
Decíamos en aquel artículo que lo que el prócer hacía convocando estos comicios, tan solo dos años después de los anteriores que le dieron la presidencia, era “dar un salto al vacío -como Baumagartner- sin saber si encontraría tierra o vagaría eternamente por el espacio” y, en gran medida, a la vista de los resultados de la consulta electoral de este domingo, no íbamos nada descaminados. Al Honorable Mas le ha salido el tiro por el culete, es decir, ha sido el auténtico y único protagonista de “La Gran Cagada”, ¿o alguien opina lo contrario? Emulando al gran Eastwood ha querido ser productor, director, actor principal de esta historia independentista, con banda sonora incluida, y lo que ha conseguido es una aceptable asistenta de público, que ha salido de la sala con una crítica furibunda. La historia vuelve a repetirse. Como en el reciente caso astur, cuando A. Cascos convocó elecciones un año después de las anteriores, para llevarse el gran batacazo, el catalán hace lo mismo con idéntico resultado. Yo diría que aún peor. Los electores soberanistas han optado por dar su confianza a una agrupación independentista más asentada históricamente y, desde luego, más radical que esa idea descafeinada producto de una pata
leta por un desaire de Rajoy y por una desafortunada interpretación de la gran concentración de la Díada.

Ahora el dilema está en formar gobierno. No creemos que los convergentes lo hagan con los independentistas de ERC porque ambos son como el agua y el aceite. Que no convergen, vamos. Nos parece más plausible que lo hagan con los otros fracasados, los del PSC de Pere Navarro, para que de esta forma hablemos más de “Federalismo”. Que dios nos pille confesados. Los experimentos se hacen con gaseosa.
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