Y es
que todo depende del color del cristal con el que se ven o se miran las cosas
o, lo que es igual, los intereses de quienes las miran para luego contárnoslas.
Imagináos que, allá por el primero de septiembre de 1939, los polacos hubieran
invadido Alemania, inaugurando de esta forma la II Guerra, y que Adolfo no fue
más que un caudillo que, al igual que Don Pelayo “El Nuestru”, expulsó a las
hordas polacas de Germania, para más tarde devolverles la invasión y, de pasu,
seguir con to lo de al lao menos lo nuestro.
Pues resulta que algo tan desmesurado e irreal como lo que
acaban de leer, lo leyeron esta mañana en toda Extremadura por virtud de la
excelsa pluma del enviado a Langreo para hacer crónica del partido de Playoff
entre los nuestros y los romanos, como ellos mismos se autodenominan. Rodrigo
Morán escribe para el diario “Hoy” de Badajoz cosas como que los aficionados
romanos evitaron un primer encontronazo con los radicales ultras del Langreo;
que fueron recibidos con bengalas, botellas, bates, etc., etc.; y que en un
partido de alto riesgo las fuerzas de seguridad poco menos que no estaban allí.
Pues mira, Rodri, amigu: allí sí estaba Duke, y lo vio todo. Sobre las cinco de
la tarde en que empezaron a llegar los autocares romanos tomábamos café a
escasos veinte metros de la entrada al Estadio, para de paso ver el enorme
ambiente que empezaba a formarse. A los cinco minutos aparecieron en el lugar
dos o tres docenas de siniestros personajes con camisetas negras y embozados
arrojando piedras, botellas, bengalas y todo lo que tenían a mano contra
aficionados del Unión Popular que estaban a la espera de entrar en Ganzábal y,
de alguna forma, no tuvieron otra alternativa que repeler como pudieron la
provocadora agresión. Y se armó la de Júpiter, macho. Yo no se si estabas allí,
parece que no: o formabas parte del grupo, parece que sí. Y a eso le llamas un
“esperpento”, desconociendo seguramente de dónde procede la expresión
Valleinclanesca. Lo que pasa es que si llegas a contar lo que ocurrió en la
realidad igual te corren a gorrazos o te expulsan de la tierra de la bellota.
Y, que conste, lo de Abel no fue una quijada, fué un jamón de pata negra.